En un mundo acelerado, Grace Nehmad Amki subraya la necesidad de desacelerar y establecer un puente hacia nuestra esencia que se traza desde el arte.
Ciudad de México, 25 de febrero (SinEmbargo).– Tus frutas me alegran (Ediciones del Lirio) de Grace Nehmad Amkie no es solamente un libro: es un recorrido interior a nuestra humana. El proyecto —que entrelaza pintura, poesía, reflexión filosófica y canto— surge de una inquietud de la autora frente al momento histórico actual.
“El libro hablaba de que ya no tenemos un modelo que nos pueda ayudar en esta modernidad. Se han extinguido las posibilidades; tenemos cada vez más violencia y no sabemos cómo resolver”, explicó en entrevista. Ante ese panorama, su respuesta fue íntima: “Lo que tenemos que hacer es regresar a nuestra esencia, nuestro interior, es lo que nos está faltando. Estamos truncados”.
En ese sentido, las frutas se configuran como detonante simbólico y sensorial. “Las frutas fueron como un pretexto para volver a esa esencia nuestra a través del olor, del color”, afirmó Nehmad Amkie.

Para la artista, el ser humano ha perdido la conexión primaria con el mundo sensible: “Es como si tuvieras un pedazo de cerebro truncado. Necesitamos completarnos y tratar de regresar a eso que hemos perdido para tomar mejores decisiones”.
En ese regreso, el libro propone una experiencia que no es únicamente estética, sino reflexiva. “La idea es invitar a los lectores a que hagan este recorrido interior a través de la lectura. Son reflexiones filosóficas de Oriente y Occidente y también reflexiones a través de la pintura y la poesía de las frutas”.
Incluso el erotismo aparece como una dimensión natural de esa reconexión. “Al final sí hay algo de erotismo no como una parte puramente de sexo, sino este erotismo que nos une a nuestra esencia, esta esencia muy natural de nosotros que hemos perdido”.
La pintura primero, la palabra después
En el proceso creativo de Grace Nehmad Amkie, la imagen antecede a la palabra. “La relación siempre fue primero la pintura y después la poesía. La pintura ha sido siempre mi centro”, apuntó la artista.
Desde ahí, la poesía se erigió como un puente: “Es como si ese ambiente de la pintura fuera algo mucho más elevado, mucho más sensorial, y entonces a través de la poesía he querido aterrizarlo”.
Con el tiempo, esa búsqueda la llevó hacia formas más sintéticas: “He llegado al haiku al final, con mucho menos palabras cada vez y buscando una forma corta, resumida y directa”. La palabra, indicó, es una entrada: “Se supone que es como un camino de entrada… es más terrenal para mí la palabra. Lo que trato es de llevarte hacia la pintura a través de ella”.

El proyecto es resultado de años de exploración personal, de “un camino que ha comenzado desde hace muchos años con yoga, meditación, el arte, la búsqueda, la pintura, la escultura, la palabra”.
Parte de esa trayectoria, compartió, ha sido intentar reconciliar dimensiones aparentemente opuestas: “Tratar de relacionar el cerebro racional con el cerebro sensitivo y hacer esta conjugación para aterrizar y llegar más profundo”.
De esta forma, la fusión entre imagen y palabra es, para ella, un diálogo constante. “Representan un aspecto más racional y un aspecto más sensitivo, aunque la poesía sea también muy sensorial, al final para mí es mucho más sensorial la pintura y la escultura”. Se trata de “tejer esos puentes y esa conexión”.Y la invitación queda abierta: regresar a la esencia, oler la fruta, sentir antes de decidir.



