Esta historia comenzó hace dos décadas, cuando los jornaleros de la región agrícola de La Florida se organizaron para orillar a las cadenas estadounidenses de comida rápida a respetar sus derechos. Sus batallas continúan.

 Por Kau Sirenio

Immokalee, Florida, 7 de diciembre (PieDePágina).- Catorce años después, en una silla giratoria negra, Julia De la Cruz se esfuerza por reconstruir en su memoria la historia que inició en 2005, cuando decidió olvidar los caminos polvorientos de su pueblo en Costa Chica de Guerrero, para iniciarse como jornalera agrícola en los surcos de Florida. La plática con Julia sucede en las oficinas de la Coalición de Trabajadores de Immokalee, donde ahora combina activismo con la pisca de hortalizas.

Cuando Julia dejó su pueblo no había carretera ni servicios básicos. “Por inseguridad no te puedo decir cómo se llama mi pueblo”, advierte; sin embargo, su acento la delata.

La región donde Julia nació estaba sumida en pobreza extrema y la violencia institucional en contra de las comunidades indígenas de la Costa Chica. La probabilidad de vida era mínima, tan es así que los hermanos de la jornalera empezaron a piscar jitomate en los campos agrícolas de Sinaloa, desde que cumplieron ocho y 10 años de edad.

“Llegué aquí hace 13 años, era muy joven. Me hubiera gustado quedarme en México, pero no había condiciones, nomás de escuchar a mi mamá cuando me contaba la experiencia que vivió en Sinaloa me parte el corazón”, suelta con voz de nostalgia.

Entre los recuerdos que la jornalera fue hilando destaca su incorporación a la Coalición de Trabajadores de Immokalee, espacio donde aprendió a defenderse de los acosos sexuales en los surcos, pero sobre todo, “la conciencia”, como ella define su aprendizaje.

EL INICIO DEL ACTIVISMO

La guerrerense no es la única que trabaja en el sur de Florida. En el camino hizo amistad con el zacatecano Gerardo Reyes Chávez, quien salió de su comunidad ilusionado de encontrar mejores condiciones de vida en los Estados Unidos y terminó de activista por los derechos humanos.

Julia y Gerardo tienen una lucha en común en Immokalee: acabar con la explotación laboral en los campos agrícolas de Florida. Para lograrlo se unieron a la Coalición para sepultar a lo que ellos denominan “esclavitud moderna”.

Inmmokalee es una comunidad agrícola, considerada la capital en la producción de tomates dentro de Estados Unidos.

“Cuando llegué aquí pensé que iba a ganar buenos dólares, pero no fue así, las cosas no son como te lo cuentan en México. La verdad, aquí conocí a jornaleros que trabajaban condición de esclavitud. En 1997 intervino el -Buró Federal de Investigación (FBI) por sus siglas en inglés- para que el caso llegara a la corte federal y el departamento de justicia. Los rancheros fueron procesados y encarcelados”, recuerda Reyes Chávez.

El jornalero dice que los rancheros tuvieron a jornaleros trabajando bajo amenazas de muerte, maltrato e intimidación. Agrega que las personas que llegaban reclutadas desde su lugar de origen eran los que sufrían los peores maltratos.

“Conocí por medio la Coalición historias de trabajadores que pagaban renta a los rancheros que además les cobraban cinco dólares para bañarse. Desde que llegué me involucré de lleno a la organización. En Immokalee llevo 18 años trabajando en diferentes cultivos: tomate, naranjas y sandías”.De la lucha de los jornaleros de Immokalee Gerardo es el más experimentado en el activismo. Desde que se involucró en la Coalición recorrió con sus compañeros gran parte de los Estados Unidos y juntos boicotearon a corporaciones de comida rápida para conseguir que firmaran códigos de conducta para acabar con maltratos, violación y acoso sexual.

Después de cuatro años de boicot, lograron que el corporativo Taco Bell firmara el convenio, y derivó en que otros corporativos lo hicieran en cascada sin oponer resistencia.

LOS JORNALEROS SE ORGANIZAN

“El mensaje que le enviamos a todos fue muy claro y preciso. Que no queríamos más a patrones violentos ni a contratistas abusivos. Esto ayudó a frenar un poco la violencia aquí en Immokalee, pero sigue ocurriendo en otros lugares donde los jornaleros no estaban organizados”, narra Gerardo.

