Treinta años después de haber publicado el exitoso libro Demasiado amor, Sara Sefchovich vuelve con una continuación de esa historia, cuya protagonista, Beatriz, conocerá el vértigo de la violencia en sus formas más descarnadas y se entregará de lleno a ese mundo vacío y egoísta.

“Espero que los jóvenes encuentren en este libro un retrato de lo que es su mundo, y a lo mejor piensen que vale la pena cambiarlo”, comparte para Puntos y Comas la socióloga, catédratica, investigadora, traductora y escritora mexicana.

Ciudad de México, 21 de noviembre (SinEmbargo).- Treinta años después de haber publicado el exitoso libro Demasiado amor, la socióloga, historiadora, catédratica, investigadora, traductora y escritora mexicana Sara Sefchovich vuelve con una continuación de esta historia, cuya protagonista, Beatriz, descubre nuevos lugares y nuevas formas de relacionarse en Demasiado odio.

“Aunque la primer novela salió hace 30 años, entre ambas historias el tiempo que ha pasado es un cuarto de siglo. En aquella novela la protagonista vivía una historia de amor romántica, recorría el país que era México en ese momento, y terminaba teniendo una forma de vida complicada, con un negocio vinculado a relaciones afectivas y amistosas con hombres”, explica en entrevista la autora para los lectores que no ubican el libro de 1990.

“En esta continuación, el negocio de Beatriz fracasa y ella quiere volver a recorrer el país. Decide entonces recorrer el México de hoy y, por la historia de amor que va a vivir, termina también conociendo siete países con su amor, y describiendo cómo ve estas otras ciudades a las que va”, detalla la autora de catorce libros y múltiples artículos en periódicos y revistas.

La sinopsis de este nuevo libro reza: “En sus andanzas por cuatro continentes, Beatriz conocerá el vértigo de la violencia en algunas de sus formas más descarnadas, y se entregará de lleno a un mundo que recompensa los actos más vacíos y egoístas y castiga la inocencia y la solidaridad”. Sobre estos temas, le pregunto a Sara por qué le ha interesado retratar el rostro más oscuro del ser humano…

“No es que a mí me haya interesado; le interesó a mi protagonista, ella me fue guiando. Yo voy detrás de Beatriz y es ella la que decide adónde ir, qué es lo que quiere escribir y qué es lo que quiere ver de cada zona que visita. En algunos lugares ella pasea y observa las formas en las que viven las personas o las cosas que le llaman la atención: los mercados, las tiendas, las calles. En otros lugares, se encuentra con violencia, con situaciones difíciles, con personas que sufren. Pero no tiene nada que ver conmigo, yo solamente voy detrás, viendo lo que a ella le sucede”, asegura Sefchovich.

Le pregunto también si sus personajes intentan buscar el sentido en medio de las circunstancias más oscuras. La escritora mexicana confiesa: “En realidad mis personajes no intentan recuperar nada, ellos simplemente van aceptando lo que se les presenta. Beatriz hace una que otra comparación o tiene algún recuerdo de momentos pasados, pero ni ella ni su acompañante piensan que hay que recuperar algún pasado, sino que hay que vivir el presente. Sobre todo así actúa el personaje más joven, que no tiene ningún conocimiento de lo que podría ser México o el mundo en otros momentos; ese es el mundo que conoce y para él es completamente natural moverse en ese mundo y Beatriz va con él. Ellos no están pensando en que hay que regresar o caminar hacia algo, viven cada día como lo pueden vivir en cada lugar y en cada situación con lo que hay. Algunas veces con mucho gusto, alegría y diversión; otras veces con tristeza, culpa, dolor o arrepentimiento, pero no se platean mucho más allá del momento”.

Sara Sefchovich, durante su participación en Mujeres de la Letra 2017, en el Palacio de Bellas Artes. Foto: Tercero Díaz, Cuartoscuro/ Archivo

Sobre este libro, el guionista y escritor mexicano Guillermo Arriaga dijo que Demasiado amor lleva al lector “al lado luminoso de nuestro país”, pero Demasiado odio muestra su lado más oscuro y “cuenta la transformación radical del mundo desde el dolor y el pasmo, con una necesidad profunda por creer en el ser humano y en el amor, segundos antes de despeñarnos hacia el odio”.

