Detrás del falso gurú, hubo un grupo de personas que lo apoyaron, y buena parte eran mexicanos; el hijo de un ex Presidente y la hija de un gran empresario de medios, entre ellos. Este libro presenta a los personajes involucrados y cómo se fue construyendo un mito en torno al supuesto líder, quien terminó siendo un estafador y un depredador sexual.

Keith Raniere,  juzgado en Nueva York en 2019, aseguró por años ante sus fieles ser el hombre más inteligente y ético del mundo. Aunque nunca probó ninguno de estos atributos, lo que sí probó es su gran capacidad de manipulación, y una inteligencia feroz para construir una red criminal de increíble éxito económico a través de NXIVM, su empresa/secta.

Ciudad de México, 10 de abril (SinEmbargo).- Entre mayo y junio de 2019, se juzgó en Nueva York a Keith Raniere, por un cúmulo de delitos como lavado de dinero, esclavitud sexual y extorsión. El falso gurú de la autoayuda aseguró por años ante sus fieles ser el hombre más inteligente y ético del mundo, aunque nunca demostró ninguno de estos atributos. Lo que sí probó es su gran capacidad de manipulación, y una inteligencia feroz para construir una red criminal de increíble éxito económico a través de NXIVM, su empresa/secta.

Detrás de él hubo un grupo de personas que lo apoyaron, y dentro de esta estructura buena parte eran mexicanos. Entre ellos estaban el hijo de un ex Presidente y la hija de un gran empresario de medios de México. Estas páginas se adentran en las historias de los personajes involucrados y muestra las razones, los intereses y las formas en que la telaraña se fue construyendo en torno a la locura del supuesto líder, que terminó siendo un estafador y sobre todo un depredador sexual.

A continuación, SinEmbargo comparte, en exclusiva para sus lectores, un fragmento de NXIVM. La secta que sedujo al poder en México, una investigación del periodista Juan Alberto Vázquez, quien desde el 2017 acude a las cortes a cubrir casos de criminales célebres, cuyos pormenores reporta para medios impresos, digitales y electrónicos en México, Colombia y Estados Unidos. Cortesía otorgada bajo el permiso de Grijalbo.

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Prólogo
De sectas y cultos

El inglés medieval, en alguna variante de su época, comenzó a usar en el siglo xiv la palabra secta, que desde el latín tiene una connotación religiosa, como un cuerpo eclesiástico organizado, pero también se refería a una facción con una forma específica de vida poco ortodoxa. Secte y secta se convirtieron en sect para distinguir a un culto percibido a menudo como extremista, de acuerdo con el diccionario Merriam-Webster, mientras que en español la tercera acepción de la Real Academia define, a partir del latín también, una “comunidad cerrada que promueve o aparenta promover fines de carácter espiritual, en la que los maestros ejercen un poder absoluto sobre los adeptos”.

De cultos y sectas algo sabe Estados Unidos, donde incluso figuras de alto perfil público son seducidas por falsos profetas con una característica en común: son maestros de la manipulación, lo que les permite ampliar de forma exponencial sus filas con gente dispuesta a ser parte de una comunidad fuera de lo común, a la que aportan sus distintas habilidades. De la cienciología a los davidianos, pasando por la familia victimada de Sharon Tate, la tradición exhibe un crisol de barbaridades y abusos cometidos en nombre de sujetos particulares: L. Ron Hubbard, David Koresh, Charles Manson…

Estos personajes ejercen una fascinación descomunal en el imaginario. Nadie puede poner en duda que sus historias son extraordinarias en el sentido de poseer una alta dosis de circunstancias insólitas, tantas como las que rodean a los asesinos seriales, en los que esa nación es pródiga también, y basta recordar el magnetismo de uno célebre a la fecha como Ted Bundy, un auténtico rockstar entre esas trastornadas mentes asesinas. La combinación de novedad, interés público, oportunidad y atención general hace de estos sujetos un banquete periodístico, y los medios, por eso, no pueden ser ajenos a ellos.

