Las escritoras fronterizas han utilizado la poesía como un medio de denuncia y crítica, no sólo hacia los responsables del asesinato sistémico de miles de mujeres, sino también hacia la indiferencia y apatía de la población.

Los siguientes textos rompen los silencios y mantienen la memoria, con rostro y nombre, de aquellas que han sido “laceradas hasta después de su muerte”.

Por Amalia Rodríguez

Ciudad Juárez, Chihuahua, 7 de diciembre (JuaritosLiterario).- El pasado 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional para la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres con la finalidad de concientizar y prevenir todo tipo de actos violentos contra el género femenino.

En un contexto como el de nuestro país o, específicamente, el de Ciudad Juárez, donde la tasa de feminicidios aumenta día con día, hablar, sensibilizar y reflexionar en torno a esta problemática resulta necesario, incluso urgente. Para hacerlo existen diversas plataformas y perspectivas; la literaria es una de ellas.

Hacia finales del siglo pasado, Arminé Arjona y Micaela Solís utilizaron la poesía como un medio de denuncia y crítica no solo hacia los responsables directos del asesinato sistémico de cientos de féminas en nuestra frontera, sino también hacia la indiferencia y apatía que la comunidad detentaba.

Otro de los textos pioneros respecto a esto se titula El silencio que la voz de todas quiebra (1999), una intercalación entre lo literario, periodístico y sociológico, que surgió de “la impotencia y la frustración” de un grupo de escritoras fronterizas ante la falta de humanidad y dignidad con que se trataba a las “muertas de Juárez” (término que solo rectifica lo planteado por las autoras) y sus familiares.

El libro se configura como uno de los de mayor influencia respecto a dicho tema; pues, aunque han pasado dos décadas, la situación continúa igual, solo cambian los rostros y nombres de las víctimas. Para demostrar lo anterior, en las siguientes líneas me interesa abordar Mujeres de arena, una obra que retoma esbozos de lo trazado y narrado por las integrantes de S Taller, y lo lleva a escena.

Mujeres de Arena se estrenó el 25 de noviembre del 2002 y publicó en el 2009 bajo el sello editorial Los Textos de la Capilla. Como su autor figura Humberto Robles; no obstante, los Testimonios de Mujeres en Ciudad Juárez se componen a partir de textos escritos por Antonio Cerezo Contreras, Denise Dresser, Malú García Andrade, María Hope, Eugenia Muñoz, Marisela Ortiz, Servando Pineda y Juan Ríos Cantú.

Según los datos proporcionados por el blog de la pieza, esta, una de las tantas que abordan el tema del feminicidio desde principios del milenio, es la más representada y traducida en el mundo. A través de diez escenas, cuatro actrices y un actor representan la realidad y el sufrimiento vivido por cientos de víctimas. Ellas le prestan voz a las asesinadas, a sus madres, hijas, hermanas, amigas; él ofrece datos duros y contextualiza las historias.

Similar a El silencio que la voz de todas quiebra, la obra apuesta, amén de la variación de autoría, por un conglomerado de géneros, tipo collage: drama, poesía, ensayo, noticias, cartas, diarios, anuncios publicitarios, etc. Esto para recrear, en la mayoría de los cuadros, la existencia de algunas de las jóvenes a quienes les arrancaron sus sueños.

Es decir, igual que en el libro de 1999, se intercalan estadísticas y análisis sociales con historias de vida escritas a partir de pláticas y entrevistas con familiares. Aquí resulta importante señalar que Mujeres de arena es el producto de la relación que Robles entabló con el grupo Nuestras Hijas de Regreso a Casa:

“La idea de la obra surgió al ver a las madres y familiares de las víctimas del feminicidio dando pláticas y conferencias sobre el tema; ellas y ellos se sientan tras una mesa y comienzan a dar sus testimonios, así como a informar, denunciar y proporcionar datos sobre estos asesinatos.”

Marisela Ortiz, cofundadora de la organización, y Malú García Andrade, hermana de Lilia Alejandra García asesinada en el 2001, redactaron algunos de los fragmentos de la obra. Ahora bien, así como la estructura, los temas y algunas palabras también coinciden entre ambas publicaciones.

Por ejemplo, el inicio de El silencio… pertenece a Patricia Cabrera, quien hace referencia a la geografía de nuestra ciudad. Por su parte, la primera escena de Mujeres de arena comienza de la siguiente manera: “Mujer 1: El que no ha estado en el desierto no sabe lo que es la nada. Mujer 2: Nada es voltear a los cuatro puntos cardinales y encontrar precisamente eso: Nada. Mujer 3: El desierto es un mar inmenso de arena, de arena y polvo. Mujer 4: Y hay un silencio que no se rompe con nada”. La escena 8 se titula “¿Cuántas muertas son muchas?”, pregunta con la que Adriana Candia cierra unos de los apartados del capítulo “Causas y valores en juego. El discurso oficial”.

Así como estas, aparecen varias similitudes más. No obstante, si bien no se señala en ninguna parte de la pieza teatral la mención de las referencias utilizadas por Robles, Mujeres de arena ha mantenido vigente y universal uno de los propósitos de El silencio…: “acercarse tanto al drama humano de las mujeres asesinadas como a esa realidad de la que todos somos responsables”.

Aunado a esto, también cabe destacar que el involucrar de forma directa a las familias y allegados de las víctimas, revitaliza el compromiso del ámbito literario y dramático como una herramienta para encausar críticas y denuncias respecto a temas tan apremiantes como el feminicidio y todo tipo de violencia de género.

El 25 de noviembre, así como cada 25 de todos los meses, y en realidad todos los días, tenemos que recordar que la violencia contras las mujeres no debe tolerarse. Necesitamos visibilizar la infinidad de problemáticas concernientes a esto, romper los silencios que se nos imponen y, sobre todo, mantener la memoria, con voz, rostro y nombre, de aquellas que han sido “laceradas hasta después de su muerte”.

En este sentido, la literatura y dramaturgia contienen un papel fundamental. Ojalá los textos arriba mencionados pierdan vigencia pronto; mientras tanto, hablar de y a partir de ellos resulta una tarea de suma valía y pertinencia.