Las gallinas productoras de huevo que viven en sistemas de jaulas, sufren de problemas óseos como la osteoporosis. Foto: Jo-Anne McArthur, Animal Equality

Doy gracias de haber nacido con genes humanos y agregaría que doy gracias también de haber nacido en esta época, ya que si hubiera nacido mujer hace 100 años, hubiera tenido poca protección legal, no hubiera podido votar, ni tener la posibilidad de tener una propiedad, entre otras muchas cosas.

No es que vivamos en un lecho de rosas, esto es, no quiero decir que todos los males de la humanidad estén resueltos, sin embargo, hay que ser honestos, comparados con el resto de los animales, especialmente con los animales criados como alimento, por lo menos nuestro dolor cuenta. Hay derechos humanos mínimos que a nivel mundial hemos acordado respetar.

Contamos con privilegios por el hecho de ser humanos. De acuerdo al contexto de nacionalidad o región, estos privilegios cambian y se acomodan. Además, los podemos utilizar para dar altura o someter a los demás ante nuestros deseos.

Ser humano es un privilegio cuando lo comparamos con lo que viven los animales en las granjas. Es común perderse en el goce de nuestros privilegios y olvidar que los tenemos. Sin embargo, para los animales de granja esto no es así.

Por ejemplo, las gallinas productoras de huevo que viven en sistemas de jaulas, sufren de problemas óseos como la osteoporosis o de la fatiga de jaula. La osteoporosis es la pérdida progresiva de hueso estructural en todo el esqueleto, lo que termina en un debilitamiento de los huesos. Esto puede causar la muerte por parálisis o por inanición ya que la gallina no podrá alcanzar comida ni agua. La producción de huevo y la salud de los huesos requieren de minerales, especialmente calcio. La cáscara de huevo es producida a expensas de los minerales de los huesos.

Las gallinas que sufren de fatiga de jaula van a perder el control de las patas y se van a recostar de lado. La causa puede ser la fractura de uno de los huesos largos de las extremidades pélvicas por lo que se negarán a moverse y permanecerán postradas. Estos problemas son característicos de las gallinas que están en sistemas de jaulas, especialmente debido a la falta de ejercicio ya que las gallinas ponedoras pasarán los dos años de producción de huevo en una jaula con un espacio similar al de una tablet.

Estos son sólo unos ejemplos de lo que vive una gallina ponedora en sistemas de confinamiento intensivo en jaulas. Los animales criados como alimento tienen nula o escasa protección legal. A los ojos y oídos de las personas, su dolor es ignorado, así como en algún momento estaba fuera de duda que grupos de seres humanos tuvieran el derecho de maltratar y discriminar a otros seres humanos por su color de piel o condición social.
En esta escabrosa escalera de privilegios habrá que tender la mano a quienes menos oportunidades tienen y recordar que vivimos en un mundo de ficción y constructos sociales y que estos han cambiado para dar paso a nuevas voces y realidades. Los animales siguen a la espera de que tú levantes la voz por ellos.