La Organización Mundial de la Salud (OMS) registró hoy 566 mil nuevos casos de COVID-19, por lo que el total desde el inicio de la pandemia ascendió a 61.6 millones. Los fallecidos llegaron a 1.44 millones, 11 mil de ellos registrados en la última jornada, una tasa diaria que aún es de las más altas de todo el año.

Ciudad de México, 29 de noviembre (EFE/RT/SinEmbargo).- La misma semana en que China informó que ha vuelto a detectar coronavirus en el embalaje de pescado congelado procedente del extranjero, científicos del mundo aportan hipótesis que tratan de explicar el origen de la COVID-19

De acuerdo con la narrativa de autoridades, agencias y medios de comunicación en el mundo, el primer caso de COVID-19 fue detectado en Wuhan, China, el 17 de noviembre de 2019, y para diciembre ya había reportes de que el Gobierno de ese país reprimía a los médicos que alertaban al planeta sobre la pandemia.

De acuerdo con datos publicados por el diario The Guardian, en 2019 fueron detectados 266 casos positivos de COVID-19 en China. Los primeros enfermos quedaron registrados semanas antes de que las autoridades se atrevieran a informar sobre la aparición del virus.

South China Morning Post señala que fue un hombre de 55 años el primero que se infectó en la provincia de Hubei, en Wuhan. Esa información no ha sido verificada por ninguna fuente oficial.

Van millones de contagios. Foto. AP.

EN 4 CONTINENTES ANTES

Tras varios meses de debate sobre el origen de la pandemia, un nuevo estudio sugiere que el nuevo coronavirus pudo estar presente en varios continentes antes de ser detectado en Wuhan, China, donde hasta el momento se cree que comenzó el brote, informa SCMP.

Los resultados de la investigación, liderada por Shen Libing, del Instituto de Ciencias Biológicas de Shanghái, fueron publicados recientemente en la plataforma de preimpresión de la revista médica The Lancet. Los expertos apuntan a que la primera transmisión humana puede haber tenido lugar en el subcontinente indio.

Esta no es la primera vez que la comunidad científica presume otro lugar de origen. De hecho, la semana pasada un estudio también encontró evidencia de anticuerpos contra el SARS-CoV-2 en muestras de sangre tomadas en Italia en septiembre de 2019 para un examen de detección de cáncer en el país, es decir, tres meses antes de que se informe sobre el primer caso en el gigante asiático.

Siguiendo esta línea, el equipo de investigadores en China analizó el problema y concluyó que el coronavirus ya existía en otras partes del mundo antes de encender las alertas en Wuhan.

“Nuestro resultado muestra que Wuhan no es el lugar donde ocurrió por primera vez la transmisión del SARS-CoV-2 de persona a persona”, reza el texto del estudio, agregando que antes de extenderse a la ciudad china, el nuevo coronavirus “ya había experimentado una evolución adaptativa […] tres o cuatro meses antes del brote de Wuhan”.

Esta imagen de microscopio cortesía de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos muestra partículas esféricas de coronavirus del primer caso de COVID-19 en Estados Unidos. Foto: C.S. Goldsmith, Tamin, CDC vía AP

Esta imagen de microscopio electrónico dada a conocer por el Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas muestra una partícula del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 aislada de un paciente, en un laboratorio en Fort Detrick, Maryland. Foto: NIAID/NIH vía AP

Libing y sus colegas utilizaron un nuevo método que simplemente cuenta el número de mutaciones en cada cepa viral. En este sentido, las cepas con más mutaciones han existido durante más tiempo, y aquellas con menos mutaciones están más cerca del ancestro original del SARS-CoV-2.

Bajo esta premisa, el equipo encontró que algunas cepas correspondientes al subcontinente indio tenían menos mutaciones que la primera recolectada en Wuhan. Asimismo, hallazgos similares se replicaron en ocho países de cuatro continentes: Australia, Bangladés, Grecia, EU, Rusia, Italia, India y República Checa.