Ese factor reunió en el verano de 2019 a decenas de periodistas en la Corte Federal del Distrito Este de Nueva York, donde fue enjuiciado Keith Raniere, el gurú del culto Nxivm, atrapado en Puerto Vallarta, México, hallado culpable de siete acusaciones por crimen organizado, fraude cibernético, tráfico sexual, obstrucción de la justicia, pornografía infantil, trabajo forzoso y robo de identidad. En las maratónicas seis semanas del proceso judicial, el investigador periodístico, Juan Alberto Vázquez, instalado en la Gran Manzana, cubrió aquellas jornadas para Grupo Milenio, pero su curiosidad e inquietud naturales lo llevaron a indagar a profundidad en este episodio con la pregunta clave: ¿por qué?

En las siguientes páginas el lector encontrará, además, respuestas a varios enigmas que se quedaron en el aire después del juicio, así como detalles de otros medianamente resueltos con la sentencia: desde el oscuro origen de una leyenda urbana sobre el iq del líder sectario, hasta su encumbramiento rodeado de esclavas sexuales asociadas en el grupo Dominus Obsequious Sororium (dos)1, que significa “Maestro de las Compañeras Obedientes”, seis de las cuales tenían una pornocita de reconciliación con él cuando un comando policiaco lo capturó, todas ellas marcadas con pluma cauterizadora en sus caderas. Eran de su propiedad.

Durante sus cuarenta años fuera del alcance de la justicia, Raniere creó, en 1998, un imperio con ramificaciones en varios países y México fue un campo fértil, uno que Juan Alberto conoce y en el que busca a los personajes involucrados: juniors, periodistas, empresarios y políticos cuyos nombres aparecen no sólo en el juicio, sino en documentos oficiales, tanto del fbi como de la Fiscalía asignada al caso, que el reportero ha consultado. Pero México es también el eje conductor de esta historia criminal en la que, en cierto punto, las figuras de conspiradores y víctimas se entrecruzan y adoptan ambos estatus.

Fraudes piramidales, orgías, citas clandestinas, viajes suntuosos, trata de personas, textos incriminatorios en mensajería instantánea y manipulación de mentes débiles y vulnerables pasan a lo largo de 17 capítulos en los que el autor documenta el contexto que hizo posible esta trama de excesos. En estos están involucrados, como toda secta, un líder carismático, rebaños de ingenuos seguidores en busca de alivio a sus inseguridades por medio de la autoayuda, así como una red de complicidades desde las esferas del poder empresarial y político con ríos de dinero de por medio, invertidos y reinvertidos en faenas criminales de múltiple signo con apoyo de hipnosis, instrucción neurolingüística y sofisticados métodos de defraudación en línea.

Así es como Juan Alberto nos cuenta este pasaje de un gurú del coaching en la era digital, sustentado en una secta criminal cuyas bases, por método, son la discriminación y el sometimiento de la mujer, cuyo ocaso coincide con la explosión del movimiento feminista internacional #MeToo. La Historia y sus caprichosos ciclos.

Alfredo Campos Villeda
Ciudad de México, diciembre de 2019

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Orgía interrumpida

Mientras avanzaba un operativo policiaco y binacional, cuyo objetivo era detener al estadounidense Keith Raniere, a éste le apuraba afinar los detalles de la orgía de reconciliación a la que pensaba llevar a seis de las mujeres que él consideraba sus esclavas. Era el inicio de la primavera de 2018 y el prófugo se escondía en México, en el exclusivo fraccionamiento Conchas Chinas, al sur de Puerto Vallarta, Jalisco, donde tendría lugar el convite que culminaría en el climático final con el que había fantaseado: que todas esas mujeres le practicaran sexo oral al mismo tiempo.

En ese punto de su fuga lo acompañaban las actrices Nicki Clyne y Allison Mack —quienes habían contraído matrimonio a petición de él—, la mexicana Loreta Garza Dávila y Lauren Salzman, una de sus más antiguas colaboradoras y quien manifestó su negativa a participar en la orgía. “Entiendo que seríamos nosotras complaciéndolo”, se quejaba Salzman, pero Clyne, quien subió a su cuenta de Instagram una foto del lugar donde se hallaban y que sirvió de pista a las autoridades, intentaba convencerla de lo divertido que podría resultar el encuentro. “No tengo manera de negarme a muchas cosas, pero sí a una mamada grupal”, le aclaró Salzman a Raniere, quien culpó a la entusiasta mexicana Daniela Padilla de ser la autora intelectual de la orgía que, pese a sus protestas, siguió sin sufrir alteraciones.

