Foto: Facebook

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Ciudad de México, 17 de marzo (SinEmbargo).–  “A Manuel Ahumada, hombre de estrellas”. Con esa dedicatoria que sufre de vértigo desesperado, aparece el libro Nadie es astronauta en su propia tierra, homenaje al monero Manuel Ahumada, editado por Resistencia, la entrañable casa editora regida por la incansable Josefina Larragoiti

El vértigo y la desesperación a que hacemos referencia es porque hace apenas dos meses que murió Manuel Ahumada, uno de los moneros más talentosos de México, víctima de un paro cardiorrespiratorio cuando apenas tenía 57 años.

Nacido el 27 de enero de 1956 en la ciudad de México, fue colaborador insigne de La Jornada, periodista, pintor y monero, autor de la historieta La vida en el limbo, ganador en 1982 del Gran Prix del Salón Internacional de la Caricatura de Montreal, Canadá.

Su primera novela gráfica se publicó en 2010 con el título Las historias que yo viví.

Colaborador en sus inicios del suplemento “Másomenos” del diario Unomásuno, sus inquietudes lo llevaron a trabajar con el cantautor Jaime López, con quien en mayo del 2012 presentó la novela-cómic El cara de memorándum y otras historias, en la feria del libro de Minería.

Una iniciativa de editorial Resistencia. Foto: Especial

Una iniciativa de editorial Resistencia. Foto: Especial

“A mí, Ahumada me concedió tres deseos: ser amigos, el walkman cactáceo y una portada…la de él mismo abriéndose el abrigo enseñándonos las tripas; la que envolvía un disco sencillo de acetato en 45 revoluciones por minuto, que contenía “Bonzo” y por el otro “Mi amor no sirve de nada”. Cox era el eslabón perdido tocando la viola en esa sesión. Y así era Manolo cuando se abría de capa. ¡Y todo por destapar aquella botella! Sí, los genios existen”, escribe Jaime López en Nadie es astronauta en su propia tierra.

Se trata de un libro bello, ordenado, a la altura del homenajeado, que incluye cómics de Chimino y La vida en el limbo, con una portada espectacular que replica el cartón que hizo Hernández en La Jornada, aquel fatídico 5 de enero de 2014, cuando nos enteramos de la muerte del monero.

Ahumada con un rostro dulce y pacífico, en una mano lleva un corazón y en el otro los ropajes de un fantasma, tal vez porque como había dicho “como no puedo ser ángel o astronauta, los dibujo”.

Como astronauta, genio de la lámpara, ángel y demás, aparece en el libro para cuya edición colaboró muy de cerca la viuda de Ahumada, Jacqueline Valadez Pastor.

Y ME INVITÓ A SU LIMBO

“Me invitó a su limbo y acepté, lo que ahí encontré fue inabarcable, extrañado le pregunté: ¿es este el limbo de tus historias? Sonrió y me dijo: este es uno de ellos, en cada casa que he vivido encuentro uno. Entendí mucho de lo que es Ahumada ese día; llegué emocionado a mi casa, había vivido algo extraño en el limbo de Manuel”, escribe su colega y amigo Rogelio Naranjo.

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Para el periodista y escritor Víctor Roura, “Ahumada no era un cartonista de contenidos, sino de apreciación visual. Por eso su trabajo de historieta deslumbra, porque allí sí se expandía en los detalles que nadie podía ver”.

“Ahumada siempre nos va a estar haciendo falta”, afirma el ex director de cultura de El Financiero, actual director del periódico cultural De largo aliento.

Blanche Petrich, Magú, Luis Fernando, José de Jesús Sampedro, Miguel Ángel Quemain y  Carlos Paul también participan con sus textos en un libro al que le auguramos una larga vida editorial, tal como se merece el objeto del homenaje, un artista extraordinario que ha enaltecido el concepto de cultura en México y en el cosmos, donde deambula como un ángel, como un astronauta.