Julio Cortázar y Carol Dunlop. Foto: cortazarmovie.com

Julio Cortázar y Carol Dunlop. Foto: cortazarmovie.com

Ciudad de México, 20 febrero (SinEmbargo).- Fueron “Los autonautas de la cosmopista” y dieron ejemplo de un amor otoñal que se le fue al poeta de las manos como aire espeso que viajara hacia unas imposibles aguas negras.

Julio Cortázar le llevaba muchos años a Carol Dunlop, su última mujer, un hecho que le resultaba inusitado al hijo de la fotógrafa estadounidense, quien vio partir a su joven y bella madre y refugiarse en los brazos de un hombre “viejo”, poco agraciado.

Con una voz quebrada, más de una vez me has dicho:”Eres tan joven”. No te equivocabas, pero qué velo te ha impedido ver todos esos años, que también yo llevo conmigo, años de una edad mucho mayor que… -¡No me hables del tiempo! Pero sí, hablemos, nosotros que no somos niños; estamos, estamos en el tiempo como en este viaje: dentro. ¿Es que no ves que no hay ya cuatro ni tres ni dos tiempos? …

Tu voz es clara, pero cuando viene ese velo de tristeza, cuando apenas empezado el viaje dudas nuevamente de su término, ¿cómo callarme, y cómo hablar? A su tiempo esa tristeza, mi amor, a su tiempo todavía lejano y doble. Por grande que sea la oscuridad, no hay negrura que me haga retroceder.

Tú y todavía tú.

A fuerza de nadar en las grandes aguas negras, se aprende a flotar en la oscuridad.B oya de las peores tinieblas. ¿Excluida? ya las vejeces humillantes, las pesadillas sanitarias; y el resto no es para ahora y ya no hay más soledad posible”.

La edad, sin embargo, fue sólo un apunte de los documentos de identidad entre estos dos cronopios que se amaron hasta la fascinación, que se casaron en 1970 y que vieron truncada su relación cuando Carol murió, en 1981, cuando apenas tenía 36 años, a causa de un cáncer.

El autor de Rayuela sólo duró dos años más. Regresó a Argentina en 1984, volvió a París con la promesa de regresar para recorrer la Patagonia y un mes después murió en la capital francesa, el 12 de febrero.

Carol y Julio vivieron juntos diez años, en medio de los cuales escribieron Los autonautas de la cosmopista, el libro que marcó a muchos jóvenes lectores de los ‘80 y ’90 y que narra un viaje en auto de París a Marbella de 33 días, del 23 de mayo al 26 de junio de 1982.

CAROL Y JULIO LA PELÍCULA

La historia de amor entre Julio Cortázar y Carol Dunlop será motivo de un documental en preparación a cargo del joven cineasta canadiense Tobin Dalrymple y su colega argentino Poll Pebe Pueyrredón y que se encuentra en proceso de crowfunding con vistas al anhelado estreno en septiembre de este año, en el Festival de Cine de Toronto.

La película Julio & Carol. Los exploradores de la cosmopista cuenta con testimonios de Stephane Hebert, el hijo de Carol; François Hebert, la escritora canadiense Marie-Clarie Blais y el coleccionista cortazariano Lucio Aquilanti, entre otros.

Los realizadores buscan financiación colectiva en el sitio cortazarmovie.com, convencidos como están de que Julio Cortázar y Carol Dunlop crearon una obra de atemporalidad y locura – algo loco y hermoso – cuando ambos estaban muriendo.

La portada emblemática. Foto: Internet

La portada emblemática. Foto: Internet

“Su libro, Los Autonauts del Cosmoroute, es la última cosa que hicieron juntos antes de su muerte . Beethoven parece haber hecho lo mismo . Cuando se estaba muriendo compuso una obra que es objeto de controversia en la actualidad (La novena sinfonía en Re menor). Es una locura . Es salvaje . Algunas partes son difíciles de escuchar. Pero es , sin duda, hermosa”, escribe Tobin Dalrymple en el sitio de la película.

Tal vez Los Autonauts del Cosmoroute no sea tan hermoso como la sinfonía de Beethoven, pero se trata de la última lucha con la muerte, su última oportunidad de vivir para siempre . Tal vez el libro no resulte tan bueno si no sabes eso. Pero lo sabes. Esa es la historia . Es por eso que estoy tan decidido a contarla”, agrega el cineasta nacido en Toronto en 1985.

“Carol era una persona muy privada y no se dejaba ayudar por nadie. Es una niña grande, como Cortázar. A los dos les gustaba jugar. En Los autonautas… es muy difícil saber quién habla, porque sus visiones del mundo son muy similares. Yo hice el viaje y no hay nada muy interesante en vivir en una autopista, pero para ellos era una aventura, la mejor del mundo. Quiso dejarle este libro como un legado –su visión del mundo– a su hijo Stephan, que solía viajar con Cortázar y ella”, declaró Tobin al periódico argentino Clarín.

“Carol y Cortázar se conocieron gracias a François Hebert, el padre de Stephane, que organizó una conferencia con escritores en Montreal en 1977. Nadie sabe bien lo que pasó ese día cuando se conocieron.

En sus primeras cartas hablan de escribir un libro juntos. Recién en 1982 lo hicieron. La razón fue que parece que sabían que se estaban muriendo, que estaban enfermos y que no tenían mucho tiempo de vida.

En Los autonautas de la cosmopista cuentan que están enfermos, aunque no le dan un nombre a la enfermedad. Hablan de la ‘cosa negra’ y que necesitaban hacer ese viaje que estaban planeando hace mucho. Pero la muerte de los dos es todavía un misterio. No hay pruebas para afirmar que murieron a causa del sida. Sí hay pruebas de que los dos estaban enfermos. No creo que tengamos en el documental una respuesta del tipo blanco o negro”, dijo el cineasta a la periodista Silvina Friera para Página 12.