La mañana del domingo 25 de marzo de 2018, Salzman se libraría de la obligación que tanto la agobiaba cuando miró, a través de la ventana de la habitación que compartía con Raniere, cómo elementos de la Policía Federal ajustaban sus chalecos antibalas y alistaban sus armas para ingresar a la residencia. Aunque el pánico invadió a la pareja, desecharon la opción de escapar por la ventana. De acuerdo con Salzman, “él se escondió en un clóset y me ordenó preguntar a los policías mexicanos si tenían una orden de detención”.

Los oficiales golpearon la puerta de la casa y alguna de las mujeres abrió. Después, a patadas arremetieron contra la puerta de la habitación: “¡Sí, tenemos orden de aprehensión!”, respondieron a Salzman, quien decidió dejarlos entrar pues temía que dispararan estando ella agazapada detrás. Luego de que la tiraran al piso y apuntaran con sus armas a la cabeza, gritó el nombre de Keith y señaló el armario. Posteriormente, Salzman aseguró que los policías les informaron que actuaban en nombre de investigadores federales de una corte ubicada en Nueva York.

Los oficiales permitieron que el prófugo se vistiera. Raniere se puso un short color caqui, playera gris, se calzó sus tenis blancos y se colgó una mochila negra con algunas pertenencias. Luego lo sacaron de la vivienda y lo subieron a una patrulla. “Fue poco participativo”, dijo el que le tomó una foto, donde se mira al detenido con la barba crecida y el semblante descompuesto por la rabia y el miedo. Mientras grababan el arresto en un video que después circuló por internet, las mujeres invitadas a la fiesta sexual del que era su ídolo se envalentonaron: “¡Vamos a seguirlos!”, dijeron.

En la imagen de escasos veinte segundos se observa a una Allison Mack desencajada, que ve cómo la unidad 13 159 mete reversa y desaparece. Veinticinco días más tarde luciría un semblante aún peor, cuando fuera detenida en Brooklyn por cargos similares a los que pesaban sobre Keith. La persecución de las esclavas no debió durar mucho porque los oficiales ya les llevaban ventaja, tanto en distancia como en destreza. La orgía de reconciliación quedaba oficialmente suspendida.

No queda claro cuál fue la ruta de la patrulla que transportó a Raniere, pero trascendió que primero lo llevaron a la agencia consular de Puerto Vallarta y que horas después, en la mañana del lunes, los oficiales arribaron a un cruce fronterizo y el detenido fue “deportado” a Estados Unidos, a decir del comunicado que ese mismo día circuló el fiscal del caso, Richard P. Donoghue. Del otro lado ya lo esperaban agentes del Buró Federal de Investigaciones (fbi, por sus siglas en inglés). Otra versión asegura que lo tuvieron detenido y que luego lo subieron a un avión con rumbo a Texas, donde lo entregaron a las autoridades estadounidenses. Después veremos cómo las autoridades mexicanas dijeron no saber nada al respecto.

“¿Es así como debe de funcionar la justicia norteamericana?, pues no, pero tratándose de Keith Raniere creo que está bien”, ironizó el abogado Joe O’Hara, al repasar las implicaciones legales del caso, quien además durante una temporada asesoró a las empresas del acusado, con el cual finalmente terminó enemistado.

El martes 27 de marzo de 2018, a las dos de la tarde, Raniere compareció ante un juez en Fort Worth, en el Distrito Norte de Texas, donde se enteró de que no alcanzaba el derecho a pagar fianza, pues el juez neoyorquino que reclamaba su presencia y que, dicho sea de paso, lo consideraba un peligro para la comunidad, calculaba que si lo dejaban libre podría preparar una nueva fuga, gracias a los recursos que tenía a su alcance.

Con su detención, Raniere terminaba poco más de cuatro meses de estancia en México, país al que ingresó en noviembre de 2017 a bordo de un vuelo que despegó de Nueva York y aterrizó en la ciudad de Monterrey. El viaje fue pagado por otra de sus incondicionales: Clare Bronfman, heredera de la empresa canadiense Seagram y miembro de la junta ejecutiva de la empresa, de acuerdo con la Queja y Declaración Jurídica en Apoyo a la Garantía de Detención que redactó el agente del fbi Michael Lever.