Por otro lado, el autor Julián Herbert comentó que esta es una novela divertida e inteligente “que usa espectacularmente el pliegue de la farsa para hacer crítica social y cultural sin caer en el didactismo. Sus páginas son muy ágiles, llenas de humor negro y peripecias”. Me llama la atención este último punto, en el que coincido con Herbert, acerca del uso del humor para retratar y criticar la realidad. Sara comenta: “Los recursos literarios que uso en la novela son muy diversos, pero ciertamente uno de ellos es el humor. Otros elementos que uso son reiteraciones, sorpresas que de repente se llevan los protagonistas. Independientemente de los recursos, lo importante para mí es tratar de que llegue el mensaje que quiero transmitir: ¿Cómo se vive en el mundo de hoy? ¿Es la única manera en que se puede vivir?”.

“Son las sorpresas que nos da cotidianamente la vida a la vuelta de la esquina o en la puerta de tu casa; son las cosas que pueden pasarle a las personas comunes y corrientes, como somos la mayoría, que vivimos lo mejor que podemos las circunstancias. Los recursos, el lenguaje y la rapidez de mi narrativa tienen que ver con esos cambios, con esas realidades”, apunta.

Hacia el cierre de nuestra charla virtual, Sara enfatiza su interés en que el público más joven se acerque a su novela: “Espero que a los lectores les interese esta mirada sobre los cambios del mundo, sobre cómo ha cambiado el amor, cómo pueden ser ahora las historias de amor. Sobre todo que la gente joven, la que no ha leído aquella novela del 90 o no conoció ese México, se interese por conocer su entorno desde la perspectiva de mi nuevo libro”.

“Es para mi una esperanza que los jóvenes encuentren en este libro un retrato de lo que es su mundo, y a lo mejor piensen que vale la pena cambiarlo, o no, pero que se interesen en su realidad. No les puedo contar el final de la novela, pero es muy sorprendente y plantea decisiones que los seres humanos podemos tomar cuando el mundo no nos gusta. Vamos a ver si los lectores así lo consideran también”, concluye.

Sara Sefchovich Wasongarz nació el 2 de abril de 1949 en Ciudad de México. Se licenció en Sociología en 1977 en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en 2005 obtuvo un doctorado en Historia de México en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad, donde también ha impartido clases. Es investigadora de la UNAM desde 1973 y del Conacyt desde 1985.

Publica una columna en el periódico El Universal desde hace más de veinte años y también ha colaborado para los periódicos La Jornada y Reforma. Participó en el noticiero Monitor de 1996 a 1998 en Radio Red, y de 2002 a 2006 en Radio Monitor. En 1992, Sefchovich fue cofundadora del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE).

Es autora de las antologías: Mujeres en espejo. Antología de narradoras latinoamericanas del siglo XX Vol I (1983) y Mujeres en espejo. Antología de narradoras latinoamericanas del siglo XX Vol II (1985). Su primera novela, Demasiado amor, publicada en 1990, la hizo merecedora del Premio “Agustín Yáñez” y fue llevada al cine en 2002 bajo la dirección de Ernesto Rimoch y protagonizada por Karina Gidi y Ari Telch.

Para que te adentres un poco más en su más reciente título, a continuación te compartimos un fragmento de Demasiado odio. Cortesía otorgada bajo el permiso de Océano.

***

1

Querida Beatriz,

México no es para ti, México ya no es para nadie. Por favor piénsalo bien, por favor ¡no se te ocurra venir!

No cabe en mi cabeza que te quieras salir de ese país hermoso en el que naciste y en el que tienes hecha tu vida, para instalarte en éste en el que todo está muy revuelto. Te lo digo yo que lo recorrí de punta a punta, que fui feliz por sus caminos y senderos y playas y mares y ríos y montañas y ciudades y pueblos, te lo digo porque hoy ya no se puede ir a ninguna parte, nunca sabes lo que te puede suceder ni quién se te va a atravesar.

