Salvador Cienfuegos, exsecretario de la Defensa Nacional.

“Los tropiezos de López Obrador a partir de que se hizo pública la aprehensión del General Cienfuegos, han sido más que evidentes”. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro

+ Los militares, molestos

+ Con EU, sumisión

Ignorado. Rebasado. Confundido. Extraviado. Así está el Presidente de México ante la detención, en Estados Unidos, del exsecretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, presuntamente por estar coludido con el narcotráfico.

Que sabía de la investigación. Que no sabía. Que el General es lo podrido del neoliberalismo. Que siempre no. Que se investigue a la DEA. Que hay respeto a EU. En fin. López Obrador ha sido un costal de contradicciones con esta detención.

Desde que se hizo pública la detención del militar, López Obrador cayó en una serie de desatinos, contradicciones y titubeos que lo han exhibido como un mandatario que nada más no entiende el grave conflicto que tiene encima. Más que un Jefe de Estado, hemos visto a un político que fuera de su zona de confort, es incapaz de responder y de enfrentar con tino al acto de intervencionismo más delicado de las últimas décadas, dentro de la espinosa relación México-EU.

¿Por qué lo decimos?

Porque con el Caso Cienfuegos, el Tío Sam ignoró a AMLO. Le pasó por encima. Lo masticó. Y al final, lo escupió.

Hoy vemos a un Presidente atribulado y preocupado porque ese mismo Ejército al cual ha empoderado de forma riesgosa en solo 22 meses de Gobierno – le entregó la Guardia Nacional, la construcción y ganancias del aeropuerto de Santa Lucía, los puertos, las aduanas, la edificación de caminos, los bancos del Bienestar, dos tramos del Tren Maya y un sinnúmero de privilegios que suman alrededor de 35 mil millones de pesos que manejan, de manera directa, desde la Sedena-, hoy es expuesto desde Nueva York como un cuerpo tocado por la corrupción, corrompido por el poderío del narco y sometido a las órdenes de los barones de la droga.

Y ante este panorama de alto riesgo para México, AMLO perdió el control y la compostura. No ha sabido ni ha podido lidiar con el caso Cienfuegos. No lo entiende. Le quema. Lo exhibe. Da bandazos. Recula. Se tropieza. Cae.

El Presidente demuestra, así, que no es lo mismo insultar a sus críticos desde Palacio Nacional, que gobernar y comprender el complejo entramado de la relación bilateral con el país más poderoso del mundo.

Son dos cosas muy diferentes.

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Los tropiezos de López Obrador a partir de que se hizo pública la aprehensión del General Cienfuegos, han sido más que evidentes. Echemos un vistazo a los hechos:

LO SÉ, PERO NO LO SÉ. El pasado viernes 16 de octubre, pocas horas después de que se hizo pública la detención del extitular de la Defensa en el sexenio peñista y durante la conferencia mañanera en Palacio Nacional, López Obrador dijo, textual: “Nosotros no teníamos conocimiento de la investigación”. Sin embargo, en ese mismo escenario, se auto desmintió al confesar: “A mí me informó hace 15 días la Embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, de que se hablaba de una investigación que se estaba llevando a cabo y que involucraba al señor General Cienfuegos…”. Luego entonces, AMLO sí sabía de la investigación, y lo negó públicamente.

IGNORANCIA. Ante los fuertes cuestionamientos y críticas porque Estados Unidos estaba haciendo el trabajo del Gobierno mexicano, investigando y capturando, primero, a Genaro García Luna, y posteriormente a Cienfuegos, López Obrador comenzó a perder la compostura y se lanzó contra la Drug Enforcement Administration (DEA) “Deberían los de la DEA informar sobre su participación en todos estos casos, porque indudablemente ellos convivieron tanto con García Luna como con el General Secretario del sexenio pasado”. Preocupante. El Presidente de México se muestra desinformado sobre temas tan delicados, como lo es la conexión EU-México-Narcotráfico, uno de los ejes claves y estratégicos dentro de la agenda bilateral. AMLO no sólo denota ignorancia sobre el tema, sino también plantea un asunto de Estado cada vez más alarmante: la desinformación diaria que exhibe el Presidente en temas fundamentales.

