Foto: Cuartoscuro

Ignoro si es justa la vinculación a proceso de Rosario Robles. Como la mayoría de las personas, supongo que sí. Es casi ridículo pensar que se desviaron más de cinco mil millones de pesos de las secretarias de las que era titular sin que se diera cuenta, sin importar que estuviera, o no, su firma en los documentos. Sin embargo, creo en la presunción de inocencia y ella no será culpable hasta que se demuestre en los hechos. La vinculación a proceso significa, únicamente, que será investigada. Considero, en cambio, que el juez fue muy estricto al no permitirle defenderse en libertad pese a los múltiples antecedentes que existen para suponer que alguien que ostentó un poder como el de ella no pudiere escapar (Emilio Lozoya es un claro ejemplo de ello).

Al margen de lo anterior, poco me preocupa el destino de Rosario Robles. Si es culpable, que pague; si no lo es, que sea puesta en libertad con las disculpas correspondientes. En lo que parece no existir ni asomo de duda es en que se desviaron esos recursos. Fueron más de cinco mil millones de pesos (más lo que se acumule) que, en lugar de destinarse para lo que estaban previstos, se fueron para otro lugar. La Estafa Maestra da cuenta de ello.

Me interesa, entonces, ese destino. Los cinco mil millones pasaron por varias manos. Si el desvío es cierto, esas manos sabían que dichos recursos no eran para ellos. Es decir, estaban contribuyendo en la estafa. Quizá algunas personas que vieron pasar el dinero frente a ellos ni siquiera lo tocaron, aunque conocían parte del procedimiento. Quizá, otras más, retuvieron un pequeño porcentaje, a saber con qué fin y para qué lo usaron. Así, la merma se fue dando hasta que ese monto, ya menor, llegó a su destino final. Dicen, quienes saben, que se utilizó para financiar campañas políticas. Puede ser. Lo relevante, en este caso, es que ese dinero fue depositado en las cuentas de personas a quienes no les correspondían. Y esas personas, empresas, universidades estatales, comités de campaña y demás, también son culpables en alguna medida.

No soy tan ingenuo como para suponer que el monto desviado será devuelto a las arcas del Estado. Lo más probable es que, salvo las partes esquilmadas por particulares, el resto ya se haya gastado. Pese a ello, la confianza en el aparato de justicia sólo será tal en la medida en la que se castigue a todos los culpables. Y son muchos. Tienen que serlo. Una cantidad tan ingente como la mencionada, no desaparece sin dejar rastros. He ahí un filón que deberán buscar y explotar quienes integran las carpetas de investigación.

Mientras eso sucede, Rosario Robles duerme en la cárcel. De forma justa o no, lo cierto es que faltan muchos que deberían acompañarla. Y, por supuesto, si no hay responsabilidad, también será necesario aclararlo.

Porque cinco mil millones de pesos es mucho dinero.