Sharon Nuñez, Presidenta de Igualdad Animal. Foto: Igualdad Animal / Animal Equality

Esta semana las mujeres de México hemos hecho eco en el mundo. Indudablemente hemos sido inspiradas por otras. Ellas, las mujeres que a través de la historia han actuado a favor de la justicia social. Prácticamente cualquier campo y cualquier lucha social ha contado y cuenta con la presencia de mujeres decididas a cambiar las cosas, a generar cambios profundos, justos y solidarios. El movimiento de los derechos animales no es la excepción.

Estos cambios están teniendo lugar y un sentido de urgencia para poner fin a los abusos,la explotación y violencia en contra de los animales, es lo que guía a la mayoría de quienes apoyan esta lucha. Es de hecho, entre tantas increíbles personas que forman parte del movimiento de derechos animales, predominante la presencia femenina, mujeres que dedican su vida a acabar con las injusticias contra ellos y día a día están construyendo el camino hacia el fin de su sufrimiento.

Pero todo esto no es algo nuevo, de hecho comenzó hace más de 100 años, a finales del siglo XIX cuando ya la histórica y heroica lucha de las sufragistas para que las mujeres tuviéramos derecho al voto había empezado. De hecho, el movimiento anti-vivisección que tuvo su origen en esa época estaba conformado por mujeres feministas que formaban también parte del movimiento sufragista en Inglaterra y luego en Estados Unidos.

Las sufragistas empatizaron con el sufrimiento de los animales sometidos en la vivisección, que son las prácticas y pruebas médicas y científicas en animales vivos, e identificaron un paralelo entre el dominio de los hombres sobre las mujeres y de los humanos sobre los animales. De acuerdo con la escritora y académica Coral Lansbury, quien escribió para entonces sobre la controversia conocida como El Asunto del Perro Marrón, la vivisección tocó profundamente a la mujeres que veían en los animales utilizados para experimentación, atados a la mesa de operaciones, un recordatorio de las mujeres también atadas a la silla del ginecólogo para el parto o para la esterilización como cura de la “histeria”.

Recordemos que para entonces las mujeres no tenían prácticamente ninguno de los derechos que tienen ahora y los animales estaban aún más desprotegidos ante la crueldad. Y fue gracias a los esfuerzos de las anti-viviseccionistas que Inglaterra aprobó la primera ley en el mundo que regulaba el uso de animales en vivisección.

Actualmente, de igual manera, el movimiento por los derechos animales es liderado mayormente por mujeres. El Día de la Mujer, y esta semana que lo conmemora, es propicio para reconocer el increíble trabajo que las mujeres están haciendo alrededor del mundo para poner fin a las injusticias contra los animales. Un trabajo estupendo que reivindica ese reconocimiento es el proyecto Unbound de la fotoperiodista Jo-Anne McArthur y la doctora Keri Cronin, en el que continuamente están rindiendo homenaje a las mujeres al frente de la defensa de los animales.

Al igual que la mayoría de la organizaciones que defienden a los animales, Igualdad Animal también es una organización compuesta mayormente por mujeres. De hecho, de todo el personal que la conforma y que procede de 13 países diferentes el 60 por ciento es femenino y más del 70 por ciento de los puestos de liderazgo están ocupados por mujeres.

Particularmente, dentro de todas las responsabilidades que he asumido al dedicar mi vida a trabajar para acabar con la crueldad hacia los animales, lo que más me ha inspirado a afrontar esta tarea ha sido la admiración que siento por las mujeres que investigan. Estoy convencida de que es precisamente el trabajo de investigación la herramienta más poderosa con la que contamos quienes trabajamos dentro del movimiento animalista, y gracias a la valentía y determinación de muchas mujeres la terrible realidad que viven los animales dentro de la industria ganadera ha podido ser conocida por millones de personas.

Está claro que queda mucho trabajo por hacer y esperamos que las investigadoras sigan estando dispuestas a aceptar estos desafíos para nuestras generaciones y las futuras. También que se siga reconociendo el trabajo de las mujeres como gestoras del cambio para un futuro mejor para todas y todos. Visibilizar la solidaridad como coexistencia no solo entre especies sino desde el reconocimiento entre humanos y no humanos es, sin duda, el camino hacia un mundo más compasivo y empático.