El mandatario, en cambio, no se siente intimidado por este pulso y aseguró que los manifestantes tendrán que esperar, al menos, hasta 2022, cuando está previsto un referéndum para decidir si López Obrador debe concluir su presidencia.

México, 22 sep (EFE).- Varios centenares de tiendas de campaña escenificaron este martes, por cuarto día consecutivo, el hartazgo de la población más conservadora contra el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, en una protesta que superó los primeros días de lluvia torrencial y pretenden permanecer hasta que dimita el mandatario.

El plantón, organizado por la asociación civil derechista Frente Nacional Anti Andrés Manuel López Obrador (Frena), comprende toda la concurrida Avenida Juárez, desde el Palacio de Bellas Artes hasta el emblemático Paseo de la Reforma, con lo que dificulta notablemente el feroz tráfico del centro capitalino.

“Nuestra finalidad era llegar al Zócalo de la ciudad porque no queremos ocupar calles que pertenecen a la ciudadanía, no queremos molestar”, explicó a Efe Adriana a la puerta de su tienda, pero el Gobierno capitalino se lo impidió el pasado sábado alegando que podían colisionar con otras protestas.

El propio López Obrador estuvo 47 días acampado en el Paseo de la Reforma junto a sus simpatizantes en 2006 tras alegar un fraude electoral en las elecciones de aquel año, cuando buscó por primera vez presidir el país y perdió contra Felipe Calderón.

Seguidores del Frana en plantón en Avenida Juárez. Foto: Sáshenka Gutiérrez, EFE.

EVITAR EL “COMUNISMO”

Adriana es una madre de familia acampada para obligar al Gobierno de López Obrador, cuya presidencia finaliza en 2024, a que dimita y “deje de pisotear” a la ciudadanía, ya que el presidente pretende instaurar “el comunismo” y “limitar” las libertades.

“Nos quiere llevar hacia el comunismo. Está actuando como Hugo Chávez, como Fidel Castro, como Nicolás Maduro”, advirtió la mujer, enfundada en una gorra con símbolos patrios.

El discurso de Adriana es el discurso de Frena, un movimiento que aglutina principalmente a la clase acomodada asustada por López Obrador, quien desde su campaña presidencial y su llegada al poder en diciembre de 2018 ha hecho bandera de una gestión enfocada a los más pobres.

Siempre que lo tachan de comunista, López Obrador, quien se autodefine como izquierdista y tiene profundas creencias cristianas, sostiene: “El Papa Francisco ha dicho que ayudar a los pobres no es comunismo, es el centro del evangelio”.

Su Ejecutivo ofrece ayudas periódicas en efectivo a jóvenes de pocos recursos, a adultos mayores y a discapacitados mientras no se cumplen sus perspectivas macroeconómicas: el PIB de México se contrajo un 0.3 por ciento en 2019 y la Secretaría de Hacienda calcula que el golpe de la pandemia lo haga caer un 8 por ciento este año.

ACAMPADA ATÍPICA

Los manifestantes echan también en cara al mandatario, el más votado de la historia, el alza imparable de la violencia como demostraron los casi 35 mil homicidios dolosos registrados en 2019, el más violento desde que hay registros.

Esto llevó a la oposición más a la derecha del tablero político a instalarse en la calle, en una particular acampada con misas, tiendas que parecen totalmente nuevas y en la que algunos manifestantes se guardan el sitio mientras se lavan, descansan e incluso pasan la noche fuera del campamento.

El Presidente insinuó que muchos de los miembros de este movimiento se van por la noche a dormir a “hoteles”.

El plantón del Frena. Foto: Sáshenka Gutiérrez, EFE.

“Tenemos el derecho de conseguir gente que nos ha estado prestando sus casas o rentamos unos cuartos para irnos a asear lo principal”, justificó Laura de los Santos, una manifestante proveniente de Monterrey, la capital del norteño y próspero estado de Nuevo León.

De los Santos afirmó, desde su tienda, montada justo al pie del Palacio de Bellas Artes y frente a una de las manadas de policía que cercan todos los accesos, que López Obrador quiere llevar a un país “libre y rico” de bajada, algo que no pueden permitir.

“La reivindicación es retirarlo (a López Obrador) por todo lo que ha hecho mal”, insistió tras llamarle “dictador” y acusarle de protagonizar “una farsa” con su manera de gobernar.

A su lado, Jessica Hernández puso el foco en la intención del presidente “de polarizar el país” y señaló que en el plantón se unen varias sensibilidades.

OTRAS REIVINDICACIONES

“Aquí hay diversidad cultural y social. Estamos gente de clase media-baja, hay gente de clase baja y gente de clase alta. Somos de todo tipo de personas”, enfatizó.

Algunos carteles repartidos por las tiendas de campaña daban la razón a Hernández, ya que otros colectivos -aunque en mucho menor número- han aprovechado la movilización para manifestar su malestar con el Gobierno actual.

Es el caso de Karina, una agricultora que llegó el sábado a la Avenida Juárez desde el norteño estado de Sinaloa con toda su familia para protestar porque el Ejecutivo la dejó este año sin ayudas y no pudo sembrar “por falta de recursos”.

“Los rateros de antes sí nos daban de perdida la ayuda para un tractor. Nos daban una parte, no les digo todo, y estábamos inconformes de todos modos porque era muy poco lo que nos daban. Este señor nos prometió mucho más y no nos dio nada”, se quejó.

Karina confesó que creyó en López Obrador antes de llegar al poder, pero que esa fe ya se esfumó ante sus últimas acciones, como confiar en una consulta popular la decisión de enjuiciar a expresidentes en vez de acudir a la Fiscalía.

“Cada día está peor este señor, va de mal en peor. Cada día se ríe del pueblo. El Gobierno es un pan y circo”, aseguró, convencida de que el plantón no se levantará hasta que López Obrador abandone la presidencia.

El mandatario, en cambio, no se siente intimidado por este pulso y aseguró que los manifestantes tendrán que esperar, al menos, hasta 2022, cuando está previsto un referéndum para decidir si López Obrador debe concluir su presidencia.