Prófugo de la justicia y tras arribar a México, Raniere permaneció en casa de una de sus seguidoras, en el fraccionamiento La Joya de Monterrey. Vecinos que lo reconocieron le tomaron fotos junto a una mujer en dos momentos distintos: en una de las imágenes ambos caminan con cara de preocupación y en la segunda, ella empuja una carriola en donde se puede observar a un pequeño. Tras la difusión de las fotografías, decidieron trasladar al líder de Nxivm a la residencia ubicada en las costas de Jalisco. En ese punto, el perseguido, con el objetivo de transmitir serenidad, pues carecía de argumentos legales para sentirse tranquilo, dijo a sus allegados: “Hay investigaciones en contra mía en tres países, pero vamos a ganar porque la verdad está de nuestro lado”.

En uno de sus últimos y cándidos intentos por salvaguardar su credibilidad, Raniere volvió a mentir al publicar en el sitio web de Nxivm una aclaración en la que comunicaba a los miembros de la organización haber contratado a investigadores independientes y calificados, quienes concluyeron que “no había pruebas de que estuviéramos abusando, coaccionando o perjudicando a las personas”. En el mismo texto se quiso deslindar del grupo de esclavas, al que bautizó con el nombre de “Maestro de las Compañeras Obedientes”, pero la Fiscalía ya tenía en su poder miles de correos electrónicos y grabaciones de audio, en los cuales él mismo presume ser el director de todo el andamiaje de aquella cofradía sexual secreta.

No fue casual que Keith Raniere hubiera elegido a México como lugar para esconderse. Durante los quince años anteriores a la fecha de su detención, el país ya lo había colmado de satisfacciones. Desde 2002, algunas celebridades mexicanas no sólo se integraron a sus cursos en Albany, sino que mostraron mucho interés en negociar para llevar las franquicias a su patria. Para ello se trasladaron a la capital del estado de Nueva York —donde la empresa tenía su cuartel general— al que llegaban seguidoras, empleadas y esclavas que ayudaron a consolidar sus operaciones y finanzas. A su vez, ellas vigorizaron las perversiones sexuales por las que ahora Raniere es famoso.

Fueron mexicanos influyentes los que ayudaron a Keith Raniere, proporcionándole recursos, capital humano y apoyo legal, incluso cuando las fantasías y acciones del gurú devinieron en violaciones a la ley. Mientras el barco se hundía, un grupo de seguidores mexicanos continuó tratándolo como el adalid capaz de anular las serias acusaciones que pesaban sobre él, pero también impulsaron el proyecto “de salvar el planeta” a través de los cursos de autoayuda, los kínderes multidiomas y las empresas alternas que ofertaban empoderar a mujeres y hombres por igual. Aun con la causa ya perdida, en México siguieron en actividad casi todos los negocios asociados a Nxivm, sobre todo gracias a entusiastas familias regiomontanas, tapatías o defeñas que insistían en creer en el poder de su filosofía. Era tal la devoción al gurú y a sus métodos que, tras el boom de los cursos ejecutivos, llegaron a inscribirse más de 8 mil alumnos de los 16 mil que en total se reclutaron en todo el mundo en los veinte años que la empresa estuvo activa.

En la demanda contra Keith Raniere, en la cual también lo nombran “Vanguard”, “Gran Maestro” o simplemente “Maestro”, aparecen cinco coacusadas más: Clare Bronfman, Lauren Salzman, Nancy Salzman, Kathy Russell y Allison Mack, quienes junto con Raniere fueron señaladas de implementar métodos para promover, mejorar y proteger a la empresa mediante la conspiración paracometer diversos delitos, entre ellos, fraude de visas, robo de identidad, extorsión, trabajo forzado, tráfico sexual, lavado de dinero, fraude electrónico, evasión fiscal y obstrucción de la justicia con el fin de afectar el comercio interestatal y extranjero. En su obstinación por seguir al líder hasta sus últimas consecuencias, tanto ellas como quienes ostentaron puestos directivos cercanos al gurú, exigieron a los integrantes de la organización un compromiso absoluto para exaltar sus enseñanzas y virtudes, cuyo incumplimiento podía tener efectos negativos para aquellos que osaran disentir.

