Ante la negativa de verdad y justicia en el caso de desaparición forzada de Alicia de los Ríos Merino, hace 43 años, su hija Alicia escribió una carta a los perpetradores y en entrevista platica sus motivaciones y llama a la ciudadanía a tener mayor empatía con los familiares de personas desaparecidas.

Ciudad de México, 16 de enero (SinEmbargo).- Alicia de los Ríos Merino lleva el mismo nombre y apellido de su madre, integrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre y quien fue desaparecida hace 43 años tras un operativo de la Brigada Blanca bajo el contexto de la “mal llamada Guerra Sucia”. Alicia, historiadora y activista, platicó a SinEmbargo que la esperanza y exigencia de conocer el paradero de su madre es lo que la llevó a escribir una carta a los perpetradores de la desaparición forzada.

“Lo que se nos ha negado es el destino, el esclarecimiento del paradero (de su madre) y esa es nuestra esperanza. Nosotros necesitamos saber qué pasó con nuestros padres y con nuestras madres. Evidentemente no estamos pidiendo que nos los regresen con vida, esas fueron las grandes consignas de nuestras abuelas”, dijo Alicia de los Ríos.

Al paso de más de cuatro décadas, Alicia no pierde la esperanza y mantiene viva la exigencia de verdad y justicia. “Cuando tengamos el conocimiento de lo que sucedió y el paradero de mi madre, el Estado tendrá que concluir quiénes fueron y quiénes son los responsables, es decir, verdad justicia, reparación y todo lo que implica la justicia transicional”.

DESAPARECIDA

Alicia de los Ríos cursaba la carrera de ingeniería electrónica en el Tecnológico de Chihuahua. Durante los primeros años de carrera se involucró en una huelga que la llevó a la militancia en la Liga Comunista 23 de septiembre (LC23S) en el año 1973 por invitación de los hermanos Salvador y Luis Miguel Corral García, quienes fueron ejecutados en 1974 y 1977 por elementos de la Dirección Federal de Seguridad. Alicia se trasladó a la Ciudad de México.

La luchadora social conoció a Enrique Pérez Mora, integrante de la Liga, luego de que participó en enero de 1976 en la liberación de seis presos políticos, entre ellos, Enrique, quien se convirtió en su pareja. La joven se embarazó, pero poco tiempo después, Enrique Pérez fue asesinado por miembros de la Dirección Federal de Seguridad tras un enfrentamiento en Culiacán, Sinaloa, el 16 de junio de 1976, de acuerdo con informes del Centro Prodh.

En febrero de 1977, la joven activista dio a luz a su hija, a quien mandó a la ciudad de Chihuahua. Martha Ríos, hermana mayor de Alicia, se trasladó a la Ciudad de México para recoger a la pequeña, quien quedó al cuidado de sus abuelos Alicia Merino y Gilberto de Los Ríos, quienes nombraron a la niña igual que a su madre: Alicia de los Ríos Merino.

Alicia de los Ríos, hija, en su imparable búsqueda de su madre. Foto: Especial.

El 4 de enero de 1978, Alicia iba a encontrase con sus compañeros, pero ya era esperada por la Brigada Blanca, integrada por más de 22 agentes de la Dirección General de Policía y Tránsito y de la División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia que mantenían un operativo tras un enfrentamiento con integrante de la LC23S, en la en la colonia Nueva Vallejo, en la Ciudad de México,

“Ella al momento en que la van a detener corrió a una casa, se metió y le pidió al dueño y a un niño que estaban ahí que salieran del inmueble para luego tomar el teléfono y llamar a sus familiares”, narró la hija.

“Soy Alicia y me van a detener. ¡Búscame!”, gritó Alicia cuando Martha, la hermana mayor, contestó la llamada. La activista fue detenida y, de acuerdo con testimonios, fue vista en el Campo Militar número 1 donde fueron llevadas la mayoría de las personas detenidas en ese entonces.

La experiencia de ver a su abuela y a su tía mayor partir sin conocer el paradero de Alicia y, ante un contexto mundial de la pandemia de la COVID-19 que vino a recordar más la vulnerabilidad de la existencia, la posibilidad de morir sin conocer el paradero de su madre, motivaron a Alicia a escribir la carta no sólo a los perpetradores, sino a familiares y conocidos a quienes piden que si tienen cualquier información la compartan.

Alicia De los Ríos desaparecida en enero de 1978. Foto: Especial.

“Quienes no han pasado la experiencia de una ausencia forzada, quizá no pueden imaginar las dimensiones que tiene esa ausencia en un hogar […] Siempre hemos vivido la ausencia de manera muy marcada […] Tengo los dolores guardados de mi abuela, que fue una buscadora incansable, y de mi tía mayor Martha, una gran luchadora en términos de desaparecidos, y a quienes las vi partir sin una noticia, sin ningún dato del paradero de su Alicia. Pensar que podemos morir sin saber el destino que tuvo la persona que te dio a luz, en mi caso, es lo que me llevó a escribir la carta a quienes saben o conocen el destino de mi mamá”, platicó.

