Ciudad de México, 29 de abril (SinEmbargo).– La Inteligencia Artificial (IA) no es solo una innovación tecnológica más: es, en palabras del jurista Pedro Salazar, una fuerza que está reconfigurando las bases del poder, la política y la vida cotidiana. En ese sentido, el investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM propone en su libro Totalitarismo total (Taurus) una lectura crítica sobre los alcances de esta tecnología.
“Esta tecnología permite la mayor concentración de poder que hayamos imaginado jamás los seres humanos”, sostuvo Salazar. Su diagnóstico parte de una idea central: la IA no solo transforma procesos, sino que reorganiza las estructuras económicas, políticas e ideológicas a escala global.
El autor explicó al respecto que las grandes compañías tecnológicas no solo acumulan riqueza sin precedentes, sino que también influyen en la construcción del imaginario colectivo. “Tienes poder político, económico e ideológico totalmente concentrados”, advirtió, lo que representa “una amenaza para las libertades de las y los ciudadanos de a pie”.
En este contexto, retomó las reflexiones de Yuval Noah Harari para subrayar una paradoja: los sistemas que parecen más poderosos podrían ser, en realidad, los más vulnerables. “Es mucho más fácil derrocar un régimen con el poder concentrado en una o muy pocas personas que uno con poderes distribuidos”, explicó aludiendo al riesgo de que los propios algoritmos socaven esas estructuras.
Para Salazar, la inteligencia artificial generativa marca un antes y un después en la historia humana: “El futuro va a ser muy diferente al que imaginábamos hace apenas una década”, comentó. Y será, además, profundamente desigual: “Quienes tienen mayor acceso a la tecnología tendrán una posición de mayor poder relativo frente a quienes no”.
Uno de los puntos más críticos de los que habló fue en relación a la falta de regulación efectiva. “No hay una entidad global que pueda regular la inteligencia artificial”, apuntó. Mientras China impulsa un modelo centrado en el control estatal y Estados Unidos apuesta por la no regulación, Europa intenta —sin éxito pleno— establecer marcos basados en derechos.
“El problema es que este fenómeno se mueve a una velocidad impresionante”, refirió. “Lo que hoy discutimos, mañana ya está rebasado”.




