El priista Manlio Fabio Beltrones.

“Más allá de lo expresado por Beltrones, se abren dos alternativas que –vaya paradoja política– colocarían al PRI como el fiel de la balanza para las próximas elecciones del 6 de junio de 2021”. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

+ Partido bisagra

+ El perro verde de Manlio

Cuando en 2016 el PRI sufrió una fuerte derrota electoral –perdió 7 de 12 gubernaturas– que anticipaba lo que les llegaría en 2018: su debacle política de la mano de Enrique Peña Nieto, el entonces Presidente mandó llamar al líder del priismo, Manlio Fabio Beltrones, a Los Pinos. Le dijo:

*Allí está Gobernación si la quieres…

“No…”, fue la respuesta de Beltrones ante el intento de Peña de mantenerlo cerca, sin importar que Osorio Chong resultara sacrificado con el movimiento. Manlio estaba en jaque: había perdido, como dirigente nacional del PRI, gubernaturas claves. Las críticas arreciaban en su contra. Se encontraba en uno de los momentos más difíciles de su carrera. Gobernación lo hubiera reposicionado políticamente.

¿Por qué no aceptó Beltrones ser secretario de Gobernación?

Porque Peña Nieto ya le había fallado.

Lo explicamos:

Meses antes de la elección de aquel 5 de junio de 2016, Beltrones, como presidente del PRI, le había pedido a Peña Nieto lo siguiente: “Controle a sus gobernadores. Están abusando”. Sin embargo, Peña no movió un dedo. Dejó que Javier Duarte, en Veracruz; Roberto Borge, en Quintana Roo; César Duarte, en Chihuahua, y demás sátrapas que el propio Peña Nieto había ungido como “representantes del nuevo PRI”, saquearan a sus respectivos estados y desoyeran lo que millones reclamaban y que hicieron válido en las urnas dos años después: un cambio político-electoral.

Los resultados: el mayor fracaso electoral del PRI en una disputa por gubernaturas. El 20 de junio, Beltrones renunció a la dirigencia del partido. Todavía Peña Nieto le ofreció una senaduría para 2018. “No”, le volvió a decir Manlio. Ni Gobernación ni senaduría aceptó el sonorense, quien veía venir el derrumbe del priismo en 2018. No se equivocó.

Así, después de cuatro años prácticamente de ausencia, en silencio público en la recta final del sexenio peñista y durante los primeros 19 meses del Gobierno de AMLO, Manlio Fabio Beltrones reaparece con dos frases:

“Los priistas deben alejarse y denunciar a los movimientos golpistas, especialmente los promovidos por la derecha sumamente rancia, como las que pululan a veces enmascarados o disfrazados de sociedad civil”, dijo Beltrones.

Bien sabe Manlio que esa patraña del “golpismo” contra el Gobierno de López Obrador es tan cierta como que existen los perros verdes. No hay nada de eso. Chorradas. Es una locura inventada y propagada por los ideólogos de cabecera de AMLO: John Ackerman, Epigmenio Ibarra y Rafael Barajas, alias El Fisgón, y que el Presidente ha explotado políticamente. Pero nada más. Beltrones cita ahora ese “golpismo” inexistente que, sin duda, le genera simpatías y aliados en Palacio Nacional. Y lo sabe.

Pero también está la otra cara de la moneda. La otra frase de Beltrones:

“Como lo aprendimos con nuestro queridísimo Fernando Gutiérrez Barrios: si algo le hace daño a un país, como también a una persona, son los excesos”. Y López Obrador encarna, justamente, a un Presidente caracterizado por los excesos: en la eliminación de organismos autónomos que fungen como contrapesos, en sus acusaciones sin pruebas contra opositores, en sus ataques infundados contra la prensa crítica, en su lenguaje divisionista, en su intención por intentar controlar el presupuesto sin necesidad de la aprobación del Congreso, por citar unos cuantos ejemplos. Si algún mandatario ha caído en excesos en poco tiempo, ese es AMLO. Al tabasqueño le ajustan, como anillo al dedo, las palabras del sonorense.

Tras los conceptos de Manlio Fabio Beltrones –sin duda, el político más representativo y consolidado de lo que queda del PRI–, la pregunta es obligada:

¿Será el PRI aliado de AMLO o parte del bloque opositor que intentará frenar los excesos de poder de AMLO y la 4T?

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Más allá de lo expresado por Beltrones, se abren dos alternativas que –vaya paradoja política– colocarían al PRI como el fiel de la balanza para las próximas elecciones del 6 de junio de 2021. Lo asumirían como un “partido bisagra” para la intermedia cuya valía en votos, en la Cámara de Diputados, lo ubicaría en un plano envidiable y cotizado: ser el que decida en votaciones cerradas, con su puñado de curules, si López Obrador y Morena seguirán haciendo lo que se les pegue la gana, como hasta ahora, o bien, aliarse a la oposición y frenar la ola lopezobradorista. Ser oposición funcional, ya sea en favor del Gobierno o en favor de la oposición.

Son las lecciones de la política: no hay derrota definitiva. Y Beltrones lo sabe y por eso reaparece y hace ruido, muy por encima del presidente del PRI, Alejandro Moreno, Alito, o como lo apodan los propios priistas: “Amlito”, cuya estatura política está a años luz del sonorense. Alito es el dirigente del PRI. Manlio es el líder del PRI. Son dos cosas diferentes.

Así, rumbo al 2021, por un lado, están Morena y sus aliados: el PT y el Partido Verde. Es un amasiato político consolidado y anunciado.

Por otro, están PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, asumidos como el bloque opositor.

Vendrán los nuevos partidos: México Libre, y el de Elba Esther Gordillo, por ejemplo. O el del chofer de AMLO.

Empero, sería el PRI el que pudiera tener mayor peso político por el dominio electoral –cada vez más escaso, por cierto– que aún mantiene en algunas regiones del país.

Así, el PRI comienza a arrimar la sardina, a levantar la mano y pretender erigirse en el fiel de la balanza tras la elección intermedia del 2021.

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Manlio Fabio Beltrones reaparece. Y priistas y no priistas enarcan las cejas. Envía dos mensajes: uno, para agradar en Palacio Nacional, y otro, para alertar a los mexicanos sobre los excesos de López Obrador. Ser o no ser.

Faltan once meses para la estratégica elección intermedia. Desde ahora, se avizora un fuerte voto de castigo contra AMLO y la 4T, ante el desastre que es el actual régimen. El PRI parece muerto, aunque bien pudiera llegar a sus funerales con la suficiente fuerza para ser “partido bisagra” en la próxima configuración de bancadas en San Lázaro.

Ya lo veríamos.

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