A estas alturas de nuestras vidas y después de todo lo que hemos pasado, creo que ya nunca volverás. Pero más seguro estoy de que si vuelves a aparecer en mi vida, con toda la tristeza que puede acumularse entre mis “para siempre” imaginarios y tus “nunca” definitivos, que ya no tengo amor para confiar en ti y no me quedan ganas de creerte.

Ciudad de México, 28 de marzo (SinEmbargo).- A estas alturas de nuestras vidas y después de todo lo que hemos pasado, creo que ya nunca volverás. Alguna vez un amigo me dijo que aceptar las cosas a medias es hacerse amigo del fracaso. Y estoy seguro de que hoy me pediría dejar de mantener la esperanza en una mentira. Me sugeriría soltar esa ilusión para poder mirar de frente a la realidad.

Estoy consciente de que yo tengo la culpa y que en mi afán de tenerte cerca, he visto tu rostro en el de muchas otras. Incluso las he amado como si de ti se tratase. Vivo anclado a un “para siempre” inventado, que navega cada vez más a prisa hacia ese “nunca” que se vuelve eterno.

De cualquier forma, creo que debes saber que lo intenté. Que con el pretexto del amor a primera vista, he ido tras mujeres que no tienen ni la mitad de las sobras que tú me regalabas. He solventado borracheras de quienes sólo ofrecen compañía, escrito poemas a mujeres ciegas y sordas. He besado a casadas sólo para lamer las orillas del compromiso. Te imagino vestida de blanco para iluminar la oscuridad de tu ausencia.

He obsequiado chocolates y ramos de flores, soy capaz de recordar fechas importantes, he nombrado constelaciones mientras acaricio una mano, me he convencido que ahí, donde sólo existe nubes, hay un montón de figuras idiotas. He viajado en tren dormido en el hombro de otra, la misma que hizo que se me quitara el miedo cuando viajamos en avión. He seguido rutas desconocidas con la ilusión de no volver a caer en tu precipicio.

No tienes ni idea de cuántas noches he soñado con otro encuentro casual, cuántos amaneceres he odiado por no tenerte a mi lado. No sabes cuánta culpa tienes del daño que le he hecho a mi hígado y a mis pulmones. No sabes cuántas vueltas he dado en el colchón antes de dormir, todas en tu nombre. Ojalá supieras cuánto esperma he derramado en dirección opuesta a la de tu existencia.

He prometido cosas que sólo podría cumplirte a ti. He cometido los mismos errores que cometería contigo. Me he dirigido a ti por otros nombres. He obligado a mi mundo girar alrededor de otras caderas. He sufrido por otras ausencias. He librado guerras entre otras piernas y he conseguido la paz en otros labios.

Hay ocasiones en las que podría apostar que he dejado de extrañarte y he podido ser feliz sin estar a tu lado diciéndole a otros oídos cuánto tiempo he esperado para tenerlos, como si tú por fin hubieras caído entre mis brazos. Luego recapacito y estoy seguro que eso nunca fue cierto, que lo único que sucede es que estoy solo y tú con el hombre equivocado.

A estas alturas de nuestras vidas y después de todo lo que hemos pasado, creo que ya nunca volverás. Pero más seguro estoy de que si vuelves a aparecer en mi vida, con toda la tristeza que puede acumularse entre mis “para siempre” imaginarios y tus “nunca” definitivos, que ya no tengo amor para confiar en ti y no me quedan ganas de creerte.