Una nota del New York Times da cuenta de cómo fue que Donald Trump decidió mantener un discurso beligerante en su campaña, que habría contribuido al desplome de su candidatura, en contra de las recomendaciones de su círculo más cercano. El fin de semana resultó desastroso para el candidato republicano, cuya campaña pareciera ya en una caída libre sin freno, a 86 días de la elección que definirá al próximo Presidente de Estados Unidos.

 

Ciudad de México, 14 de agosto (Sin embargo).- Donald Trump acababa de despedir al jefe de su campaña, Corey Lewandowski. Eran los últimos días de junio y un pequeño grupo de personas de su círculo más cercano, incluida su hija Ivanka, decidió aprovechar la coyuntura para suplicarle que bajara la belicosidad de su discurso.

La idea incluía que, a partir de ese momento, Trump dejara de improvisar en sus actos de campaña y se encomendara a un teleprompter vacunado contra apasionamientos repentinos, para evitar resbalones verbales que lo metieran en aprietos.

La lógica detrás del planteamiento era simple: la estridencia y la agresión que le habían ayudado a conseguir la nominación republicana podrían impedirle atraer a votantes indecisos, normalmente menos beligerantes que sus seguidores, pero indispensables para ganar la presidencia.

Trump habría cedido a los ruegos, de acuerdo con un reporte publicado por el New York Times este domingo, que cita a cuatro fuentes anónimas que supieron del encuentro.

Sin embargo, el gusto les duró poco a quienes querían ver a un Trump más prudente.

“Casi dos meses después [de ese encuentro], el esfuerzo por salvar a Trump de sí mismo ha fallado claramente. [El candidato del Partido Republicano] ha manifestado en repetidas ocasiones a sus asesores y a sus aliados su voluntad de cambiar y adaptarse, pero sólo se ha vuelto más volátil y proclive a la provocación desde entonces”, dice el reporte.

El texto del Times asegura que asesores que en algún momento consideraron que Trump podría, sin duda, transformarse de un efectivo showman político en un aspirante serio a la Presidencia, concluyeron ya que el candidato republicano sería inmune a consejos o recomendaciones.

“Él ha ignorado sus súplicas y sus consejos mientras sus números en los sondeos se desploman… sólo presume a sus amigos el tamaño de las multitudes que reúne y asegura que puede leer las encuestas mejor que los profesionales”, según el diario.

A 86 días de la elección presidencial del 8 de noviembre, el Trump efusivo y confiado de los actos públicos contrastaría ya claramente con el Trump nervioso e irascible tras los reflectores. En privado, su humor suele ser hosco y errático, según miembros de su equipo de campaña.

“Puede ir de ladrar contra los miembros de su equipo a hacer un berrinche presumiendo cómo fue mejor para él seguir sus instintos durante las primarias, sugiriendo que nunca debió hacer caso a quien le sugería cambiar su estrategia”.

El tiempo y los últimos números disponibles están probando con contundencia que el magnate de la construcción equivocó la ruta y la logística.

Hillary Clinton, su rival demócrata, le sacaría ya una ventaja de cinco o más puntos en estados oscilantes o indefinidos como Virgina, Colorado, Florida y Pennsylvania, que al final serán decisivos. De hecho, en Virginia y Colorado la ventaja de la ex Primera Dama sería ya de dos dígitos, de acuerdo con una reciente encuesta de la cadena NBC y el Wall Street Journal.

A nivel nacional, la también ex Secretaria de Estado tendría una ventaja sobre Trump de por lo menos siete puntos. De hecho, otro sondeo del Washington Post y la cadena ABC otorgó a Clinton una ventaja de 50 a 42 puntos sobre su rival.

Para colmo de Trump, al panorama cada vez más lóbrego que los números dibujan sobre sus aspiraciones presidenciales se sumaron el fin de semana varios pronunciamientos de figuras prominentes del Partido Republicano que tomaron ya una distancia definitiva con respecto a su candidato.

Este domingo, Carlos Gutiérrez, quien fuera miembro del gabinete de George W. Bush, dijo a la cadena CNN que votará por la candidata demócrata.

“Tengo miedo de lo que Donald Trump le haría a este país”, dijo Gutiérrez. “No estoy pensando como un republicano. Estoy pensando como un ciudadano estadounidense. Creo que, en cierto punto, tienes que poner al partido a un lado y preguntarte ¿qué es lo mejor para nuestro país?”.

A Gutiérrez se sumó Susan Collins, Senadora republicana por Maine, quien dijo a la CBS que, aunque respeta la franqueza del abanderado de su partido, “hay una gran diferencia entre esa franqueza y [no] tratar a la gente con respecto y decencia elementales. Ahí es donde, creo yo, Donald Trump ha fallado”.

 

Ayer sábado, otros liderazgos republicanos renegaron de Trump durante uno de los encuentros de liderazgos conservadores más importantes en el país.

En la conferencia anual RedState Gathering, en Denver, Colorado, se dieron cita cientos de activistas conservadores. Uno de ellos, el periodista y conductor de televisión Glenn Beck, dijo ante la multitud en su turno al micrófono que los candidatos de los dos principales partidos del país simplemente apestan.

Los cientos de asistentes respondieron con una ovación a lo dicho por el comunicador. Nadie lo abucheó, según una crónica del evento aparecida este domingo en el Washington Post.

En medio que lo que cada vez parece más el inicio del fin de sus anhelos presidenciales, lo único que a Trump se le ocurrió el fin de semana fue lanzar una iniciativa para crear en todo el país un ejército de observadores que eviten el fraude electoral que, según él, se prepara desde el Gobierno de Barack Obama para quitarle su triunfo.

Pero, como van las cosas, parece que lo menos que necesitará el Partido Demócrata sería recurrir a un fraude para ganar una elección que Trump, por sí solo, parece que ha perdido ya.