Pero quizá sea la lista de objetivos secundarios que definió la Fiscalía la que realmente se ajuste con el perfil criminal de la secta, a la que el fiscal juzgó imperativo poner un alto, pues además de sus delitos los dirigentes trataban de inducir a la vergüenza y a la culpa para controlar a los miembros y asociados; también intentaban obtener información confidencial sobre los reclutados con el fin de vigilarlos. En el documento condenatorio se consignó que el acusado creó una sociedad secreta de mujeres con las que tenía relaciones sexuales y a las que tatuaba sus iniciales con una pluma cauterizadora. De acuerdo con Donoghue, las coaccionaba “mediante la amenaza de divulgar información personal e íntima y también para apoderarse de sus bienes o activos que le eran entregados como colateral”. El fiscal también redactó en este mismo documento los cargos finales que se atribuyeron a Nxivm y a su máximo dirigente:

• Cargo 1. Conspiración para cometer crimen organizado. (Este apartado desglosa e incluye la mayoría de las acusaciones contra Raniere: fraude, obstrucción de la justicia, trabajo forzoso, tráfico sexual, explotación infantil y posesión de pornografía infantil.)
• Cargo 2. Explotación sexual de un menor.
• Cargo 3. Posesión de pornografía infantil.
• Cargo 4. Conspiración de trabajo forzoso.
• Cargo 5. Conspiración para cometer fraude electrónico.
• Cargo 6. Conspiración de tráfico sexual.
• Cargo 7. Conspiración de robo de identidad.

En el juicio del gobierno de Estados Unidos contra Keith Raniere, con duración de seis semanas, se presentaron casi veinte testigos y víctimas, ocho de los cuales lloraron al recordar parte de los abusos que sufrieron o fueron obligados a ejecutar por parte del falso gurú. Había tantas pruebas y tan bien elaboradas, que para los fiscales y el jurado fue relativamente sencillo encontrar culpable al acusado, quien demostró gran habilidad para evadir la acción de la justicia durante más de veinte años, pero a quien por fin parecían habérsele cerrado todas las rutas de escape.

2
Inteligencia al servicio del mal

Buena parte de la fama de Keith Raniere descansa sobre un hecho supuestamente celebrado entre 1987 y 1988: los 240 puntos que obtuvo en un examen de coeficiente intelectual o iq que, dicen sus críticos, hizo con ayuda de alguien más y desde la comodidad de su hogar. El logro llamó la atención del Times Union, rotativo que circula en Albany, estado de Nueva York, y que le realizó una entrevista-perfil al supuesto genio que vivía en la ciudad.

En el texto, el neoyorquino de entonces 28 años confirmó su ingreso a la exclusiva megasociedad de los que habían resuelto las 48 preguntas publicadas en abril de 1985 en la revista Omni. Sin embargo, el concurso tenía escasa credibilidad, según sabemos hoy, ya que el test se podía resolver en cualquier lugar, sin supervisión alguna y, además, con la oportunidad de que la persona se autocalificara. En la misma nota del diario, publicada en junio de 1988, se decía que el personaje también tocaba siete instrumentos, que era cantante de musicales, excampeón de judo, estrella de atletismo y que se había graduado del Rensselaer Polytechnic Institute con tres títulos universitarios obtenidos simultáneamente.

La historia que Raniere utilizó para revestir su personalidad ahora resulta difícil de comprobar y de creer, pues no existen registros formales de que algún ser humano alcanzara el puntaje que él presumía. Lo más cercano a ese nivel eran los 230 puntos que se le reconocen al australiano Terence Tao, quien ha contado que realizaba complicadas ecuaciones desde los dos años de edad, aunque en este caso sí comprobó haber obtenido su doctorado en matemáticas a los 20. En el World Genius Directory, página web que registra a los genios certificados en cada país, ninguno supera los 200 puntos de iq, entre ellos el doctor griego Evangelos Katsioulis, quien alcanzó 198, la marca más alta en la actualidad. Otras célebres lumbreras son el ajedrecista Garry Kasparov, con 190; el cofundador de Microsoft, Paul Allen, con 170; y el científico Stephen Hawking, con 160 puntos. En ninguna lista seria apareció el nombre de Keith Raniere, oriundo de Brooklyn, Nueva York. La única prueba de su “proeza” se puede consultar en el libro de los récord Guinness de Australia de 1989, ejemplar en donde lo etiquetaron como el “más inteligente del mundo”, y que el líder de la secta conservaba en un lugar muy destacado de su biblioteca.

