Si se comparan con sus números de mayo de 2019, en el Memorial San Ángel de la Ciudad de México se llevaron a cabo casi cinco veces más cremaciones en mayo de 2020. Pasaron de 29 (2019) a 144 (2020). Fue a finales de marzo cuando las “neumonías atípicas” aumentaron, y luego las cifras se multiplicaron con casos confirmados de la COVID-19.

Ciudad de México, 24 de junio (SinEmbargo).– Era marzo de 2020. Desde Bérgamo, Italia, había reportes de hospitales desbordados por pacientes COVID-19; en Guayaquil, Ecuador, los cuerpos de las víctimas se quedaban en las casas por la falta de espacios en las morgues; en Nueva York, Estados Unidos, se establecía una cuarentena obligatoria que no lograría frenar al que ya era el nuevo epicentro de la tragedia. Todas esas noticias recorrieron el mundo y llegaron hasta los jardines del Memorial San Ángel, en la Alcaldía Álvaro Obregón de la Ciudad de México, donde pronto se detonarían los números de cremaciones: primero por “neumonías atípicas”, y luego por casos confirmados de coronavirus.

A Marco Antonio Morales se le empañan los lentes y luego la careta que usa sobre el cubrebocas. Lleva con él una botella de gel antibacterial que usa una y otra vez. Sigue a rajatabla las reglas establecidas para controlar el avance de la COVID-19. ¿Y cómo no hacerlo? Vio de primera mano cómo las actas de defunciones casi se quintuplicaron al comparar mayo de 2019 y mayo de 2020 en el Memorial San Ángel, la funeraria de la que es el gerente general.

Cada año, relata Marco, en el Memorial San Ángel comienzan a recibir más cuerpos a partir de noviembre o diciembre. Es lo normal que en esos meses aumente el número por la llegada de la temporada invernal, dice. Mucha gente de edad avanzada fallece por neumonías o enfermedades asociadas al frío, señala. “Diciembre, enero, febrero, todavía un poquito de marzo son tiempos en los que hay más gente que muere”.

“Lo que empezó a pasar acá, luego de que reportan el primer muerto por COVID-19 el 18 de marzo, fue que empezaron a llegar neumonías que no podíamos identificar que estuvieran asociadas con COVID, porque no se les había hecho la prueba. Empezaron a llegar casos tan poco típicos… En la normalidad, en la segunda quincena de marzo, la neumonía comienza a bajar. Ahora no, ahora empezó a subir. A finales de marzo tuvimos muchas, muchas neumonías atípicas. Por ahí del veintitantos de marzo llegó el primer caso de COVID”, relata.

“En marzo subió un 10 por ciento, más o menos, comparando con el marzo del año pasado. En abril subió como un 30 por ciento, 40 por ciento más, pero ya en mayo fue el boom de personas que morían por COVID”, agrega. El encargado de la funeraria asegura que en mayo de 2019 tuvieron 29 servicios de cremación, un promedio de una por día, y que en mayo de 2020 fueron 144 las cremaciones que realizaron, es decir, 4.9 veces más. La mayoría de los casos, señala, fueron por la COVID-19. Fue un cambio drástico.

Pasillo en el Memorial San Ángel. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

El horno para cremaciones. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

Se trabajó hasta cinco veces más si se compara mayo de 2019 con mayo de 2020. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

CANTARLE A LA MUERTE

México le canta a la muerte. Si alguien pierde la vida, los tambores retumban y las guitarras suenan. “Nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifiestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta porque ‘la vida nos ha curado de espantos’”, escribió Octavio Paz en Todos Santos, Día de Muertos. “No hay nada más alegre que una fiesta mexicana, pero también no hay nada más triste. La noche de fiesta es también noche de duelo”, agregó el Premio Nobel de Literatura. En el Memorial San Ángel, por ejemplo, hay familias que quieren llevar mariachis y violines para rendir homenaje al caído. Ahora, en días de COVID-19, eso no se puede. En algunos casos ya no hay espacio ni para decir adiós.

“Desafortunadamente hoy esas costumbres tienen que quedar de lado. Es triste porque la gente no se puede despedir. Es difícil explicarle a alguien que murió un familiar. Es algo muy fuerte, muy duro. La idea en el Memorial es preservar la vida. Nosotros no queremos que se contagien porque existe el riesgo de que vuelvan no como asistentes, sino como protagonistas. Cada cabeza es un mundo, pero la idea es encarrilarlos para protegerlos”, dice Marco Morales.