Con estos antecedentes los trabajadores se organizaron en 1995 para demandar salario justo. En ese entonces una una compañía pagaba cubeta ¿cubeta de qué? entre 40 y 45 centavos y el salario mínimo apenas llegaba a 4.75 ¿la hora, ¿la jornada completa???.Había una compañía que dijo que no podían pagar ni siquiera el sueldo mínimo. Esto provocó que los jornaleros organizaran la primera huelga de una semana. Tres mil trabajadores dejaron los surcos.

Los obreros agrícolas aglutinados en el naciente Coalición de Trabajadores de Immokalee intentaron sentar a los rancheros a la mesa de trabajo para exponer sus demandas:: pago justo por cubeta, eliminar los abusos, violencia y trabajos forzados, pero los rancheros no llegaron.

La Corte Federal atrae el primer caso por esclavitud en 1997, hasta sumar nueve. Aún hay procesados, por cargos de esclavitud moderna bajo los términos que usa el Gobierno estadounidense.

Mientras avanzaban por la vía legal en la Corte, en Immokalee seis trabajadores se declararon en huelga de hambre por 30 días a finales de 1997. La demanda central era: instalación de mesa de diálogo con los dueños de las industrias agrícolas.

“Algunos compañeros venían de México, Guatemala, Haití, como jornaleros a estos campos agrícolas, pero tenía experiencia de lucha en sus países de origen. Esto ayudó de mucho. No iniciamos de cero” sonríe.

Cuando los rancheros vieron que los trabajadores agrícolas iban en serio con la conformación del movimiento de jornaleros, intentaron contener a los migrantes con ofertas salariales. Una compañía decidió subir el sueldo, pero el ofrecimiento apenas fue de 10 centavos.

“En 2000 intentamos de nuevo sentarnos a platicar con los rancheros, pero fue imposible. Así que organizamos una marcha de 234 millas, llegamos a la Estatua de la Libertad en New York, para darle la bienvenida a los migrantes. Hicimos nuestra propia versión a la estatua de la libertad: una mujer morena que lleva en vez de una antorcha, carga una cubeta de tomates y en lugar del libro, llevaba la cartilla de derechos humanos. Esa estatua está en una exhibición permanente que se llama ‘La nación’ que construimos juntos”.

La primera ciudad que visitaron los jornaleros fue Orlando, Florida, ahí se les unió la asociación de frutas y vegetales: “Ahí hicimos un mitin en frente de la sede de Gobierno local, nadie nos recibió. El silencio fue brutal. No hubo comunicación”.

En los debates al interior de la organización también se discutían otros mecanismos, que no solo incluyera a los rancheros, sino que también a los consumidores.

“Empezamos a analizar a los grandes compradores de tomate, ellos hacían presión sobre los rancheros, los corporativos usaban su poder de compra para demandar precio bajo. Ahí nos dimos cuenta que había una conexión directa entre Taco Bell y una compañía de tomates muy grande de Immokalee, así que decidimos empezar allí”, explica.

Estudiantes universitarios se sumaron a su lucha. Ayudaban a organizar y repartir volantes. También, representantes de las iglesias ofrecieron acompañamiento.

Los jornaleros agrícolas lograron aglutinar a torno de su lucha a dos sectores:

“Son estudiantes de Universidades, High School, comunidades de fe. Es decir, denominaciones a nivel nacional, congregaciones. También están centro de trabajadores, centros comunitarios y otras organizaciones de base que trabajan en justicia racial para las mujeres. Ahora suman a 117,000 personas que están apoyando. Son más de 100 organizaciones que acompañan a los trabajadores”, explica Patricia Cipollitti, coordinadora del concejo de Comida Justa.

Los universitarios y las iglesias empezaron a cartearse con el corporativo Taco Bell, establecido en California. Después de algunas de las misivas respondieron de forma tibia. : “Lamentamos las condiciones de abuso, es muy triste escuchar las condiciones que se narran, pero no podemos ayudar que esto se resuelva, no nos corresponde”.

