Hay que seguir hablando sobre el abuso infantil: Ximena Santaolalla ¬ ENTREVISTA

28/04/2026 - 6:55 pm

Ximena Santaolalla habla en Un jardín al fondo de la noche del abuso infantil en el hogar. Su novela muestra consecuencias en infancia y adultez, y la impunidad familiar e institucional.

Ciudad de México, 28 de abril (SinEmbargo).– “Hay que seguir hablando de esto y hay que seguir escribiendo sobre esto, no porque haya mucho quiere decir que hay que detenernos. Una de cada cinco niñas y uno de cada trece niños será víctima de abuso sexual antes de los 18 años, y más de la mitad de los abusos sexuales ocurren en el hogar. Es difícil la aceptación de que algo puede pasar en un entorno tan cercano que tendría que ser de confianza, es casi insoportable de concebir, pero sucede y sucede bastante”, comentó en entrevista Ximena Santaolalla al hablar sobre su más reciente novela Un jardín al fondo de la noche (Random House).

Santaolalla narra en esta novela la historia de Guinea. Primero como una niña que crece en un entorno familiar atravesado por la violencia y el abuso, donde aquello que debería ser un espacio de protección se convierte en un lugar hostil que ella no puede nombrar del todo, pero sí sentir. Y posteriormente como una adulta que se ve inmersa en situaciones violentas y desagradables.

De esta manera, la infancia de su protagonista es narrada con una voz que intenta reproducir la mirada y el lenguaje de una niña, y la adultez, donde se revelan las consecuencias de esas experiencias y agresiones tempranas. A través de este doble registro, la novela muestra cómo el abuso no solo marca el pasado, sino que moldea conductas, percepciones y relaciones futuras, incluso de manera inconsciente.

“Lo que me interesaba en un inicio era que una voz de una niña contara cómo es vivir en un entorno violento. A veces me he encontrado con libros donde no me convence la voz del niño o de la niña porque se escucha un poquito forzada. Entonces, siempre me ha interesado muchísimo trabajar las voces de niños. Ahorita lo hice y es bien difícil. Después conforme pasó el tiempo pensé que sería bueno meter la voz de la adulta de la misma persona, pero años después. Y también eso fue complicado porque tenía que encajar. Tenía que ser la misma persona, pero en diferentes momentos de su vida. Y sí, fue un reto”, comentó Santaolalla.

La autora expuso que quería mostrar las consecuencias de un abuso en la infancia, pero tratar de romper algunas creencias o prejuicios. “Hay muchas creencias que no están basadas en la realidad alrededor de esto. Y yo quería mostrar consecuencias que a lo mejor no están tan presentes en la mente en general y por eso me importaba mucho la Guinea adulta y poder ver que hay consecuencias más sutiles, que no identificaríamos que están ligadas con un abuso sexual en la infancia. Y que hay también algo que es horroroso, que es el repetir escenarios de violencia en el sentido de que la persona abusada se vuelve a poner en el lugar de la persona abusada, pero en la adultez, de forma inconsciente, como tratando de recrear la misma situación, tal vez para en esta ocasión salir mejor librada o salir victoriosa o arreglar las cosas, cosa que no sucede”, ahondó.

“Lo interesante de la novela es que mucha gente se va a poder identificar porque es un problema importante, es un problema serio. Yo me preguntaba mucho si valía la pena escribir sobre este tema en el sentido de que hay mucho escrito alrededor de esto y también hay muchas películas, hay bastante. Pero como sigue siendo un problema tan gigante y tan común, sí hay que seguir hablando de esto”, apuntó Santaolalla.

La novela de Ximena Santaolalla también pone en el centro la impunidad como un fenómeno que no solo depende de las instituciones, sino también de los entornos más cercanos. La autora señala que “la impunidad está sostenida también por la misma familia y la gente más cercana”, que muchas veces opta por “proteger al agresor” antes que confrontar la violencia. En ese contexto, advirtió que quienes rodean a la víctima “de alguna manera permiten que suceda el abuso”, ya sea por negación, por vínculos afectivos o incluso por intereses económicos, lo que termina por reforzar un sistema de silencio y encubrimiento.

A esta dimensión familiar sumó la falla institucional, donde la violencia se repite bajo otras formas. Santaolalla describió cómo su protagonista enfrenta nuevamente “esto de impunidad y de no creerle y de pues sí que no haya consecuencias para el agresor”, evidenciando la revictimización dentro de los sistemas de justicia. En ese sentido, la autora conecta su escritura con una tradición de denuncia y memoria, evocando a Cristina Rivera Garza y a Annie Ernaux, quien plantea que escribir puede ser también una forma de “vengarse o de vengar a los suyos”.

La autora reconoció que desde antes de escribir su primera novela tenía la idea de escribir esta historia, pero dudó por tratarse de un tema ampliamente abordado y porque “mucha de esta historia es autobiográfica”. Sin embargo, la necesidad de contarla terminó imponiéndose: “la tengo que escribir porque si eso es lo que ahorita está dentro de mí… y ya si no funciona pues la dejo en el cajón”. Aunque enfrentó rechazo inicial, fue el respaldo editorial lo que permitió que la obra finalmente viera la luz: “no la dejes guardada, sí hay que publicarla”.

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Obed Rosas

Obed Rosas

Obed Rosas es editor de la Unidad de Investigación y encargado de la sección de Libros de SinEmbargo, en donde también se ha desempeñado como Jefe de Mesa y Editor de Redes. Es Co-conductor de Poderos@s junto con Muna Dora, y de Siete Días, junto a Álvaro Delgado, programas de SinEmbargo Al Aire. Ha trabajado en otros medios como Expansión, Newsweek en Español y Revista Zócalo. Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM y estudió, además, Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios.

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