¿Renunciar a los tiempos oficiales? ¿renunciar a la posibilidad de campañas efectivas contra el consumo de alcohol entre los niños y las niñas, contra la violencia doméstica, contra el consumo de tabaco y bebidas endulzadas, contra las adicciones, a favor de la seguridad vial, por la revaloración de nuestros alimentos?. Foto: Especial

El Estado no debe renunciar a los tiempos oficiales en los medios de comunicación que son imprescindibles para tratar de enfrentar las consecuencias de la sociedad entregada al libre mercado, del deterioro cultural generado por la competencia, la avaricia y la profunda desigualdad, de la destrucción de los valores culturales. El uso de los tiempos oficiales por los gobiernos en nuestro país no ha pasado de ser propaganda de las “maravillas” realizadas por el poder ejecutivo y el legislativo. Tal vez, por eso, se piensa que se puede prescindir de los tiempos oficiales, pero no es así: los tiempos oficiales son imprescindibles para la sociedad que nos tocó vivir, para el país que habitamos.

En un país con la profunda violencia de género que brota en comportamientos que se han normalizado y que no son identificados como violencia contra las mujeres; en un país con un deterioro brutal de los hábitos alimentarios que impedirá que exista un sistema de salud que pueda enfrentar sus consecuencias; en un país donde el consumo de alcohol inicia cada vez a más temprana edad, donde los episodios de consumo excesivo aumenta entre los niños, especialmente entre las niñas; en un país donde el consumo de tabaco mata a 60,000 personas al año: los tiempos oficiales son imprescindibles para llevar adelante campañas efectivas contra estas prácticas. Estas campañas son fundamentales como parte de una política preventiva más amplia para enfrentar estos hábitos. Para ello, los tiempos oficiales en los medios de comunicación son más que imprescindibles.

En México no hemos tenido la experiencia de campañas masivas por parte del Estado en los medios de comunicación que sean parte de estrategias efectivas para enfrentar prácticas que dañan la salud, que previenen accidentes, que educan en la igualdad de género, en el trato a los menores, etc. Solamente hemos visto propaganda en los tiempos oficiales, las “maravillas” del actuar del poder ejecutivo o del legislativo. Por lo tanto, no se conoce el verdadero sentido y potencial que pueden tener las campañas sociales utilizando los tiempos oficiales. Sin los tiempos oficiales, el Estado se queda sin el único recurso efectivo para que la autoridad lleve adelante estas campañas.

Para tomar consciencia de ese potencial no ejercido por el uso propagandístico de los tiempos oficiales, bastan algunos ejemplos de campañas realizadas en otras naciones con un sentido de bienestar social. Empecemos con una que conjuga el abuso del consumo de alcohol y de las jóvenes. ¿Cuántos casos de violaciones, embarazos y violencia se cometen bajo el consumo del alcohol? ¿no tenemos excelentes directores y creativos que estarán dispuestos a colaborar en el diseño de estas campañas?

En el siguiente ejemplo se muestran casos reales y las opiniones de expertos sobre los daños que genera el consumo de alcohol en adolescentes:

En este otro se educa sobre el mal ejemplo de los padres en los hijos al normalizar el consumo de alcohol en el hogar y considerar que los menores pueden probar el alcohol sin tener idea de los daños que puede generar en su desarrollo. Para esto pueden servir los tiempos oficiales y no dejarle estas campañas a las simulaciones de las propias empresas alcoholeras:

Algunos ejemplos de campañas contra el consumo de tabaco para las cuales se podrían utilizar los tiempos oficiales y contribuir a mayor consciencia las consecuencias del tabaquismo, sobre los daños a terceros que sin fumar se exponen al humo del tabaco, y así generar apoyo a mayores regulaciones a este producto:

Otro ejemplo, una campaña de la ciudad de Nueva York contra el consumo de tabaco y de bebidas azucaradas, dos causas importantes de las enfermedades crónicas no trasmisibles:

Los tiempos oficiales son fundamentales para campañas que contribuyen a evitar accidentes con la entrada de nuevas tecnologías, como el uso del celular al manejar. Campañas que difícilmente pueden ser olvidadas y que se dirigen a aparecer en la memoria cuando uno está a punto de cometer un acto que pone en peligro su vida y la de otros:

Campañas para hablar de la violencia doméstica contra las mujeres. Imaginemos esta campaña adaptada a la realidad de muchas mujeres en nuestro país.

Muchas de estas campañas han recibido un amplio reconocimiento por su capacidad de generar la conversación, de impacto entre la población. Las campañas con estos , que son el bienestar de la sociedad, y que son efectivas, no simulaciones, son el lado opuesto de la publicidad de productos y servicios en la que estamos ahogados en esta sociedad del hiperconsumo. Publicidad por todas partes dirigidas al hiperconsumo individual sin importar sus efectos en la persona o el medio ambiente. Por esto mismo, el potencial de las campañas con sentido social es enorme y no se puede claudicar frente a la posibilidad y necesidad de utilizar los tiempos oficiales para hacerlas. Si se claudica, el Estado no tendrá los recursos para pagar los espacios en los medios.

Los tiempos oficiales son una herramienta fundamental del Estado para realizar este tipo de campañas de manera permanente: para las políticas de salud pública, de seguridad vial, de género, de convivencia y un sinfín más de objetivos, son Imprescindibles.