ATACAR A LA DEA. Agobiado por la inoperatividad de su Gobierno en el Caso Cienfuegos quien, al igual que García Luna, entraba y salía de México sin ser molestado; rebasado por la intromisión de un Gobierno extranjero en asuntos que competen a nuestro país, AMLO recurrió a una de sus ocurrencias favoritas cuando es exhibido: atacar. “¡Que se investigue a la DEA!”, exigió. “¿Por qué (los de la DEA) no hacen una autocrítica de la intromisión? Porque ellos entraban con absoluta libertad al país”, citó AMLO. Nadie lo tomó en serio.

A CAZAR MILITARES. “Todos los que resulten involucrados (en el caso Cienfuegos) van a ser suspendidos, retirados; y si es el caso, puestos a disposición de las autoridades competentes”, advirtió AMLO la mañana del viernes pasado, lo cual provocó enojo entre altos mandos del Ejército, quienes se preguntaban: ¿Cómo es posible que el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas no solamente avale por adelantado la culpabilidad de Cienfuegos cuando ni siquiera se han presentado las pruebas en Nueva York sino que, además, amenace públicamente a otros militares de alto rango de que se procederá contra ellos? Por tratar de quedar bien con EU, López Obrador lastimó al Ejército mexicano. Sí, a ese mismo Ejército al que le ha entregado prácticamente el control del país y que ahora es exhibido como cómplice del crimen organizado.

TRAICIÓN. Para no pocos militares de alto rango, AMLO consumó un acto de traición en contra del Ejército por un hecho que fue confirmado por el propio Presidente: supo desde dos semanas antes de la posible captura de Cienfuegos, y no movió un dedo. Permitió que fuera aprehendido en Los Ángeles junto con su familia (liberada horas después). Así, Cienfuegos fue exhibido ante el mundo como un narco-General y López Obrador, sencillamente, prefirió cerrar los ojos para no contrariar al Gobierno de su amigo y aliado, Donald Trump. Y eso tiene furiosos a militares mexicanos.

CEGADO. “La denuncia (contra Cienfuegos) confirma la podredumbre del pasado neoliberal”, manifestó López Obrador, cegado por su obsesión de atacar al periodo neoliberal. Pero en su arrebato, también ofreció, tácitamente, las cabezas de los altos mandos militares que actualmente están incrustados en las decisiones de nivel superior dentro del Ejército y que fueron operadores y cercanos al General Cienfuegos. ¿A cuántos de esos poderosos militares a los cuales ha empoderado, se atreverá a enjuiciar el Presidente?

DEFENSA INAUDITA. Enredado en un tema que no ha entendido, que lo tiene hecho bolas y que lo rebasó desde un principio, AMLO, desesperado, recurrió a lo inaudito: ¡defender a García Luna y a Cienfuegos!, después de haberlos crucificado públicamente. “No hay que sentenciar a los exsecretarios García Luna y Cienfuegos hasta que se demuestre su culpabilidad en Estados Unidos”, deslizó el domingo pasado, para intentar atenuar el enojo de los militares mexicanos. ¿Pues no ya los juzgó AMLO como la podredumbre del pasado neoliberal?

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López Obrador no quedó bien ni con Dios ni con el Diablo, se hizo bolas con el quemante Caso Cienfuegos, se contradijo desde las inmediatas horas posteriores a la captura y, desde el viernes pasado, ha ido de tumbo en tumbo con sus declaraciones poco certeras y contradictorias.

Mintió con la investigación.

Culpó sin pruebas.

Atacó a la DEA.

Quedó mal con el Ejército mexicano.

Defendió a García Luna y a Cienfuegos.

No es lo mismo insultar, que gobernar.

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