Esta es la segunda vez que le dedico una columna al gran poeta chileno Raúl Zurita (1950), probablemente porque al igual que les pasa a miles de mexicanos cada vez más nos metemos en su universo.

Prueba de ello fue su visita a la Feria del Libro en Guadalajara, donde cientos de lectores corrieron a abrazarlo, a besarlo, a conseguir de él una firma, un gesto.

Es inclasificable el esfuerzo que hace Raúl para presentarse en público, aunque siempre ha sido un poeta público, alguien de esos que recita en las calles, en los corredores, en las esquinas. El poeta ahora tiene Parkinson, pero sigue cantando sus versos con idéntico fervor de la juventud.

Probablemente porque el espíritu humano no decline, no está dentro de ese arco en el que la gente pone a los objetos vivos. Hay una nota muy grande en el Instituto Cervantes, llevada a cabo por Benoît Santini, donde puede leerse entre otras cosas que

“Empecé a escribir prácticamente en el colegio, cuando tenía quince, catorce años. Mientras estudiaba Ingeniería el asunto ya me importaba mucho, mucho. Y toda esa formación técnica, matemática fue muy fundamental, o sea que lo que hago tiene que ver con eso. Lo que más quería mi abuela era que hiciera una carrera per bene, como se dice, pero no me habría apoyado para nada si hubiera estudiado otra cosa, es decir estudiar Arte o Literatura, pero ella era una persona extremadamente lectora, sobre todo una nostálgica. Entonces ella nos hablaba, como contándonos casi cuentos, historias y se hablaba a sí misma, ¿cómo iba a mantenernos en nuestro cuarto a mi hermana y a mí con la Divina Comedia?”.

Meterse en la poesía de Raúl Zurita es un viaje fascinante y también complejo. Están los que dicen que después de Anteparaíso o de Purgatorio no escribió nada bueno, hay otros que lo ubican estrictamente en su experiencia con la Dictadura Chilena de Augusto Pinochet, cuando a las 6 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, día en que se produjo el Golpe de Estado, una patrulla militar lo detuvo.

La caja que editará Matadero y que estará en en enero en librerías. Foto: Especial

“Su primer destino fue el Estadio de Playa Ancha. Cuatro días después y por los 21 que siguieron, estuvo preso en las bodegas del carguero “Maipo”, junto a 800 personas, en un espacio con capacidad para unas 50 personas, en donde fue torturado.”, cuenta la Wikipedia.

Zurita quedó libre, en la democracia fue diplomático, se caso varias veces y ahora, tal vez su última esposa, Paulina Wendt, le dedica todos sus libros. Ganó varios premios, entre ellos el Iberoamericano Pablo Neruda y la Beca Guggenheim y ahora es noticia porque la editorial Matadero sacará una caja azul con solo su apellido: Zurita, con todos esos poemas.

“El escritor chileno es una leyenda viva de la poesía. Ha construido uno de los proyectos poéticos más asombrosos y amplios de los últimos tiempos. Zurita da testimonio del Golpe de Estado de Pinochet contra el gobierno de Allende en 1973 y de otros hechos atroces que exigen justicia”, dice Gerardo González, el editor.

Leo un pequeño poema de él: “Pero no fue el paraíso, little boy, sino sólo el reseco desierto dónde hace millones de años estuvo el Pacífico y al frente unas frases de amor, de locura y muerte, escritas en los acantilados atravesando la rota tarde, la noche rota, tu desolado amanecer”. Es un libro para tenerlo y también para regalar. Un libro donde la palabra de Raúl Zurita cobra una dimensión extraordinaria y perdurará más allá de “esta noche rota”.