El barandal de cantera pintado por los panistas. Foto: Francisco Ortiz Pinchetti

Me parece injusta, por inexacta, la aseveración de que lo que distingue a los políticos panistas es, además de la corrupción, su frivolidad y su ignorancia. Pienso que eso más que distinguir a los militantes y dirigentes de Acción Nacional los iguala… con los políticos del PRI, el PRD, el MC, el PT o ahora Morena. Aunque habría que hacer ciertas precisiones al respecto.

El PAN ha tenido a lo largo de sus 80 años de historia dirigentes, muchos, que se han significado precisamente por lo contrario, por su probidad, su capacidad y su preparación. Hombres cultos, sensibles, de mentes brillantes, que han hecho enormes aportes a la nación en muy diferentes ámbitos. Menciono sólo tres: Manuel Gómez Morín (1897-1972), su fundador; Adolfo Christlieb Ibarrola (1919-1969) y Carlos Castillo Peraza (1947-2000).

La imagen distorsionada acerca de los panistas tiene por supuesto su explicación: la pérdida de los principios y valores que les dieron fortaleza para resistir como opositores todo tipo de abusos y fraudes electorales, a partir de su acceso al Gobierno. Como dijera con toda claridad el bajacaliforniano Ernesto Ruffo Appel, primer Gobernador panista de la historia, “les empezó a gustar el poder”.

Esto es particularmente claro en el caso de la capital de la República, donde el PAN se convirtió a partir del arribo del nuevo siglo en una opción de Gobierno, a través de las entonces delegaciones políticas del Distrito Federal, hoy alcaldías de la Ciudad de México.

Los cuadros tradicionales de Acción Nacional, algunos también muy valiosos –menciono de memoria a José Ángel Conchello y a Gerardo Medina Valdés—fueron desplazados por una nueva generación de políticos improvisados y ambiciosos, efectivamente frívolos e ignorantes, esencialmente corruptos, que hicieron polvo los postulados históricos de su partido.

Una pandilla encabezada por el entonces “abogado” sin título Jorge Romero Herrera, se apoderó del partido en la capital a través de la adulteración del padrón interno y el reparto de candidaturas, cargos y canonjías. El bastión de ese clan, autodenominado Los Ocean, es la hoy Alcaldía de Benito Juárez.

El tema viene a cuento precisamente por las manifestaciones de ignorancia y mal gusto que los habitantes de esa demarcación, la última que les queda a los panistas del cacique Romero Herrera, han observado –y padecido— en meses recientes. La falta absoluta de sensibilidad, sumada a las maniobras de corrupción a través del gasto público, dan la razón a quienes tildan de manera despectiva como incultos y “nacos” a los gobernantes del blanquiazul.

Aspecto natural original del barandal centenario del Parque Hundido. Foto: Especial

Me refiero concretamente a la adulteración del entorno natural de los parques de la Alcaldía, varios de ellos protegidos por la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico y Arquitectónico de la CdMx. En ellos se han cometido aberraciones sin cuento, atribuibles directamente al director general de Servicios Urbanos, un tal Jorge Ceballos Deveze, a quién el actual Alcalde ratificó en el cargo inexplicablemente, a pesar de sus negros antecedentes.

Ceballos Deveze ha sido reiteradamente acusado de traficar con los permisos para tala de árboles con los desarrolladores inmobiliarios que proliferan en la zona, así como por medrar con la llamada remodelación de los jardines con supuestos “arreglos” innecesarios” (pero costosos) o francamente estúpidos.

Un caso ejemplar es el del Parque de San Lorenzo, en la colonia Tlacoquemécatl del Valle, donde ha realizado modificaciones criminales que atentan contra su fisonomía original. Una perla: confinó una parte del jardín para destinarla a un corral para perros, donde las mascotas defecan y orinan… ¡a 50 metros de una capilla franciscana del siglo XVI, catalogara como Patrimonio colonial por el INAH!

En el emblemático Parque Hundido, de historia centenaria, el Gobierno panista instaló mesas con sombrillas metálicas azules y naranjas, los colores del PAN (que luego tuvieron que repintar), en plena área de prados e hizo modificaciones prohibidas por la mencionada Ley de Salvaguarda. Asimismo, intentó construir una suerte de “pérgola” en un extremo del parque, de cuya ilegalidad es prueba que hace 20 días la obra fue clausurada por el Gobierno de la CdMx a través de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema).

El más reciente atentado de las autoridades de la Alcaldía es el haber cubierto con vil pintura un barandal tallado en cantera de 70 metros de largo que data de tiempos de don Porfirio, cuando a principios del Siglo XX los terrenos con hoyancos y socavones de la Fábrica de ladrillos de la Noche Buena, fueron sembrados de árboles y convertidos en un bosque para paseo de los capitalinos, el Bosque de la Nochebuena. Fue el antecedente del actual parque “Luis G. Urbina” conocido como Hundido, formalizado como tal en 1930.

A pesar de las advertencias y de la oposición de los vecinos, entre ellos una investigadora del afamado Instituto Mora, que lograron detener por unos días semejante atentado, las cuadrillas de Ceballos Deveze culminaron la semana pasada su pecado, al pintar de color gris verdoso claro la cantera. La alteración en el vestigio más antiguo del parque, ubicada en la colindancia con la actual calle General Porfirio Díaz, se realizó evidentemente sin la participación de expertos en restauración. En vez de limpiar la piedra, ¡la pintaron!

Y es que al margen del indiscutible valor histórico de la centenaria balaustrada que sirviera en su tiempo como balcón, lo que la acción del Gobierno panista denota es su mal gusto y su insensibilidad frente a valores artísticos y culturales. Y con ello, en efecto, les dan la razón a quienes tildan a los militantes de ese partido como frívolos e ignorantes. Válgame.

@fopinchetti