“…no se es pobre porque se quiere sino se es pobre de forma estructural.. Foto: Nacho Ruiz, Cuartoscuro

La aparición del COVID-19, para México y el resto del mundo, ha representado un reto mayúsculo de afrontar en lo sanitario y económico. En la parte sanitaria, por la celeridad de los contagios y su demanda de equipos especializados y costosos como los ventiladores mecánicosEn lo económico, la extraordinaria velocidad en la supresión de puestos laborales (950 mil empleos se han perdido entre abril y mayo) coloca en situación de riesgo al 84.2 por ciento de la población (entre pobres y vulnerables). Las personas vulnerables afrontan mayor riesgo de empobrecerse, ya que la pérdida del ingreso o de su puesto de trabajo, genera un efecto altamente nocivo para su bienestar personal y familiar. La reactivación económica, constituirá un desafío extraordinariamente complejo, porque los motores del sistema económico nacional están en revoluciones bajas (petróleo, turismo, inversión privada).Lo inédito de la crisis del “gran confinamiento” demanda la puesta en marcha de un nuevo modelo social, económico y político que, reconozca diferencias y acerque posturas hacia la generación de un Estado de Bienestar auténtico.

Para ello, es preciso reconocer las múltiples pobrezas en este escenario que presenciamos y de frente al siglo XXI. Actualmente, las pobrezas no sólo están develadas por la falta del dinero/ingreso, sino además, como ha señalado el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social CONEVAL, estas se miden por una carencia de derechos sociales como lo pueden ser: educación, salud, seguridad social, alimentación, vivienda, incluso por una falta de cohesión social de sus integrantes, es decir; no se es pobre porque se quiere sino se es pobre de forma estructural de acuerdo a una carencia de ingreso/desempleo y de derechos sociales en torno a la vivienda y/o mala nutrición, falta de acceso a la salud, educación así como otros problemas familiares e históricos relacionados con la pobreza tales como:adicciones, violencia, embarazos no deseados, desigualdades de género, hacinamiento, y un largo etcétera.

En este confinamiento no todos los hogares están en las mismas condiciones para cumplir con las tareas escolares y laborales que se requieren, sobre todo los pobres, hace falta equidad para cumplir con lo que necesita y se pide. El compromiso del Estado es acabar con la pobreza, al menos eso ha firmado en el acuerdo No. 1 por el Fin de la pobreza en los hogares de los Objetivos del Desarrollo Sustentable declarados por la ONU y la UNESCO, necesitamos más acciones para que esto sea un verdadero compromiso de política pública.