En el Memorial San ángel, que lleva 20 años operando, hoy no se permiten velaciones en las que estén presentes más de diez personas. Las instalaciones se mantienen sanitizadas para evitar cualquier contagio. Entre los trabajadores se adoptaron medidas de higiene y sana distancia especiales desde que se supo que el SARS-CoV-2 transitaba por el mundo. Hasta ahora entre el personal no ha habido casos positivos, y Marco dice que espera continuar así.

“Durante todo el tiempo de la pandemia hemos estado trabajando diario, no podemos detenernos, somos una funeraria que está apoyando a la Ciudad de México para poder cremar cuerpos de gente de bajos recursos. Nos metimos a ese programa con la Consejería de la Ciudad y del Gobierno de la Ciudad de México para apoyar. Les damos el servicio gratuito”, relata Morales.

“Hemos tratado de que la prevención se vaya casa. No sirve de nada que aquí hagamos cosas de sanitización y mitigación, si alguien llega a su casa y no se pone gel o no se lava las manos, o no usa cubrebocas cuando va al mercado. En general hemos tratado de que el personal use la protección como filosofía. Aquí nosotros no podemos decir, como lo hace mucha gente: ‘no existe el virus’. No. Aquí vemos los casos de personas que han fallecido. No es que lo inventaron los chinos, ni que nos quieren sacar el líquido de las rodillas. No, decimos contundentemente: el virus mata gente. Aquí hemos atendido gente que ha muerto por el virus, gente que tenía diabetes, hipertensión, sobrepeso… El virus se complica”, agrega.

Ataúdes en el Memorial San Ángel. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

Fotos, veladoras, recuerdos. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

Las muertes aumentaron en mayo. Foto: Carlos Vargas, SinEmbargo.

APENAS JUNIO

Flores, luces, fotografías, veladoras, mensajes, recuerdos… Todo lo que entre en los nichos se alcanza a ver desde los cristales que ilustran los pasillos de la funeraria. Marco camina por salas repletas de ataúdes y resalta el apego que tienen los mexicanos con la muerte. Insiste en que lo más triste en los días de la COVID-19 es que se tengan que suprimir las despedidas. Y son miles las familias las que pasan por lo mismo. De acuerdo con el último reporte compartido por Claudia Sheinbaum Pardo, sólo en la Ciudad de México han muerto 5 mil 451 personas que tenían el coronavirus.

Marco vuelve a ponerse gel antibacterial y muestra el horno crematorio. Dice que hoy (17 de junio) está apagado porque se le está realizando mantenimiento. Luego cuenta que la funeraria tuvo que invertir, a partir de la pandemia, en una chimenea especial para evitar el humo negro provocado por las bolsas con las que se meten los cuerpos al incinerador. Está prohibido, señala, abrir los contenedores que llegan al Memorial para evitar que la enfermedad se propague. También asegura que las medidas adoptadas en el país han tenido efectos en los números. Si bien en mayo se alcanzaron los días más oscuros, para junio detectó una disminución en el número de defunciones.

El 17 de junio, fecha en la que Marco Morales permitió que SinEmbargo recorriera las instalaciones del Memorial San Ángel, en el lugar se habían llevado a cabo 60 cremaciones desde el último día de mayo, de las cuales cerca 50 eran por COVID-19. Todavía sigue, pero ya bajó. “Está disminuyendo. Se va minimizando la urgencia, aunque no dudamos que va a continuar, hay gente que se sigue contagiando”, dice el gerente general de la funeraria.

“Aquí tenemos la filosofía de que todos somos iguales en vida o en muerte. Al final vamos a acabar en el mismo sentido: en un ataúd, en una fosa, en un crematorio. Todos vamos al mismo lugar fisicamente”, dice Marco. Luego pide que todos mantengan las medidas para que no haya más contagios y la curva, al fin, vaya hacia abajo en México:

“No va a pasar nada porque un año no vayas al cine, no va a pasar nada porque no vayas a bailar. Si no hay vacuna o protocolo de atención que nos dé certeza de que no nos pasará nada grave, debemos tener cuidado. Pongan que son jóvenes, que no tienen comorbilidades, pero hay personas con diabetes, hipertensión, que son mayores… Esto tiene que ver con la solidaridad. Yo puedo decir: hago ejercicio, corro, llevo vida sana, pero debo ser consciente de que yo puedo estar infectado y, siendo asintomático, llevarle la enfermedad a alguien que pueda morir”.

La Ciudad de México se mantendrá hasta el domingo 28 de junio en Semáforo Rojo, color que representa el momento de máximo riesgo por la pandemia.