Los jornaleros cuestionaron: “Ustedes dicen que no tienen nada que ver con todos estos abusos, pero ustedes se están llevando todo el tomate que nosotros producimos en situaciones de abusos, respóndenos esta pregunta: ¿puede Taco Bell garantizar que no vendió tomate piscado por un esclavo dentro de la industria de Florida, el día de ayer?”.

Gerardo recuerda: “La respuesta fue un silencio, no podían responder. No estamos diciendo que ellos esclavicen a las personas directamente, pero sí estamos diciendo que ellos tienen responsabilidad de eliminar las condiciones de esclavitud de estas personas. Porque ellos se benefician con la producción que los trabajadores sufren en condiciones de violencia extrema”.

Los trabajadores decidieron iniciar el boicot en contra de la compañía.

“La gente decía que estábamos locos porque era una de las comunidades más pobres y retando a una de las fuerzas más grandes del país. Taco Bell pertenecía a la cadena Yum Brands, que no sólo es el dueño de Taco Bell, sino también de Pizza Hot y Kentuchy Fride Chiken. Era el conglomerado de comida rápida”.

Para concientizar a la población, los integrantes de la Coalición organizaron giras hasta la sede de John Barns. Hicieron un mitin en cada establecimiento de Taco Bell, para explicar a los comensales lo que sucedía en los surcos de Immokalee.

“Los compañeros aprendieron a exponer las causas que nos llevó a movilizarnos en diferentes partes del país. Por otra parte, sentíamos el cobijo de los aliados, que nos esperaban en el camino con comida y agua. Antes de estas alianzas sólo había un pequeño grupo de personas que se unieron a nosotros. Al boicot se sumaron más de 300 universidades y High School”.

El boicot duró cuatro años, en ese periodo casi todas las universidades participantes sacaron de sus instalaciones sucursales de Taco Bell. La primera declaración de los universitarios durante la campaña fue: “No consumir productos de Taco Bell, que ignora la esclavitud en Immokalee”.

La Coalición de Trabajadores de Immokalee logró que Taco Bell firmara el código de conducta en 2005.

“Después de conseguir la firma con ellos, nos fuimos contra Mc Donald’s. Esta campaña duró dos años. Antes de empezar con el boicot le dimos oportunidades para dialogar, pero no se acercaron. Todavía les dimos diez días de prórroga para firmar el convenio entre las dos partes, como no querían, entonces procedimos con el boicot”.

Un día antes del anuncio del boicot, Mc Donald’s dio paso atrás a su negativa y llamó a la Coalición. “Tuvimos que cambiar en menos de 24 horas la protesta que teníamos programados, pero sí nos concentramos en un mitin en las calles frente al consorcio para celebrar el triunfo” celebra Gerardo.

Con la firma de dos cadenas de comida rápida más importante de Estados Unidos, los jornaleros de Immokalee anunciaron un boicot contra Burger King, pero este corporativo buscó a la Coalición para firmar el convenio. Lo mismo pasó con Subway y Wal-Mart. “Ellos vinieron a la mesa de diálogo para sumarse a los acuerdos que otras cadenas ya habían firmados”.

LA BATALLA CONTRA WENDY’S

“Llevamos cinco años en campaña contra Wendy’s, porque ellos no compran tomates de Florida o que está dentro del programa de comida justa, como Coalición le dijimos que deben comprometerse con el contrato código de conducta y se comprometan legalmente con el programa, la respuesta fue lavarse las manos e ir a comprar a México”, dice Patricia Cipollitti.

“Dejaron de comprar tomates de Florida, para irse a comprar en México donde las condiciones laborales son peores”, agrega. En vez de apoyar que mejores las condiciones laborales de los jornaleros mexicanos, decidieron aprovecharse de la pobreza y explotación de los trabajadores. En respuesta a esta conducta lanzamos el boicot nacional”.

En protesta por la actitud que asumió la cadena de comida rápida Wendy’s el concejo del programa de comida justa, se moviliza en las principales ciudades de Estados Unidos.

