Si bien el triunfo cultural de la diversidad sexual está dado, el camino en los hechos luce empedrado. Foto: Cuartoscuro.

Hasta hace unos meses, el proceso electoral de este año parecía ofrecer un escenario propicio para el avance de las causas promovidas por lxs interesadxs en defender la diversidad y la equidad de género en nuestro país. El panorama, por desgracia, ya no luce tan prometedor como antes, y de mantenerse las condiciones actuales sería complicado que las elecciones muevan hacia delante estas luchas progresistas. Sin embargo, hay motivos para pensar que no todo está perdido.

Revisar los escenarios posibles ayuda a poner en perspectiva al más probable escenario actual. Y es que de la combinación de alianzas y partidos que se disputarán la presidencia y el Congreso, era posible en principio esperar al menos tres posibles resultados. El primero -y el más probable en el papel-, era (1) que Morena marcara la agenda y que obligara la coalición Por México al Frente a correrse hacia la izquierda con tal de no perder los votos de lxs mexicanxs más jóvenes -una tercera parte del electorado- o de lxs más educadxs, que son los sectores que suelen apoyar marcadamente el matrimonio igualitario.

Es fácil ver cómo esto hubiera sido posible. Morena, el puntero y más probable ganador de las próximas elecciones presidenciales es un partido identificado nominalmente con la izquierda. No pocos de lxs activistas LGBTTTI+ veían con buenos ojos a un partido repleto de progresistas y que cuenta con una ´Secretaría de la diversidad sexual´, como su aliado natural. Además, el segundo lugar en las encuestas es una la coalición que, si bien es encabezada por un partido de derecha que agrupa a sectores ultraconservadores radicales -como el yunque-, incluye a dos partidos teóricamente de izquierda, uno de los cuales -el PRD- sí ha defendido la diversidad en el pasado y también a un candidato pragmático para bien o para mal que ha manifestado su deseo o necesidad de captar los votos de lxs millennials mexicanos, normalmente progresistas y liberales en lo social.

En un segundo escenario, (2) Morena se habría mantenido firme en su defensa de la diversidad, incluso aceptando la alianza con un partido cristiano que en sus principios se opone al matrimonio igualitario -el PES- o a incorporaciones recientes de ultraconservadores del PAN -como José María Martínez; es decir, que en este escenario el partido de AMLO habría hecho valer su posición y hubiera no permitido que el cabús determine la dirección o el ritmo de la locomotora que empuja sus causas progresistas. Por su parte, el PAN habría cedido ante sus sectores más conservadores para luego engullir al PRD recordándole su lugar en la coalición.

De esta forma, el Frente se hubiera posicionado directamente como el partido defensor de los llamados ´valores tradicionales´, replicado algunas de las fórmulas adoptadas por la alt-right y partidos ultraconservadores de otras partes del mundo. Así, el proceso electoral que se nos viene resultaría altamente polarizado y en el centro del debate tendríamos temas como el matrimonio igualitario o el aborto.

Escenarios de esta naturaleza logran poner el tema de la diversidad en la agenda y pueden ser fundamentales para el progreso ético si lxs progresistas logran el triunfo. Pero también son peligrosos porque exacerban el discurso de odio hacia grupos históricamente oprimidos y porque una posibilidad real es que sean los grupos opresores quienes que logren el triunfo. Una vez instalados en el poder, estos grupos querrán satisfacer las promesas hechas a sus bases. Me parece que, salvo algún giro inesperado, al menos en la elección presidencial, este escenario también está descartado; por los motivos expuestos arriba, el Frente, desesperado por sumar votantes de todas partes, difícilmente puede darse el lujo de tomar banderas que harían corto circuito con la imagen de modernidad que han querido vender de su coalición y de su candidato.

Finalmente, el tercer escenario posible a revisar es (3) que Morena y el Frente decidan ignorar la defensa de la diversidad; es decir, que simplemente no se hable del tema y que las cosas sigan como hasta ahora. En el escenario (3), como en el (2), el PRD no tiene voz ni voto en el Frente -o, para ser más exactos, el PRD vende su voz y sus votos-. La diferencia es que en el escenario (3) el PES, los “Martínez” o fuerzas similares logran neutralizar a lxs defensorxs de la diversidad en Morena; esto es, el partido progresista que podría ganar la elección sin acompañantes claudica en la defensa de causas fundamentales a cambio de un puñado de votos. Es preciso aclarar que en este escenario Morena no califica de antinatural o demoniaca a la comunidad LGBTTTI+, pero sí renuncia a enarbolar la bandera del arcoíris.

Dado que (1) y (2) son a estas alturas improbables, el escenario (3) es la única opción más viable entre las aquí presentadas. Su consecuencia más inmediata sería la prolongación del impasse que prevalece desde 2015, la SCJN resolvió que el matrimonio en México tiene que entenderse como la unión de personas sin distinción de sexo o género. Sin embargo, los congresos estatales, instrumentos de los gobernadores en turno y en ocasiones vinculados con grupos ultraconservadores, se han reusado a tocar el tema y a adaptar las constituciones locales para que esto sea posible sin complicaciones legales innecesarias.

Un síntoma de que (3) es probable es que, después de toda su alharaca y de vender la quimera llamada ideología de género, los autoproclamados “defensores de la familia” han guardado en meses recientes un perfil más bajo. La presión que intentaron formar mediante las redes de los sectores más duros de algunas iglesias y sus organizaciones satélites podría terminar por terminar subutilizada. ¿Para qué agitar las aguas cuando lo que se busca es preservar un estado de cosas y cuando todo apunta a que se logrará lo que se desea? Pero lo anterior no significa que estos grupos vayan a parar ahí. Eventualmente tendremos nuevos representantes y los ímpetus de regresión serán más fáciles de canalizar sin elecciones en puerta y con legisladores del PES y del PAN colocados en posiciones estratégicas.

Sin embargo, no todo son malas noticias para lxs defensores de la diversidad en México. Una nueva organización podría modificar, para bien, las posibilidades aquí planteadas. Hace unas semanas, se dio a conocer el surgimiento de la Coalición Mexicana LGBTTTI+, ‘una red de organizaciones civiles que reúne a diversas asociaciones, colectivos y activistas a favor de los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans con la finalidad de crear una agenda política en favor de temas progresistas rumbo a las elecciones de 2018’.

La conformación de este grupo es necesaria para dar forma, visualizar y recordar a los progresistas acomodaticios las demandas de lxs mexicanxs que buscan defender la diversidad, la auténtica libertad, y, desde luego, el matrimonio igualitario. Si bien el triunfo cultural de la diversidad sexual está dado, el camino en los hechos luce empedrado y miles de personas continúan siendo discriminadas por razones de género o sexo; es decir, aunque son cada vez más lxs mexicanxs que defienden estos valores, su capacidad de organización es todavía mucho menor a la que puede articulares a partir de las viejas redes conservadoras, normalmente dependientes de o fomentadas por jerarcas eclesiásticos.

En este sentido, la puerta que se ha cerrado en la izquierda partidista ha abierto una posibilidad mucho más relevante y con mayor capacidad transformadora. El éxito de los esfuerzos de la Coalición LGBTTTI+ dependerá del involucramiento y de la participación activa de más mexicanxs LGBTTTI+ y de sus aliadxs en la defensa de su humanidad y sus derechos. Y cuando esto ocurra, serán Morena, el PRD, y en una de esas hasta el PAN, quienes buscarán que les abran la puerta.

1. http://desastre.mx/mexico/crean-coalicion-mexicana-lgbttti-rumbo-a-las-elecciones-de-2018/

@asalgadoborge

[email protected]