Al momento de fundar Nxivm, en 1998, el neoyorquino cumplía al menos 30 años de alimentar su propia leyenda, surgida a los 8 años cuando un examen arrojó que era un niño superdotado. Así lo constató su exnovia Barbara Bouchey, quien dijo a cbc News que el padre, James Raniere, le compartió la historia de cuando el pequeño Keith se enteró de los resultados de la prueba. James “notó un cambio dramático en el carácter del niño, como si se hubiera apagado un interruptor y de repente, de la noche a la mañana, se hubiera convertido en Jesucristo; desde ahí se sintió superior y mejor que todos, como una deidad”, confesó a Bouchey. Y, en efecto, a lo largo de su vida Raniere dio pruebas de ser alguien bastante listo, aunque no el más inteligente de los hombres.

A todos los estudiantes que llegaban a Nxivm se les repetía el cuento de que el individuo de la foto que colgaba en las paredes de todas las oficinas era “la persona más ética e inteligente del mundo”. Y si a cualquiera de quienes operaban los centros de capacitación les surgió en algún momento la duda, pues prefirieron ignorarla, ya que el sambenito era su mejor arma para vender los productos creados por aquella mente revolucionaria. A Raniere la denominación le funcionaba, sobre todo para justificar sus arranques caciquiles cuando alguien deseaba salirse de su control o como arma de seducción. Quienes han ayudado a delinear su perfil argumentan que era un hombre sumamente carismático, amable cuando se lo proponía y dotado de un notable poder de convencimiento. Heidi Hutchinson, quien lo conoció en la década de 1980 y cuya hermana vivió una historia de terror al lado de Raniere, llegó a afirmar que éste era “alguien que gustaba de escuchar a la gente y eso lo hacía encantador”. Sin embargo, ella está segura de que detrás de la supuesta cordialidad, en realidad se hallaba una persona calculadora que buscaba “influir en ti a través de lo que escuchaba”.

A ese mismo encanto sucumbió la legión mexicana, integrada por personajes variopintos que compraron la quimera de asociarse con un genio al que nunca se atrevieron a investigar. Al parecer les bastaba mirar la imagen de aquel ser neoyorquino caído del cielo, que los invitaba a formar parte de su “misión para salvar el planeta” de la destrucción que, según sus propios cálculos matemáticos, sucedería en muy pocos años. “Creo que todo fue una mentira”, declaró en el juicio la mexicana Daniela Fernández a propósito del anunciado “apocalipsis” de Raniere, que ella, en un inicio, creyó “de todo corazón”.

Con la exigencia de prodigarle obediencia y fidelidad absolutas, obligados al halago y censurado el disenso, el ejército de discípulos del insaciable líder fue el que se encargó de inflar su leyenda. Y no se medían en su elocuencia:

“Es un científico muy serio, matemático, filósofo, emprendedor, educador y mentor que ha dedicado su vida a estudiar la psicodinámica humana: cómo funcionan la mente, las emociones y el cuerpo”, abundó Alejandra González Anaya, socia de Raniere en la empresa de danza Anima Inc y hermana de José Antonio González Anaya, exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex) y secretario de Hacienda en el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), en una presentación de los cursos ejecutivos en México. De las virtudes citadas por Alejandra, Raniere tan sólo comprobó ser un entusiasta emprendedor y un estudioso de las reacciones de los demás.

“Es un hombre de grandes logros, pero más importante aún: es un hombre de carácter probado y un líder ético frente a la adversidad”, atacó Emiliano Salinas Occelli en un video que difundió cuando el parapeto legal y mediático del gurú se rompió después de la publicación de un reportaje en The New York Times.

“Era como un rockstar: cuando lo conocí quedé impactada, pues me hallaba frente a una de las personas más inteligentes del mundo; así lo miraban miembros de las familias más exitosas y prominentes de México que tomaban cursos con él”, afirmó Daniela Fernández en el juicio.