 “Estamos movilizados en contra de Wendy’s, vamos a sus juntas de accionistas, en la sede central en Nueva York, fuera de las oficinas de la mesa directiva donde estuvimos en ayuno, hasta que vengan a firmar el código de conducta con los trabajadores y consumidores. Con esta alianza sabemos que tarde o temprano vendrán a la mesa, porque eso ha sido el patrón de las otras corporaciones”, advierte Cipollitti.

La activista destaca que los trabajadores an desarrollado un movimiento social en el resto del mundo y de los lugares de origen de los trabajadores.

El logro de la Coalición, señala, tiene que ver con la estructura de su comité:

“Hay un comité central que lo integran personas activas y de membresía de la coalición que está formada por jornaleros que asistan al menos a dos juntas o a dos protestas. Acá no cuenta a la persona que aporte dinero, sino que participe, esto lo hace distinto a los sindicatos tradicionales”.

A La alianza de Comida Justa se compone de un staff que está asentados en Immokalee. Le siguen dos comités directivos: Comité estudiantil, compuesto por universitarios de diferentes escuelas del país, quienes deciden la estrategia de difusión en sus colegios; y el comité de comunidades de fe, integrado por representantes de comunidades católicas, judías y protestantes.

Patricia Cipollitti, coordinadora del concejo de Comida Justa. Foto: Kau Sirenio, Pie de Página

DE GUERRERO A LA FLORIDA

–Hablabas de tus hermanos, ¿dónde están? respuesta a Julia.

–Están con mi mamá en México. Mi hermano y mi hermana no estudiaron porque empezaron a trabajar cuando él tenía nueve años y la niña siete.

Julia narra que en vez de ir a la escuela se iban a los campos agrícolas a piscar jitomate.

“Le dije a mi mamá que mis hermanos tenían que estudiar, porque en los campos no tienen futuro. Ella me contestó que no le alcanza el dinero porque todo cuesta. La pequeña sí estudió, pero el niño ya no lo hizo.

–¿Cómo llegaste a Immokalee? –lanzo otra pregunta.

–Llegué primero en California, allá trabajé tres semanas. Me fue bien, luego conseguí trabajo en una florería entonces pagaban 7.5 dólares la hora.

La jornalera narra cómo llegó a los campos de Immokalee.

“Después de trabajar en la florería, me vine a Florida, llegué en el área de San Agustín, me gustó porque estaba la cosecha de repollo, brócoli y otras hortalizas, después que se acabó la temporada me fui a Michigan a trabajar a otro rancho en el corte de tomate, pepinillo, melón, chile, calabazas. Ahí conocía una señora de Michoacán, nos hicimos amigas y después me invitó venir a Immokalee” sonríe al contar su aventura.

–¿Usted sufrió algún acoso sexual?

–Todas las mujeres que llegan solas a los campos agrícolas son objetos de acoso, porque todos los hombres lo hacen. Para ellos ya es costumbre acosar a las mujeres. Cuando llegué aún no se echaba andar el Programa de Comida Justa de la Coalición, eso nos ponían en peligro.

Julia acusa: “Los acosadores son lo mismo jornaleros, surqueros, supervisores y jefes que aprovechan su autoridad para acosar a las muchachas, más si están bonitas. Lo hacen porque nadie se lo impide”.

“No es fácil decirlo, por eso mejor reservo esa experiencia”.

Suspira profundo y después retoma la plática: “Con el programa de Comida Justa, ahora tenemos monitores, investigadores y una línea telefónica de denuncia las 24 ahora que está a cargo una tercera persona que monitorea e investiga los casos. Ahora estamos libres de acoso, ni el jefe ni nadie nos puede acosar, porque saben que hay consecuencias para ellos si lo hacen”.

A parte de trabajar con las jornaleras, Julia dedica su tiempo para atender la tienda comunitaria de la Coalición, además conduce un programa bilingüe en Radio Conciencia propiedad de los jornaleros, espacio donde todos los días ponen desde chilenas de la costa de Guerrero y Oaxaca música en lenguas indígenas de México y Guatemala.

“No tengo un programa especial, solamente dejo la música que se escucha por allá en la costa de Guerrero y Oaxaca, y escuchamos más la chilena y música en tu’un savi (mixteco), pero también pasamos producción radiofónica sobre los derechos humanos”.

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