Julian Assange. Foto: Matt Dunham, AP

A inicios de esta semana, el Tribunal británico Old Bailey rechazó extraditar a Julian Assange a Estados Unidos de América (EUA), noticia que causó sorpresa, quizá no mayor a la que generó el Presidente López Obrador al instruir que se ofreciera asilo diplomático al cofundador de Wikileaks. El mandatario mexicano además puntualizó que solicitaría al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, se hicieran gestiones ante el Reino Unido para que dejar en libertad a Assange para así poder recibir la protección diplomática de nuestro país. ¿Esto no representaría una intromisión en los asuntos internos de un país?

Si tomamos con literalidad las palabras de López Obrador se podría interpretar que está ordenando se violen los principios Constitucionales de política exterior sobre la no intervención en asuntos internos de otros países y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, el propio mandatario ha solicitado que no se tome a pie juntillas todo lo que sostiene en sus conferencias de prensa, ya que algunas veces habla con pasión, de corazón y con posibles lagunas de información. Evidentemente la cancillería de Ebrard no pedirá a Reino Unido la liberación de Assange, se tendrá que acercar no oficialmente a aquel país, así como al personaje australiano y sus abogados para plantear la disposición de México de dar asilo político y explicar el procedimiento a seguir. Sobre todo, porque el Gobierno no puede ofrecer asilo diplomático y refugio, como si fuera un acto hospitalario, éstos se solicitan por el extranjero al estado mexicano, de acuerdo con la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político.

Precisamente, el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos es otro de los principios de política exterior establecidos en el artículo 89, fracción X de la Constitución, por lo que la idea de fondo del Presidente, más allá de la falta de pulcritud de su declaración en términos técnicos y diplomáticos, no contraviene los principios en la materia. De hecho, el objetivo de política exterior del Presidente ha sido regresar al apego de estos principios constitucionales, los cuales en ocasiones son un traje de fuerza del que Marcelo Ebrard ha podido moldear para hacer operante la política exterior del país.

En este sentido, he sostenido en otros textos que, mediante la nueva política de asilo diplomático, Ebrard ha logrado relajar la tensión que normalmente existe entre los principios diplomáticos de no intervención y respeto a la autodeterminación con el de protección y promoción de los derechos humanos. El Gobierno mexicano ha otorgado asilo político, protección internacional y refugio a más de 20 perseguidos políticos, sin distinción de posturas políticas, es decir, tanto de derecha como de izquierda. Según datos de cancillería, en el sexenio anterior no se otorgó ningún asilo diplomático, por lo que es notorio el cambio de política en la materia, en lo que bien podría ser el corolario Ebrard de política exterior y derechos humanos. Este es uno de los ejemplos en cómo el canciller ha logrado implementar un rol activo y con agenda de México al exterior sin contravenir, aparentemente, el corte diplomático del Presidente de mayor pasividad y mirar hacia adentro.

Por otro lado, el Presidente celebró el fallo en favor de Assange y felicitó a Gran Bretaña, lo que entraña una crítica a la persecución de EUA sobre el líder de WikiLeaks. Ofrecerle asilo de la forma en que el tabasqueño lo hizo no es sino otro mensaje duro a la nueva Administración encabezada por Biden. Este nuevo embate se le suma la reunión con Trump en Washington; la ley recién aprobada en México referente a los agentes extranjeros en el país y; el anuncio de la agenda de México en el Consejo de Seguridad de la ONU, enfocada en el combate al tráfico ilícito de armas.

Es de celebrarse que la política exterior nacional regrese a una línea lo más autónoma respecto EUA, aunque aún queda por ver si México seguirá controlando los flujos migratorios de Centroamérica como prácticamente lo obligó el Gobierno de Trump. Sin embargo, cabe preguntarse si es oportuna esta dureza incesante del Gobierno de Obrador ante la llegada de un nuevo mandatario en aquel país. Luce poco estratégica esta andanada ante el vecino del norte con quién indiscutiblemente se tiene una interdependencia estructural, sobre todo en materia económica.

En suma, la idea de recibir a Julian Assange en México (las embajadas gozan de extraterritorialidad), por un lado, reforzaría la nueva política de asilo diplomático y colocaría a nuestro país en la órbita mundial como un estado protector de los derechos humanos; por el otro, tensaría aún más la relación México-EUA en nueva era Biden de manera innecesaria. La moneda está en el aire y antes de que caiga al suelo seguramente la cancillería de Ebrard ya le habrá ganado al azar.