Ciudad de México, 23 de marzo (SinEmbargo).– El regreso de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos propició un “éxodo masivo de científicos” de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés), el mayor financiador público de investigación biomédica en el mundo. Esto ocurre a la par que Robert F. Kennedy Jr., titular del Departamento de Salud y Servicios Humanos, ha arremetido especialmente contra los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), una agencia federal encargada de salvaguardar la salud pública de ese país.
Datos federales expuestos por KFF Health News, una organización sin fines de lucro, muestran que los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos perdieron alrededor de 4 mil 400 personas, más del 20 por ciento de su fuerza laboral. A su vez, The New York Times refiere cómo Kennedy ha calificado a los CDC como “la agencia más corrupta del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y quizás del gobierno”, y ha defendido enérgicamente los despidos masivos llevados a cabo por DOGE, la empresa de Elon Musk. En ese sentido, señala que al menos 2 mil 400 empleados —es decir, el 18 por ciento del personal de los CDC— han sido despedidos o han renunciado desde enero de 2025.
Frente a ello, la Universidad Aix-Marsella lanzó en marzo de 2025 la iniciativa Safe Place for Science con el objetivo de ofrecer refugio a investigadores que buscaban salir de Estados Unidos ante los recortes y restricciones impulsados por la Administración de Donald Trump. La propuesta tuvo un éxito inmediato: recibió alrededor de 300 solicitudes dentro del plazo y otras 600 fuera de tiempo, evidenciando que el país, históricamente líder en atracción científica, comenzaba a perder atractivo, mientras Europa veía una oportunidad para captar talento.
En respuesta, la Unión Europea y varios países impulsaron otros programas para atraer científicos. La Comisión Europea, encabezada por Ursula von der Leyen, lanzó Choose Europe for Science con unos 500 millones de euros, mientras España, Alemania, Austria y otros países desarrollaron iniciativas similares. Programas como Atrae en España duplicaron solicitudes desde EU, y Alemania reportó un aumento del 32 por ciento en permisos de residencia para estadounidenses, reflejo de una creciente fuga de cerebros, reporta El País.

El fenómeno responde a un deterioro progresivo del entorno científico en Estados Unidos. Investigadores como Alka Patel relatan que la decisión de abandonar el país se gestó desde antes del regreso de Trump, pero se consolidó con recortes presupuestarios, despidos y restricciones en áreas como el cambio climático. Incluso algunos científicos recurrieron a comunicaciones encriptadas para postular a programas europeos, por temor a represalias.
Francia ha sido uno de los países más activos en esta estrategia, complementando iniciativas universitarias con programas nacionales como Choose France for Science. Instituciones como la Universidad Paris-Saclay han ampliado su capacidad para recibir investigadores, con financiamiento público y privado. Estos programas ofrecen estancias de hasta tres años, con posibilidad de extensión mediante financiamiento europeo, consolidando a Europa como un nuevo polo de atracción científica frente al debilitamiento del sistema estadounidense.
La semana pasada, un informe del Instituto V-Dem de Suecia, un organismo independiente que sirve como sede del Proyecto V-Dem, reveló que Trump ha llevado a Estados Unidos a un proceso de “autocratización” sin precedentes, que ha hecho retroceder la democracia en ese país unos 60 años.
Los datos de V-Dem muestran una caída sustancial en la libertad de expresión académica, que incluye la reducción de la autonomía, la restricción de la libertad para investigar y enseñar, la politización del contenido educativo y el uso de los fondos federales como herramienta de presión.
A esto se suma que, a inicios de marzo, Partnership for Public Service —una organización no partidista con sede en Washington, D.C.— informó que casi 95 mil empleados del sector científico abandonaron el gobierno tras los recortes impulsados por la administración Trump.
El reporte también reveló una caída significativa en la inversión científica federal en Estados Unidos durante el año fiscal 2025, con 16 mil 500 millones de dólares en contratos de investigación y desarrollo —un 23 por ciento menos que en 2024— y una reducción del 24 por ciento en subvenciones, que quedaron en 112 mil 600 millones. Según la organización, estas disminuciones responden a decisiones de la administración de Donald Trump que han frenado avances científicos clave, incluidos los relacionados con la salud pública, y han afectado a instituciones académicas y de investigación.
En el ámbito de la salud, los recortes han sido especialmente severos: el gasto en contratos de investigación en los CDC cayó 79 por ciento, mientras la agencia perdió cerca de una cuarta parte de su personal en medio de inestabilidad interna. Estos ajustes ponen en riesgo la capacidad de respuesta ante amenazas sanitarias. Aunque hubo aumentos puntuales, como en la FDA, el balance general apunta a un debilitamiento de la infraestructura científica vinculada a la salud pública.
En ese sentido, KFF Health News documenta un éxodo significativo de científicos de los NIH tras la agitación política de 2025. Al menos una docena de investigadores entrevistados afirmaron haber dejado sus puestos antes de lo previsto, en un contexto donde “la administración Trump lo hizo insostenible”, según relató la científica Alexa Romberg, quien abandonó una carrera que pensaba mantener a largo plazo.