“He sido un solucionador de problemas obsesivo desde que era muy joven, también tengo muy buena memoria”, presumía Raniere en una “entrevista” promocional hecha por Grace Park, actriz de la cinta Hawaii Five-0 y una de sus devotas. “Muy pocas personas del mundo que resuelven problemas tienen una posibilidad contra mí en uno de estos lindos instrumentos psicológicos: no tienen la experiencia, no tienen el impulso, no están tan preparados para resolver problemas”, decía con esa sonrisa socarrona, tan propia de su personalidad y a través de la cual buscaba irradiar paz.

“Mucho de lo que creíamos sobre él fue el resultado de lo que la gente hablaba previamente sobre Raniere”, comentó por su parte Sarah Edmondson, administradora de Nxivm en Vancouver, quien luego se volvió enemiga jurada de la organización.

No obstante, los fiscales que lo investigaron contaban con otros datos relacionados con su inteligencia deslumbrante. En el historial académico de Raniere se encontraron con que tuvo problemas para completar sus cursos universitarios y que alcanzó un Índice Académico Promedio (gpa, por sus siglas en inglés) de 2.26 al graduarse, puntuación que se traduce en un mediocre C —es decir, 7.6 de promedio—, calificación que apenas supera “muchas de las clases de ciencias y matemáticas de alto nivel de las que se jacta ser un experto”, se lee en documentos judiciales compartidos por el fiscal Donoghue.

Nacido en 1960 en Brooklyn, Nueva York, Raniere siempre fue su propia fuente de proezas, que solía narrar a la menor provocación. Repetía que, como niño prodigio, fue precoz para hablar con claridad y tuvo pensamientos profundos a muy temprana edad. De ahí en adelante los autoelogios nunca se detuvieron, mucho menos cuando esa historia de ficción que se inventó, y que corría paralela a la real, comenzó a generarle utilidades.

La excesiva confianza en sí mismo, más la cascada de adulaciones a la que siempre estaba expuesto, crearon en él la sensación de que realmente podía hacer lo que se propusiera, incluso violar la ley sin sufrir consecuencias. En este sentido, se lograron documentar sobradamente un par de obsesiones que fueron una constante en su vida y que ilustran su trayectoria criminal. La primera es su habilidad para fundar esquemas piramidales fraudulentos que, como vimos en la acusación, extendió a la conspiración para cometer delitos de cuello blanco, como fraude de visas, robo de identidad, extorsión, lavado de dinero, fraude electrónico y, por supuesto, evasión fiscal. La segunda es su acendrada misoginia que lo llevó a seducir mujeres para luego maltratarlas. Aunque sus víctimas abarcaron todas las edades, es inconcebible, en quien se presumía como líder de ética incuestionable, su gusto por menores de edad, a las que sometió a toda clase de abusos sexuales y psicológicos.

En cuanto a su concepción de esquema piramidal, Raniere se inspiró en la empresa Amway, donde trabajó en algún momento de la década de 1980. Con ese aprendizaje, y ya con la etiqueta de the smartest man in the world, a los 30 años inauguró Consumers Buyline Inc., compañía que llegó a contar con más de 200 mil miembros alrededor de Estados Unidos.

Toni Natalie, una más de las que recorrió el espectro discípula-esclava sexual-víctima, contó que fue su esposo Rusty quien le dijo que debía conocer a Raniere, que aprovechara que la gira de promoción de Customers pararía en Rochester, Nueva York, donde residían. Y, claro, le mencionó los 240 puntos iq, las tres carreras cursadas y demás rumores que ya giraban en torno a ese gran vendedor. “Es pianista, ciclista, campeón de judo de la Costa Este y quiere salvar el mundo”, le dijo Rusty.

Natalie encontró a Raniere muy atractivo y se le acercó tras la presentación. “Si Dios te regaló toda esta brillantez, ¿por qué no estás curando el cáncer? ¿Por qué no estás haciendo algo magnífico?”. Y recibió como respuesta algo que la sorprendió: “Oh, lo haré, voy a cambiar el mundo y ésta es mi plataforma desde donde comenzaré. ¿Te quieres unir?”. Natalie pensó lo mismo que replicaron luego miles de ciudadanos: “¿Quién dice que no a una oferta así?”.