Nubarrones sobre Trump. Su popularidad cae. La guerra en Irán se vuelve impredecible

03/03/2026 - 1:08 pm

A casi medio siglo de prohibir los asesinatos políticos, Estados Unidos eliminó al líder iraní y ahora enfrenta críticas internas en pleno año electoral.

Ciudad de México, 3 de marzo (SinEmbargo).– Hace cincuenta años, en febrero de 1976, el Presidente de Estados Unidos (EU) Gerald Ford firmó la Orden Ejecutiva 11905, que disponía que “ningún empleado del gobierno de los Estados Unidos participará ni conspirará para cometer asesinatos políticos”.

El sábado, sin embargo, en una operación conjunta con Israel, Estados Unidos mató al líder supremo de Irán, el Ayatolá Alí Jamenei. Por primera vez en la posguerra, Washington ha logrado matar a un líder extranjero, rompiendo un precedente que se había mantenido durante décadas gracias a una combinación de preocupaciones morales, políticas y logísticas.

Esto tiene enormes consecuencias cuando han pasado apenas unos días. Donald Trump está listo para expandir su guerra contra Irán, pero las cifras ya muestran lo impopular que es. Seis de cada 10 estadounidenses desaprueban la acción militar de Estados Unidos contra Irán, según una nueva encuesta de CNN. El 56 por ciento de los estadounidenses piensa que el Presidente estadounidense está demasiado dispuesto a usar la fuerza militar, según una encuesta de Reuters/Ipsos realizada durante el fin de semana.

Popularidad en caída y objetivos poco claros

La guerra se extiende y el futuro de Trump, en un año electoral, se nubla. La experimentada periodista de The New Yorker Susan B. Glasser se pregunta: ¿Podrá Donald Trump ganar una guerra contra Irán si no puede explicar por qué la inició? Hasta ahora, dice, “las explicaciones son pocas y los objetivos (desde un cambio de régimen hasta el fin de un programa nuclear que el Presidente ya afirmó haber ‘aniquilado’) son muchos”.

La pregunta de por qué Trump hizo esto podría ser casi tan difícil de responder como qué espera lograr, agrega Glasser más adelante en su texto. “Para un líder obsesionado con el legado que busca oportunidades para escribir su nombre en los libros de historia, la oportunidad de derrocar un régimen que ha atormentado a los presidentes estadounidenses desde 1979 puede haber sido simplemente demasiado tentadora como para rechazarla. Sobre todo porque Trump se ha acostumbrado a la adrenalina de sus repetidos despliegues de fuerzas estadounidenses por todo el mundo, relativamente de bajo riesgo y altamente gratificantes”.

La periodista de The New Yorker añade: “El Presidente más machista de Estados Unidos siempre se ha sentido atraído por las espectaculares demostraciones de poder militar; en su primer año de regreso al cargo, ordenó ataques contra siete naciones diferentes, más que cualquier otro Presidente moderno. El año pasado, cuando Trump insistió en renombrar el Departamento de Defensa como Departamento de Guerra, a pesar de no tener la autoridad legal para hacerlo, podría haber parecido una nota discordante viniendo de un desertor que, en aquel entonces, insistía en autoproclamarse el ‘Presidente de la PAZ’. Pero, para mí, fue el momento en que este conflicto adquirió cierta inevitabilidad: cuando creó el Departamento de Guerra, tarde o temprano tendría que librar una guerra de verdad”.

Richard Heinberg, investigador principal del Post Carbon Institute y autor de 14 libros, incluyendo su Poder: Límites y perspectivas para la supervivencia humana, escribe en Common Dreams, otro medio alternativo e identificado con la izquierda en Estados Unidos: “Trump y el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu pueden desfilar ante las cámaras como ganadores, pero apestan a perdedores: perdedores morales, espirituales y tácticos. Dan lástima porque están desesperados, y están desesperados porque sus reinos se están muriendo. El dolor de madres y padres no significa nada para criaturas como estas”.

Trump rompe precedente y cae en encuestas.
Encuestas nacionales muestran creciente desaprobación a la decisión militar de la Casa Blanca.

Trump y Netanyahu son simplemente “los últimos líderes vomitados de una corriente cuyo nombre es ‘colonialismo’. Su origen no reside en la cultura ni en las creencias de las antiguas tribus judías. Esta corriente se remonta a los caciques y chamanes paganos de la Europa precristiana. Resuena con el sonido de calderos, cañones y las campanas de la iglesia del inquisidor. Si algunos de sus propios hijos también deben ser sacrificados, que así sea”, escribe.

Una vez más, agrega Heinberg, “los manifestantes prodemocracia han sido traicionados por bombas de fabricación estadounidense. Los ataques de países extranjeros casi siempre fortalecen a sus líderes actuales y debilitan los movimientos de protesta. No hay razón para pensar que esta vez será diferente. Jamenei es casi con certeza más poderoso en su martirio que en los últimos meses de su vida. Los manifestantes ahora deben esperar la inevitable traición. Ojalá encuentren solidaridad en las personas justas de todo el mundo”.

“Si la opinión pública tuviera una fuerte influencia en la política exterior de Estados Unidos, entonces esto sería un indicador rojo intermitente de que la nueva guerra no es sostenible ni deseable: una campaña destructiva en todos los sentidos”, dice Jonathan Guyer en un texto publicado hoy en The Prospect.

“No está claro cómo la caída libre de la opinión pública acabará manifestándose en resistencia a la guerra con Irán u otras guerras aparentemente inminentes. Todavía no ha habido protestas masivas en las ciudades estadounidenses contra esta nueva guerra de agresión. El impacto político de las políticas militaristas previas de Trump ha sido limitado. Sin embargo, el efecto bumerán de Irán, con el potencial de que mueran más militares estadounidenses, los precios del petróleo por las nubes y muchas incógnitas desconocidas, podría ser que los estadounidenses terminen preocupándose mucho por la política exterior”, señala.

 

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Redacción/SinEmbargo

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