El crecimiento sostenido del personal se revirtió abruptamente. Tras pasar de unos 17 mil 700 empleados en 2019 a cerca de 21 mil 100 en 2024, la plantilla cayó a alrededor de 17 mil 100, “su nivel más bajo en al menos dos décadas”. Aunque hubo despidos y presiones, la mayoría de salidas fueron voluntarias o por jubilación: “aproximadamente 4 de cada 5 se jubilaron, renunciaron, terminaron sus nombramientos o encontraron otro trabajo”, reflejando un deterioro estructural más que un recorte directo.
Los científicos describieron un entorno de trabajo paralizado por decisiones políticas. Señalaron que se cancelaron financiamientos en áreas consideradas “prohibidas”, mientras que “el trabajo rutinario se detuvo” y surgieron obstáculos operativos: retrasos en suministros, viajes restringidos y limitaciones en la comunicación externa. Además, con la eliminación de políticas de diversidad, equidad e inclusión, se suprimieron referencias a minorías y programas clave de salud pública, lo que llevó a algunos investigadores a denunciar un gobierno “que trata la ciencia no como un proceso para construir conocimiento, sino como un medio para impulsar su agenda política”.
Desde el gobierno, el Departamento de Salud defendió los cambios como un “reinicio importante”. La vocera Emily Hilliard afirmó que se busca priorizar la evidencia sobre “agendas ideológicas” y “volver a los niveles de empleo previos a la pandemia”. Sin embargo, investigadores como Daniel Dulebohn discrepan y advierten que “ha habido una destrucción fundamental” que tomará años revertir. “No sabemos lo que hemos perdido”, añadió, al subrayar el impacto invisible de investigaciones interrumpidas.

Al respecto, The New York Times destaca cómo Kennedy pretende transferir gran parte de los CDC a una nueva entidad, la Administración para una América Saludable. Los críticos del secretario afirman que su verdadero objetivo no es reformar la agencia, sino desmantelar los programas nacionales de vacunación, en los que los CDC desempeñan un papel fundamental.
La periodista del Times, Jeneen Interlandi, entrevistó a más de 40 personas que trabajan en los CDC o que dejaron sus puestos durante el segundo mandato de Trump. Según sus testimonios, los científicos están siendo marginados, los nombramientos políticos están tomando el control y una institución vital de salud pública se está convirtiendo en un instrumento ideológico.
En junio, Kennedy destituyó a los 17 miembros con derecho a voto del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) —un grupo de médicos y científicos que elabora recomendaciones sobre vacunas— y los reemplazó en gran medida con personas afines a su postura.
La exdirectora de los CDC, Susan Monarez, afirmó que fue despedida por negarse a aprobar cambios en las recomendaciones sobre vacunas sin revisar la evidencia científica. Kennedy lo ha negado. Un portavoz de Trump declaró que ella “no estaba alineada con la agenda del Presidente de hacer que Estados Unidos vuelva a ser saludable”. En su lugar, Trump nombró al subsecretario de Salud, Jim O'Neill, como director interino, pese a carecer de formación médica y experiencia en salud pública.
Apenas la semana pasada, un juez federal bloqueó partes clave del esfuerzo de Robert F. Kennedy Jr., para reformar la política de vacunación de EU, incluida una medida para reducir la cantidad de dosis que se recomiendan de forma rutinaria para los niños. “No creo que se entienda bien que no veremos las consecuencias de todo esto hasta que Trump ya no esté en el poder. Nos estamos preparando para una generación de problemas que podríamos evitar. Es muy difícil hacerle entender a la gente que el hecho de que ahora mismo puedan acceder a las vacunas, tanto para ustedes como para sus hijos, no significa que sus nietos las vayan a tener”, dijo Abby Tighe, exasesora de salud pública en la división de prevención de sobredosis.
Otros expertos externos alertaron sobre consecuencias estructurales. La académica Laura Stark advirtió a KFF Health News que los recortes impulsarán la investigación hacia el sector privado “con fines de lucro, en lugar de realmente ayudar a la salud de los estadounidenses”. Casos como el de Jennifer Troyer ilustran el daño institucional: su división perdió “cerca de dos tercios de su personal”, y concluyó que “realmente no hay suficientes personas allí ahora para hacer el trabajo… es un daño extremo”.
Finalmente, los efectos ya alcanzan áreas críticas como las enfermedades infecciosas. El científico Philip Stewart se retiró anticipadamente tras 27 años, denunciando obstáculos que le impedían continuar investigaciones sobre Lyme: “¿En qué momento dices finalmente: ‘ya es suficiente’ y ‘ya no estamos siendo efectivos’?”.
En conjunto, especialistas advierten que Estados Unidos podría perder su liderazgo global en investigación biomédica, con riesgos duraderos, ya que “no hay garantía de que la investigación que se ha frenado se retome en otro lugar”.





