"La Senadora Téllez estaba en el papel de crítica feroz".

“La Senadora Téllez estaba en el papel de crítica feroz”. Foto: Cuartoscuro

A Lilly Téllez se le ve molesta en la tribuna. Gesticula, manotea y alza la voz, sin ahorrarse calificativos contra el Subsecretario Hugo López-Gatell y el modelo epidemiológico Centinela, llevando al presidente de la Comisión de Salud del Senado de la República, a suspender la comparecencia por falta de condiciones de tolerancia y respeto.

Y es que la Senadora Téllez estaba en el papel de crítica feroz. Del responsable institucional de la pandemia y el eje operativo contra la COVID-19. Del pilar de la estrategia que se sostiene en pacientes con problemas respiratorios que van a parar a las unidades de salud públicas y privadas y que en el extremo buscan la normalización del aliento perdido. La bocanada de aire que proporciona un respirador ajustado a una traqueotomía que ancla a la vida. Pero, que deja fuera de control, a los enfermos asintomáticos que siguen haciendo -con o sin barbijo- su vida diaria en cualquier lugar del país.

La estrategia efectivamente es la más barata del mercado porque reduce significativamente el número de pruebas y las horas-cama hospitalaria de los pacientes que llegan con urgencias -prácticamente durante lo que va de pandemia no ha llegado al 100 por ciento de ocupación salvo en casos extraordinarios- y eso ha significado prácticamente la atención solo de casos graves y reducido los costos de operación. Claro, en el caso de los hospitales privados, ha sido otra historia por el insalvable criterio económico.

El modelo Centinela ha sido severamente cuestionado en el mundo porque las pruebas se reducen a quienes son sospechosos de portar el virus y no alcanza a los asintomáticos, y al no alcanzarlos, no tienen costo para el erario, provocando la multiplicación de los contagios.

Por eso, la OMS, recomienda la prueba PCR y los países con presupuestos per cápita más saludables optan por aplicar el mayor número de pruebas por cada 100 mil habitantes y ahí está el meollo de la intervención redentora de Téllez.

Sin embargo, el dilema entre el modelo Centinela y las pruebas extensivas hoy suscita interrogantes de fondo, alrededor de su mayor o menor eficacia, para detener la circulación del virus.

Y es que la máxima de que, a mayor cantidad de pruebas, menor cantidad de contagios, la evidencia no parece no parece asegurarlo cuando volvemos la vista a Madrid, París o Berlín, donde se han hecho millones de pruebas conforme lo marca el librito preventivo y lo que se tiene es que estas grandes ciudades europeas están en virtual confinamiento. De barrios enteros donde los vecinos no pueden salir ni a la esquina y el cierre de cualquier área de esparcimiento.

Y qué decir, de nuestros vecinos del norte, que también cumplieron con las recomendaciones del librito de la OMS, pero el virus llegó hasta la Casa Blanca y podríamos decir que se ha vuelto un problema para la elección presidencial que habrá de celebrarse en noviembre, porque el candidato republicano Donald Trump se ha contagiado del coronavirus y aunque, luego ha salido a decir  que está de nuevo en circulación y dispuesto para asistir a los actos previstos en la elección sean las concentraciones de partido o a debatir con el demócrata Joe Biden.

Y, claro, es mejor saber a no saber, cuál es la dimensión del problema en cada país, en cada estado o municipio, lo real es que la humanidad esta contra la pared mientras no tenga la vacuna que detenga el efecto del virus en general pero particular en lugares con serios problemas de comorbilidades. Es decir, no es el mismo efecto en una sociedad con una baja morbilidad a otra con serios problemas de salud (obesidad, hipertensión, diabetes).

Las pruebas masivas de PCR que ha recomendado la OMS, cómo medida preventiva, lo único de lo que estamos seguros es que ha provocado hoyos sin fondo en economías públicas como la española o la italiana. Peor, en países donde ni siquiera se puede garantizar la prueba a quien ingresa a un hospital público de algunos países latinoamericanos.

México, al menos, hasta donde se sabe por lo dicho por el propio López-Gatell no se ha dejado sin prueba a quienes ingresan de urgencias en estas instituciones. Y, eso, salvó decenas de miles de vidas que al ser sospechosos no llegan a confirmarse y regresan a casa, con sus familias, al confinamiento o a sus trabajos, los que han sobrevivido laboralmente a la pandemia y todavía obtienen ingresos.

Y es que el discurso explosivo de la Senadora Téllez no sabe de matices, de los siempre indispensables grises en todo problema colectivo, el del detalle que nos permite ser más objetivos y prudentes sobre todo en estos momentos de tensión permanente. Se le enojada, muy enojada, pero leyendo puntualmente el guion de su intervención. Hasta parece que suda la molestia de quienes se sienten impotentes por las pérdidas materiales o humanas y se arropa en el mejor discurso hiriente.

Y en un político, aunque no lo sea por una trayectoria, sino uno más de los que arrastró el triunfo espectacular de López Obrador, sabe y más si viene de cierto periodismo que, en materia de discurso político, es recomendable ir por las emociones de los potenciales electores.

Las emociones de quien se sienta harto de López-Gatell que no deben ser pocos o que confirme su animadversión al obradorismo. Hacer que sienta sinergia con ese discurso emocional de 10-15 minutos y cómo veremos, cuándo empiecen las campañas constitucionales se multiplicaran exponencialmente. Y pronosticó que el discurso opositor se sostendrá en la necrofilia con muertes, pobreza, ciegos, baratijas y presumibles incompetencias criminales. Resortes emocionales que, salpicados del ingrediente de la intimidad familiar, el padre ciego, le da un toque de cercanía y sentimental indispensable para obtener un efecto favorable para el político.

Y, es que Lilly Téllez, está llamada a convertirse en la candidata del PAN a Gobernadora en Sonora. Donde las cifras de contagios y fallecimientos están desbordadas. Y, los asesores de marketing político seguramente necesitan sacudirle la imagen de traidora al obradorismo y convertirla en el adalid de la pandemia. Por eso el uso consciente de la caja de resonancia del Senado de la República. Ante el silencio de quienes desde Morena también aspiran al mismo cargo en la administración pública estatal.

¡Ya veremos el efecto de este discurso de prueba, en la dimensión psíquica, de las emociones de los sonorenses!

¡Al tiempo!