“Pareciera que las obras que representan un beneficio real para la población que las exige no se logran gracias a que el propio gobierno las obstaculiza”. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro

Por Carlos Samayoa*

La Ciudad de México carece de una movilidad eficiente que ha traído consecuencias para todos sus habitantes sin excepción. Una de ellas es que, sin importar el nivel económico, desde la persona más rica y poderosa de este país, hasta quienes sufren condiciones de pobreza y marginación, respiramos un aire contaminado que daña lenta y silenciosamente nuestra salud.

Otra consecuencia es el tiempo excesivo, normalmente horas, que empleamos para trasladarnos, la mayoría de las veces en condiciones indignas y frustrantes que se traducen en un claro detrimento de nuestra calidad de vida, por lo que la Ciudad de México ha sido  catalogada como la más dolorosa del mundo para desplazarse (1).

El tema de la movilidad no es nuevo. Sin embargo, existe un rezago en priorizar medidas para facilitar y alentar a la ciudadanía a trasladarse de maneras diferentes, ya sea en transporte público eficiente o en medios no motorizados, como la bicicleta, aún cuando ésta última, ha pasado de ser una cuestión recreativa a una alternativa de movilidad y que por lo tanto requiere una mayor consideración y atención. Para ello, se tiene que cambiar el escenario urbano, facilitar una infraestructura segura y de calidad que motive a usar la bicicleta para cambiar la idea arraigada de que tener un automóvil es sinónimo de progreso.

Según el Diagnóstico de la Movilidad Actual en Bicicleta en la Ciudad de México, elaborado por la UNAM, el 50 por ciento de los viajes diarios son de menos de 8 kilómetros, siendo la bicicleta el vehículo más eficaz para realizarlos. Entonces, ¿Por qué no se apuesta por obras para poder usarla? ¿Por qué la ciudad sigue siendo parte de una media nacional en la que el 81 por ciento de la inversión pública en infraestructura vial se destina a favorecer la circulación de automóviles, si en estos se realiza solamente el 36 por ciento de los viajes diarios (2)?

Aunque hay proyectos que incluso cuentan con el respaldo económico necesario, estos no se realizan por una notoria desatención y falta de coordinación interinstitucional. Prueba de ello es el carril Trolebici pendiente en el Corredor Cero Emisiones en el Eje Central Lázaro Cárdenas, un proyecto que de concretarse permitiría que el trolebús, la única modalidad de transporte colectivo libre de emisiones y por tanto la más sustentable, pueda compartir carril con ciclistas de manera segura, favoreciendo la interconexión con la red de ciclopistas en la ciudad.

Desde hace dos años, este proyecto cuenta con 150 millones de pesos depositados en un fideicomiso que hasta el día de hoy no ha sido ejecutado a pesar de la insistencia de la sociedad civil. La Secretaría de Movilidad (SEMOVI), encabezada por Carlos Meneses no ha mostrado la intención de dar el paso necesario para lograr la aprobación de los estudios de impacto ambiental y urbano del proyecto, lo cual paraliza por completo su realización.

Pareciera que las obras que representan un beneficio real para la población que las exige no se logran gracias a que el propio gobierno las obstaculiza. El actual gobierno de Miguel Ángel Mancera ha concretado solo el 11 por ciento de los kilómetros de ciclopistas que se ofrecieron originalmente.

Es cierto, Roma no se hizo en un día, pero es seguro que bajo los esquemas administrativos del gobierno de la Ciudad de México, jamás se habría hecho. Curiosamente esta situación cambia cuando existen de por medio intereses de grandes capitales inmobiliarios o industriales. En esos casos sí se nota una agilidad y coordinación intergubernamental formidable.

¿Hasta cuándo se va a continuar sin fortalecer otras opciones que nos permitan tener el ambiente sano y la ciudad a la que tenemos derecho? Tal vez sea hora de que los políticos y tomadores de decisiones dejen sus automóviles y camionetas de lujo, que tomen una bicicleta para conocer las insuficiencias y peligros que ocasiona la falta de infraestructura, o que adquieran el hábito de usar el transporte público ineficiente y de mala calidad que nos ofrecen, no sólo para tomarse la foto, sino para vivir el problema, y de una vez por todas concretar las soluciones.

 

*Carlos Samayoa es campañista de transporte en Greenpeace México.

  1. Encuesta sobre el dolor del viajero. IBM. Disponible en: http://www-03.ibm.com/press/us/en/pressrelease/35359.wss
  2. Diagnóstico de inversión en movilidad en las Zonas metropolitanas 2011-2015. Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, Disponible en: http://mexico.itdp.org/noticias/invertir-para-movernos-2015-diagnostico-de-inversion-en-movilidad-2011-2015/

 

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