Y menos cabe en mi cabeza que te quieras quedar con mi negocio. Te lo digo yo que fui feliz con los muchos clientes que tuve, con sus historias de dicha de frustración de miedo de aventura de secreto, y te lo digo porque hoy ya no son ésos los que llegan, y nunca sabes quién se te va a atravesar ni lo que te puede suceder.

Si no cerré, es porque no puedo dejar de trabajar, no tengo a dónde ir ni cómo ganar dinero para comer. Lo que había guardado durante toda mi vida, se perdió cuando el gobierno acusó de lavado de dinero al banco en que lo tenía depositado y lo intervino como dijeron en la televisión, pero a los ahorradores no nos devolvieron ni un centavo de lo nuestro.

Lo que me salvó fue un cliente que decidió protegerme. Yo lo conocía, pues cuando era muchacho y sin un centavo, lo inicié en las artes amatorias aunque no me pagara, sólo porque me inspiraba ternura. Él se quedó con buen recuerdo de mí y cuando se hizo rico, regresó. En adelante yo voy a mantener este lugar y voy a mantenerte a ti dijo. Y así fue. Puso dos tipos con pistola en la puerta y se convirtió en mi único visitante.​

Hasta que un día no volvió más.

Fue entonces, cuando estaba yo tratando de reorganizar mi vida y de retomar mi trabajo, que apareciste tú. No puedo olvidar la cara de sorpresa que pusiste al verme y ver el departamento, seguro que imaginabas todo de otra manera, seguro creíste que las cosas seguían siendo como las leíste en mi cuaderno, sobre el hombre amado el país amado los clientes mi vida y hasta sobre mi apariencia. Y es con esa idea que pensaste que podrías repetir mi historia. Pero como te digo, eso es ya imposible.

Así que por favor, no vengas para acá, no vengas a México.

2

Sobrina adorada,

Vengo entrando del aeropuerto. Acabo de encontrar el sobre que dejaste encima de la mesa y casi me desmayo. ¡Tanto dinero sólo para mí! ¡Y un boleto de avión para irme a la playa!

He llorado mucho, demasiadas emociones se me juntaron. Gracias a ti podré dejar atrás esta vida, gracias a ti podré cerrar para siempre la puerta detrás de mí. Mientras escribo estas palabras, tú vas por las nubes cruzando el mar, y quién sabe en qué estás pensando.

Hace muchos años le escribí una frase como ésta a tu madre, cuando se fue para Italia a cumplir nuestro sueño de poner allá un hotel, y yo me quedé en México para conseguir el dinero con el cual llevarlo a cabo.

Pero sucedió que nunca la seguí. Ella se casó y vivió allá hasta su muerte y yo me quedé acá porque me enamoré de un hombre con el que viví una pasión tal, que de sólo recordarla aún me estremezco, y con el que conocí y aprendí a amar cada rincón de mi patria.

Entonces no imaginábamos lo que serían nuestras vidas, mucho menos que nunca nos volveríamos a ver. Y peor todavía, que hasta perderíamos todo contacto.

Catorce años han pasado desde la última vez que tuve comunicación con mi hermana. Tú eras una niña y ahora eres una mujer que casi me provocó un infarto cuando te me paraste enfrente, tan parecida a ella. Fue como si el tiempo no hubiera transcurrido o la muerta hubiera regresado de su sepulcro.

Te escribo para darte las gracias por haberme venido a visitar, las gracias por los días maravillosos que pasamos juntas, las gracias por contarme sobre ella, sobre su vida buena y su muerte tranquila, con todo y que tenía esa terrible enfermedad, las gracias por ser como eres, y las gracias por hacerme ver lo importante que es escribir, porque algún día, en alguna parte, alguien lo leerá y tal vez eso servirá para un encuentro un reencuentro un cambio, como me sucedió a mí contigo.

Me parece increíble que te hubieras acordado de tu tía, con todo y que nadie te habló nunca de mí. Me emociona pensar que allí siguen las hadas buenas que siempre me han acompañado. ¿Te imaginas si no hubieras encontrado el cuaderno que alguna vez le mandé a tu madre diciéndole que era para ti? ¡Fue un milagro que ella no lo destruyera con todo y lo muy enojada que estaba conmigo!

Tal vez lo que sucedió es que quería conservar algún recuerdo de mí, aunque fuera escondido en el último rincón de la casa, como dices que estaba cuando te topaste con él.