Alicia explicó que en su misiva apela a familiares, amigos, vecinos y conocidos de los perpetradores porque al dialogar con colegas historiadores y familiares de víctimas de la desaparición forzada, así como al ver los ejemplos de este fenómeno en Argentina y Chile, se dieron cuenta que la desaparición forzada involucra a más personas. “Es decir, que, si los desaparecidos tienen familia, también quienes operaron la desaparición forzada también deberían tener familia vecinos amigos”.

 CARTA A LOS PERPETRADORES

Hoy es cinco de enero y mañana llegan los Reyes Magos. Desde que aprendí a escribir, me recuerdo redactando una lista de deseos que cambiaban cada año. Sólo una petición permanecía: “Quiero a mi mamá”. Esas noches de cinco de enero significaban la expectativa de que, al despertar, ella estaría en casa. Nunca sucedió.

Los rituales de rosca, cartas y regalos cambiaron cuando tomé conciencia de que mi madre, Alicia de los Ríos Merino, fue detenida-desaparecida de manera forzada por cuerpos policiales y militares un cinco de enero de 1978 en la colonia Nueva Vallejo de la Ciudad de México, en un contexto contrainsurgente mal llamado Guerra Sucia.

Hoy ya no le escribo cartas a los Reyes Magos, ni al presidente de la República o a un general, y comprendí que los agentes y los mandos de la Brigada Blanca no fueron los únicos en conocer los lugares en los que mantuvieron detenidos y desaparecidos de manera forzada a cientos de hombres y mujeres en la década de 1970, entre ellos a mi mamá. Para realizar esa práctica y posiblemente eliminar a las personas debieron estar involucrados más participantes y debió haber testigos que observaron, callaron y no se opusieron. Los desaparecedores debieron tener una familia que los recibía y observaba sangre ajena en ellos.

Hoy apelo a la buena voluntad, la conciencia y la ciudadanía de esos familiares, vecinos y compañeros de los agentes de la Brigada Especial que provenían de la División de Investigación para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la Dirección General de Policía y Tránsito (DGPT), la Policía Judicial Federal (PJF) y las policías judiciales del DF y del Estado de México, así como la Policía Militar y la Policía Judicial Federal Militar.

Si su padre, abuelo, tío, esposo o vecino patrullaba en brigadas de cuatro agentes en automóviles no oficiales; si vestía de traje, no portaba uniforme y estaba armado de manera permanente; si ingresaba al Campo Militar Número 1 de la Ciudad de México o viajaba a otros estados en el avión de la DFS, entonces es casi seguro que supo de lo que ocurrió. Y la información que ustedes tengan puede significar mucho para quienes continuamos necias en conocer del paradero de nuestros familiares.

Los mandos de sus familiares también los colocaron en las sombras de la historia. Para lograr encontrar a nuestros amores no se requiere que nos digan el nombre de los suyos. Tan sólo denos los datos que pudieron escuchar: lugares en donde buscar, de los mandos que se enriquecieron con la muerte, de los documentos que no hemos encontrado.

La historia nos ha enseñado que las violencias de Estado se implementan con consentimiento de diferentes sectores de la sociedad. Si vivimos en un país con más de 70 mil personas desaparecidas, significa que lo habita una sociedad apática. Pero no tenemos que formar parte de ello. Ayúdenos a esclarecer el destino de tantas personas buscadas. Es asunto de ustedes y de nosotros.

Hoy tenemos la oportunidad de ayudar a cambiar el futuro de un México que ha sido convertido en una fosa gigantesca, llenándonos a miles de familias de un dolor que no termina. Dense y denos la oportunidad de quitarnos las sombras de encima: cualquier información la pueden dirigir con toda confianza al siguiente correo electrónico: [email protected]

Soy Alicia de los Ríos Merino, hija. El llamarme igual que mi madre resume las marcas que su detención-desaparición ha dejado en mí, en todas nosotras y nosotros que necesitamos saber dónde están los nuestros. Agradezco con el corazón en la mano su atención y la decisión de enviarnos esta información.

LLAMA A LA SOLIDARIDAD

Los familiares de las víctimas de desaparición forzada en la década de los 70, platicó Alicia, ahora son veteranos en la situación de la búsqueda y conocen bien que las autoridades se han dedicado a dilatar, por ello ahora la carta no está dirigida a las autoridades sino abierta al público.

“Hemos pasado por miles de situaciones frustrantes, es decir, que quieran hacer un compromiso para dilatar la atención, evidentemente vemos ese fin: la dilación. No nos pueden hacer tontos en ese sentido, porque hemos vivido muchas situaciones de frustración y no respuesta.

La carta, abundó Alicia, es una estrategia colectiva, una invitación al público a dar información de personas desaparecidas.
“No tiene que ser el caso de mi mamá, hay cientos y miles de personas desaparecidas y creo que, en este país, si hay un registro de personas desaparecidas de más de 70 mil, evidentemente hay una falta de ciudadanía. Hay una falta de compromiso y valor a la vida”, expresó.