Finalmente, los científicos señalaron que su hallazgo ayuda a esclarecer la transmisión temprana y la evolución del SARS-CoV-2 en huéspedes humanos, proporcionando una “nueva forma de pensar para el manejo global de la pandemia de la COVID-19”.

No obstante, algunos especialistas consideran que hay fallas en los principios de la investigación, y que el software utilizado contaba con estándar esperado para este tipo de análisis filogenético.

EL VIRUS DEL NORTE DE ITALIA: EXPERTO

El bioquímico alemán Alexander Kekulé ha reiterado esta semana su opinión de que el nuevo coronavirus que actualmente afecta a tantos países es “una variante que en realidad solo apareció en el norte de Italia”.

Así lo ha declarado en el programa de entrevistas Markus Lanz del canal ZDF, cuando le pidieron que aclarara sus palabras de que el virus que está en auge en todo el mundo “no es el virus de Wuhan”, sino que “es el virus del norte de Italia”, tal como lo escribió en su libro sobre la COVID-19 y la actual pandemia, recientemente publicado en noviembre.

Kekulé afirmó que hoy en día el 99.5 por ciento de todos los casos del COVID-19 se pueden rastrear genéticamente hasta el virus del norte de Italia, e incluso que los casos actuales en China son importados desde Europa y el resto del mundo.

Sin embargo, cuando le preguntaron si los chinos tienen razón cuando dicen que los europeos son culpables de la pandemia mundial, respondió que no, porque “el virus se habría extendido por todo el mundo aún así”, con la única diferencia de que en Wuhan no sabían que hacer, mientras que durante el brote en el norte de Italia el mundo ya contaba con las primeras advertencias desde China.

El mundo espera la vacuna. Foto: EFE.

Millones se contagiaron en 2020. Foto: EFE.

EL VIRUS SÍ MUTÓ

¿Que el coronavirus mutó? Sí, mutó. Ahora no hay duda de eso. Lo dice un reportaje publicado hoy en The New York Times que cita un número importante de estudios científicos. Pero antes lo había advertido un estudioso español. El SARS-CoV-2 que circula en el mundo es una versión mejorada que se propaga con más facilidad.

Los periodistas James Glanz, Benedict Carey y Hannah Beech narran en el diario que a medida que el coronavirus se extendió por todo el mundo, se detectaron alteraciones aleatorias en su secuencia genética. “Al igual que los errores tipográficos sin sentido en un script, la mayoría de esas mutaciones no marcaron ninguna diferencia en el comportamiento del virus”.

David Engelthaler, genetista del Instituto de Investigación de Genómica Traslacional de Arizona, le dice a The New York Times: “Podría ser que esta mutación sea la que provocó la pandemia”.

Pero una mutación cerca del comienzo de la pandemia sí marcó la diferencia, dicen. Citan varios hallazgos nuevos. “Esto ayudó a que el virus se propagara más fácilmente de persona a persona y dificultó la detención de la pandemia. La mutación, conocida como 614G, se detectó por primera vez en el este de China en enero y luego se extendió rápidamente por Europa y la ciudad de Nueva York. En unos meses, la variante se apoderó de gran parte del mundo, desplazando a otras variantes”.

Durante meses, los científicos han estado debatiendo ferozmente por qué, dice el reportaje del Times. “Los investigadores del Laboratorio Nacional de Los Alamos argumentaron en mayo que la variante probablemente había desarrollado la capacidad de infectar a las personas de manera más eficiente. Muchos se mostraron escépticos, argumentando que la variante pudo haber sido simplemente coincidencia y que apareció más a menudo por casualidad en grandes epidemias, como la del norte de Italia, que sembró brotes en otros lugares”.

Ahora, una gran cantidad de nuevas investigaciones incluyen un análisis genético detallado de los brotes y el trabajo de laboratorio con hámsteres y tejido pulmonar humano. Y respaldan la opinión de que el virus mutado sí tenía una clara ventaja: infectó a las personas más fácilmente que la variante original detectada en Wuhan, China.