No matarás, una novela sobre la culpa que se engendra en nuestras decisiones

20/01/2024 - 12:00 am

La escritora Ana Sofía González habló con SinEmbargo sobre su primera novela, una obra sobre la culpa, las violencias y el impacto que llegan a tener en nuestras vidas las decisiones que tomamos.

Ciudad de México, 20 de enero (SinEmbargo).– Alejandra, una adolescente que vive rodeada de la clase alta queretana, enfrenta las secuelas del abandono de su madre cuando su vida da un vuelco al salvar a su nana, Vicky, en el momento en que es atacada por Juan Pablo, un trabajador del condominio en donde las dos viven.

El instante de esa agresión es narrado al inicio de No Matarás, la primera novela de la escritora mexicana Ana Sofía González, un ataque cuyo desenlace desencadenará una serie de culpas en las dos protagonistas de esta historia contada a partir de un mosaico de tres voces, de un México situado en los años 90 en el que las diferentes violencias coexistían sin ser visibilizadas como ahora.

“El lazo que hay entre ellas dos es súper fuerte, son muy cercanas, ella, Vicky, se convierte prácticamente en una mamá sustituta, en una hermana, es una relación muy, muy cercana pero a la hora de enfrentar un crimen Vicky sabe que el papá de Ale va a ver por su hija, no por ella, sabe que el señor tiene relaciones con políticos, sabe que tiene dinero, que tiene recursos, que Ale nunca pisaría la cárcel”, compartió en entrevista Ana Sofía González.

La autora expuso que dentro del texto los personajes se enfrentan a diferentes niveles de culpa, que van del crimen que desencadena la historia, hasta otras más como la que nace en la madre de Ale por abandonarla, y la de su papá por ser agresivo. “La culpa creo que está constantemente atacando a todos los personajes, desafortunadamente nos pasa a todos, hay culpas a veces que nos están todo el tiempo taladrando la cabeza”.

Ana Sofía González refiere que ciertamente es complicado saber cuál tendría que haber sido el desenlace de cada uno de los personajes antes de las decisiones que adoptan. “A veces no siempre las malas decisiones tienen una consecuencia inmediata, a veces tardan meses, años, hay veces que la gente muere habiendo hecho cosas terribles y no pasa nada. Entonces quise un poco dejar esa reflexión, de que no siempre existe una consecuencia por lo menos visible porque una consecuencia es sentirte culpable toda tu vida”.

Foto: Especial

—También expones cómo un instante puede cambiar el rumbo de la vida para muchos— se le planteó.

—Todo el tiempo estamos tomando decisiones de vida o muerte y a veces no lo sabemos, y aquí pasa. O sea, tiene un impulso, tiene una reacción por verse amenazada, por ver amenazada a su nana, a su querida nana y su decisión es terrible, pero es lo que ella consigue hacer y sí, esas decisiones a veces nos toman del cuello y no nos suelta nunca más.

En esta novela, también están latentes diferentes expresiones de violencia que acompañan la relación que se teje entre los personajes, sin que ellos, muchas veces, las lleguen a discernir.

“A la hora de escribir simplemente estuve contando una historia, pero resulta que es muy violenta y la verdad es que toda la historia está alimentada de cosas que yo he visto, de cosas que he vivido. He visto violencia intrafamiliar, he visto incluso la violencia que existe entre amigas, a veces entre una madre y una hija, entre un padre y una hija, entre parejas, creo que está en todas partes, ahorita ya está muy visibilizada y muy, no erradicada porque naturalmente no está erradicada, pero por lo menos ya tiene luz encima, ya se distingue como violencia, antes no, ni siquiera si tu mamá te decía que estabas gorda, ni siquiera se te ocurría pensar que eso era violencia psicológica.

—Es tu primera novela, ¿cómo fue encontrar esta voz narrativa?

—Fue un trabajo de meses, muchos meses, en los que trabajé principalmente con los cinco primeros capítulos, en donde aparecían ya las tres voces —de Ale, Vicky y Juan Pablo— y estuve escribiendo y reescribiendo, y reescribiendo porque en el primer draft era muy difícil distinguir quién estaba hablando, y una vez que tuve claros los personajes, empecé a pulir uno por uno. En el primer capítulo de cada uno, lo reescribí, yo creo, que más de 30 veces cada uno, o sea, fue un trabajo muy arduo y de mucha lectura y relectura. A lo largo de la novela, después, fui encontrando que Ale tenía que hablar en presente, Juan Pablo en pasado, fue un proceso largo que inició con los primeros capítulos, fue muy divertido, pero complejo.

Obed Rosas
Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM. Estudió, además, Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras.
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