Von der Leyen subrayó que en esos trece días ha logrado forjar “una mayoría proeuropea”, aunque admitió que el formato del voto impide saber qué grupos le han dado finalmente su apoyo y si entre ellos había formaciones euroescépticas y populistas, como los italianos del Movimiento Cinco Estrellas, que habían anunciado su voto a favor.

Por Laura Zornoza

Estrasburgo (Francia), 16 de julio (EFE).- La conservadora alemana Ursula von der Leyen se convertirá el próximo 1 de noviembre en la primera mujer en presidir la Comisión Europea tras recibir este martes el respaldo de una mayoría absoluta de la Eurocámara aunque por la mínima, con 383 votos frente a los 374 que necesitaba.

Esta ventaja, de tan solo nueve votos sobre los apoyos que necesitaba, acabó siendo mucho menos cómoda que lo que se esperaba durante la jornada en Estrasburgo conforme diferentes grupos políticos con peso en el hemiciclo confirmaban su apoyo.

El grupo centrista de Renovar Europa, por ejemplo, anunciaba a media tarde que una práctica totalidad de sus 108 eurodiputados votaría a favor de la candidata alemana, mientras que la Alianza de Socialistas y Demócratas en la Eurocámara informó minutos antes del voto de que también la respaldaría, si bien su postura entre las delegaciones nacionales estaba lejos de ser unánime.

Fuentes del grupo socialdemócrata daban por hechos en torno a un centenar de apoyos para Von der Leyen, lo cual, junto a los 182 votos de su propio grupo, el Partido Popular Europeo, y a otros grupos minoritarios que habían dicho que la apoyarían, debería haberla situado por encima de los 400 apoyos, mucho más holgada.

Sin embargo, el voto secreto impide conocer con exactitud qué eurodiputados han desertado de darle apoyo en el tiempo de descuento, así como si estos proceden de su propia familia política o de la oposición que se había comprometido a respaldarla.

“En política, una mayoría es una mayoría”, zanjó la presidenta electa en una rueda de prensa minutos después de conocerse el resultado, donde subrayó que ha conseguido sellar los apoyos necesarios apenas trece días después de ser designada como candidata por sorpresa por los jefes de Estado y de Gobierno.

En estos trece días ha tenido que formarse y forjar su propia opinión sobre una amplia colección de políticas europeas en las que no tenía una postura en su anterior cargo de ministra de Defensa alemana, así como superar el “resentimiento” de un Parlamento decepcionado con que la candidata no fuera una de las cabezas de lista de los partidos.

Von der Leyen subrayó que en esos trece días ha logrado forjar “una mayoría proeuropea”, aunque admitió que el formato del voto impide saber qué grupos le han dado finalmente su apoyo y si entre ellos había formaciones euroescépticas y populistas, como los italianos del Movimiento Cinco Estrellas, que habían anunciado su voto a favor.

Von der Leyen, no obstante, restó importancia a este hecho y a la circunstancia de que eurodiputados británicos como los diez laboristas, que podrían estar fuera de la Unión Europea en pocos meses y han votado positivamente, hayan sido los apoyos definitivos que han inclinado la balanza en su favor.

“No sé quién ha votado por mí. Sé que era muy difícil llegar a una mayoría, pero creo que hoy la cuestión más importante era dar un discurso que reflejara mis convicciones, uno proeuropeo que fuera un intento de sellar las divisiones”, afirmó.

La presidenta electa reconoció que ha habido grupos que han rechazado en bloque su candidatura, como los Verdes, pero aseguró que había sentido “más apertura” en sus réplicas y dijo que acepta que “tienen que conocerla y confiar en ella”.

Frente a un Parlamento muy escéptico ante su nominación hace apenas una semana, Von der Leyen pronunció un discurso para acabar de rascar los votos que le faltaban, cargado de mensajes sobre cambio climático, promesas en política social y en defensa del Estado de derecho, algunas de los reclamos clave de socialistas y liberales.

Promesas como un nuevo pacto verde en los primeros 100 días de mandato, traducir a leyes concretas las ambiciones climáticas, un seguro europeo de desempleo o un salario mínimo en todos los países de la UE convencieron a muchos eurodiputados.

No logró convencer, no obstante, a los grupos más orientados a la izquierda en el hemiciclo, como buena parte de los socialistas, los Verdes o la Izquierda Unitaria Europea, si bien los eurodiputados ecologistas le prometieron colaborar con ella en asuntos como la lucha contra la crisis climática.

Finalmente tampoco votó en su favor el bloque de extrema derecha en la Eurocámara, el grupo Identidad y Democracia que acoge, entre otros, la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, la Liga de Matteo Salvini, el Vlaams Belang belga o Alternativa para Alemania (AfD).

La alemana afronta ahora la tarea de conformar su equipo de gobierno para los próximos cinco años, para el que, según explicó ella misma, solo sabe seguro que contará con el socialdemócrata holandés Frans Timmermans y la liberal danesa Margrethe Vestager como sus vicepresidentes.