Reche ha estudiado las vacunas pediátricas, desde la hepatitis B, al poliovirus, el sarampión, la varicela o la triple vírica, para conocer los antígenos que las componen y compararlos con los del SARS-Cov-2. Las mayores coincidencias y que tienen reactividad se ven en la DTP.

Madrid, 30 oct (EFE).- La vacuna para la difteria, tétanos y tos ferina (DTP) que se administra a los niños puede generar una inmunidad cruzada que protege a los pequeños frente al SARS-Cov-2, según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid que publica la revista Frontiers in Immunology.

El artículo firmado por el inmunólogo Pedro Reche y realizado con métodos computacionales identifica la “existencia de una extensa inmunidad cruzada” entre el virus SARS-CoV-2 y antígenos presentes en la vacuna triple bacteriana DTP.

Esta inmunidad cruzada permitiría activar respuestas protectoras frente al coronavirus que produce la COVID-19 mediadas por linfocitos T CD8 y CD4 y por linfocitos B, en individuos vacunados.

Reche recuerda a Efe que la COVID-19 afecta especialmente a ancianos, mientras que lo hace muy poco y de forma normalmente leve a los niños, sin embargo, cuando surge un virus nuevo, normalmente los pequeños suelen estar entre los más afectados.

El inmunólogo se planteó en el estudio, que realizó durante el confinamiento, cuáles eran las diferencias entre niños y adultos y eligió como hipótesis de trabajo que los primeros reciben vacunas desde los dos meses.

La DTP se aplica mundialmente durante el primer año de vida (3 a 4 dosis) con un refuerzo a los 4-6 años y una dosis de baja carga antigénica a los 9-14 años pudiendo inducir una fuerte memoria inmunitaria con reactividad cruzada frente al virus.

Dicha inmunidad seguramente decae con el tiempo, correlacionándose con la severidad con la que se muestra la COVID-19 conforme aumenta la edad de los pacientes, alcanzando su máximo en la población geriátrica.

El sistema inmunitario, en general, no reconoce de forma global los patógenos o las vacunas, sino que reconoce pequeños fragmentos de antígenos (epítopos).

Reche ha estudiado las vacunas pediátricas, desde la hepatitis B, al poliovirus, el sarampión, la varicela o la triple vírica, para conocer los antígenos que las componen y compararlos con los del SARS-Cov-2. Las mayores coincidencias y que tienen reactividad se ven en la DTP.

La memoria inmunológica se genera frente a los epítopos que están en la vacuna y esta es la que responde cuando el sistema inmunitario vuelve a ver esos mismos en el coronavirus, agrega el inmunólogo.

Esto ocurre “principalmente en los niños pues, conforme vamos envejeciendo, esa inmunidad se va perdiendo”.

El investigador estima que sería recomendable considerar el uso de esta vacuna o alguno de sus derivados de menor carga antigénica en la población general y así potenciar la respuesta inmunitaria frente a SARS-CoV-2.

A pesar de que la DTP se administra globalmente, existen diferentes versiones (celular y acelular) y el estudio muestra una mayor incidencia de la severidad de la COVID-19 en los países, incluyendo España, donde se administra la DTP acelular.