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Héctor L. Frisbie

09/06/2023 - 12:05 am

La fe y la salud

La fe incluye estructuras como el soporte social no solamente comunidades religiosas. La salud mental y por lo tanto la salud General de las personas está relacionada con un ambiente socialmente saludable, que aporte paz.

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La relación de los actos de fe y el estado de salud tiene desde luego limitaciones pero la importancia de un estado de salud adecuado y una tranquilidad emocional y psicológica es innegable.

La rama de la medicina conocida como psiconeuroinmunología (PNI por sus siglas en inglés) es el estudio de la relación entre la mente, el sistema inmune y la salud. La PNI está relacionada con el bienestar de las personas y la estricta conexión con su estado de salud. Cuando una persona tiene un suceso que desencadena estrés se estimulan áreas bien identificadas del cerebro que inician la liberación de hormonas hacia las terminales nerviosas del tejido linfoide íntimamente relacionado con la respuesta inmunológica.

Hay una gran cantidad de datos clínicos y epidemiológicos que nos sugieren que una disminución del sistema inmunológico aumenta el riesgo de una persona para padecer alguna enfermedad no sólo infecciosa o también para que una enfermedad ya existente se agrave se deteriore o avance de manera más acelerada como sucede con las enfermedades oncológicas. Y aparte no estamos diciendo que la fe o las creencias pueden modificar la respuesta de los receptores hormonales, lo más probable es que la fe pueda incrementar o modificar la concentración de hormonas que estimulan los receptores por ejemplo en las glándulas suprarrenales que se controlan por el eje del hipotálamo Y la hipófisis.

La fe incluye estructuras como el soporte social no solamente comunidades religiosas. La salud mental y por lo tanto la salud general de las personas está relacionada con un ambiente socialmente saludable, que aporte paz. Países en los cuales encontramos ciudades con altos niveles de estrés social, miedo por la delincuencia, alta densidad poblacional son ciudades y condiciones sociales que favorecen personas enfermas.

Hay estudios científicos muy interesantes como el de Perry, 1994 en el cual encontró que la enfermedad depresiva es una excepción y no una constante en personas VIH positivas. Solamente el 10 por ciento de estas personas se deprimía, el resto debido a que tenían una estructura social y algunas veces religiosa que le proporcionaba apoyo tenían baja incidencia de este trastorno emocional. Muchas de las personas infectadas por VIH tenían para sorpresa de los autores muchas ganas de vivir y un estado de ánimo inesperadamente positivo. Y si ustedes se fijan en este año aún no alcanzábamos el momento en el cual las personas con VIH podían tener acceso a medicamentos antirretrovirales que les ayudarán a vivir incluso con niveles indetectables y hacer intransmisible al virus

En la sociedad mexicana tenemos múltiples raíces religiosas, sincretismo y estructuras familiares mucho más robustas que en otras sociedades. Es valido hacerse una limpia, portar estampitas, usar incienso, untarse carbón en la frente, untarse agua sucia diciendo que “es bendita”, o comerse una oblea y pensar que ahí esta el Dios en el que creen y asocian su fe religiosa lo cual les da tranquilidad y así favorece una respuesta inmunológica mas robusta.

Muchas veces me han preguntado qué podemos hacer para que casos como una pandemia no nos afecten tanto como sociedad y dentro de toda una gama de soluciones posibles está en fortalecer las relaciones familiares y espirituales para que cuando la siguiente pandemia suceda estemos bien preparados y no veamos que este es un factor adicional para tener una cantidad de casos graves y fatales asociados a una pandemia. Bastante ya tenemos con el mercado de bebidas y alimentos inundados con productos refinados e industrializados.

La tarea entonces es acercarnos a grupos sociales que nos inviten a disfrutar la vida y si lo deciden acérquense a congregaciones religiosas que les inspiren optimismo y un estado de ánimo positivo. Siempre se extiende la invitación para construir familias saludables y ahora afortunadamente contamos con muy diversos modelos de familias que no necesariamente tienen que ser como se nos obligó a creer durante muchos años. Recuerden que con amor todo es posible

Héctor L. Frisbie
Nació en la Ciudad de México en 1965. Se graduó como Médico Cirujano en 1989 en la Ciudad de México. De la especialidad de Ginecología y Obstetricia en 1996 en la Ciudad de México. Fellow del Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia. Se graduó en Alta Dirección en Instituciones de Salud Publica en el IPADE. Jefe de Servicio de Ginecología y Obstetricia del Centro Médico Dalinde en la Ciudad de Mexico. Director General del Hospital de Alta Especialidad Materno Infantil en León, Guanajuato. Es candidato al Doctorado en Salud Pública por la Universidad Walden en Minneapolis Minnesota. Desde 2010 practica medicina en EU. Participa regularmente en entrevistas de salud en las cadenas UNIVISION y TELEMUNDO. Tiene un canal educativo en YouTube en aspectos de Salud asociado a un noticiero y se transmite cada semana en la República Mexicana.

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