También es un milagro que hayas sido tú quien lo encontró y no alguno de tus hermanos, porque a saber lo que habría pasado de caer en sus manos. Por lo que me platicaste, no son muy dados a guardar nada, así que menos lo habrían hecho con unas viejas hojas de papel escritas a mano por alguien cuya existencia ignoraban.

Quiero que sepas, aunque no me alcancen las palabras para expresarlo, lo grande que es mi cariño por ti y lo grandes que son mis deseos de lo mejor para ti, adorada sobrina y ahijada, que llevas mi nombre, el que te pusieron por el amor que me tuvo mi hermana y por el que las dos le tuvimos a nuestra madre.

Estas líneas son las últimas que te escribo. Muy pronto mi viaje habrá de comenzar. Te prometo que seguiré escribiendo todo y que algún día te haré llegar el nuevo cuaderno. Tal vez lo querrás leer y quizá hasta servirá para que nos volvamos a ver, si las hadas buenas me siguen acompañando.

Te mando mil besos.

3

Necesito contarte algo para que entiendas por qué no quiero que vengas a México: me preparaba para irme, empacando algo de ropa y algunos recuerdos, cuando se presentó en la puerta uno de los empistolados que siempre acompañaban a mi excliente, ése del que te platiqué que me tuvo en exclusiva para él y que luego desapareció sin dejar rastro. Y así sin más, se me vino encima y me empezó a golpear. Entrégueme usted los billetes que le mandó mi jefe gritaba furioso, los que le trajo mi compañero que cuidaba conmigo su puerta, los necesito ahorita mismo.

¿De qué dinero hablaba? No tenía yo la menor idea. ¿Y por qué me lo pedía de manera tan violenta? Tampoco tenía yo la menor idea. Pero no dije ni una palabra, porque sabía que cualquier cosa que dijera en lugar de calmarlo lo alteraría más.

Me esculcó toda, volteó de cabeza los pocos muebles que quedaban, rajó con una navaja el colchón y el sillón, abrió cajones y puertas del armario y la cocina, hasta que se percató de que no había lo que buscaba. Yo estaba segura de que me mataría, pero lo que hizo fue sentarse en 18 la cama, cabizbajo y desolado. Y se soltó hablando: necesito de verdad ese dinero, necesito independizarme, ser mi propio jefe, dejar de obedecer a otros. Voy a formar un grupo que hará muchas cosas pequeñas, de esas que nadie tiene tiempo ni ganas de perseguir y que me harán rico en muy poco tiempo.

Pero la emoción con que explicó eso se convirtió de repente en enojo. Se puso de pie y se me acercó tanto, que creí que empezaría otra vez a golpearme. Pero no fue así, sólo siguió hablando: mire señora, si no me lo entrega tendré que matarla. Y no quiero hacerlo porque usted no me desagrada, nunca fue grosera conmigo. Así que mejor flojita y cooperando. Y otra cosa: debe largarse ahorita mismo de acá, porque yo me voy a quedar a vivir en este lugar.

Debo de haber puesto cara de sorpresa porque dijo: ni modo que toda su vida se va a quedar en el mismo sitio. Seguramente está absolutamente harta de eso. Otra vez no dije ni una palabra, porque después de todo, ese departamento no era mío y además ya estaba por irme, pero también porque sabía que cualquier cosa que dijera en lugar de calmarlo lo alteraría más.

El momento fue difícil, pero el sujeto por fin se fue. No te imaginas el estado de nervios en que quedé. Afortunadamente Dios es grande y el tipo no se dio cuenta de que el dinero que tú me habías dejado, estaba encima de la televisión, envuelto en la vieja mascada que me había regalado mi primer novio, una que no me quitaba nunca, aunque él se burlaba y decía que parecía yo retrato, diario con lo mismo.

Pero entonces tuve clara conciencia de que mi decisión era la correcta. Porque si antes lo dudaba, ahora estoy segura de que no podría seguir en este negocio, y si antes lo dudaba, ahora estoy segura de que no podría soportar más esta vida mía que había sido el paraíso, pero ahora ya era nada más y todo el tiempo el infierno, el puro infierno.