La autora Premio Princesa de Asturias 2020 describe, en forma de diario o ensayos líricos, su transitar por el legendario Camino de Santiago, un trayecto de casi 800 kilómetros, que además de estar marcado por una labor evangelizadora desde el medioevo, exige a cualquiera que decida convertirse en peregrino, una gran preparación mental y física.

El Camino crea nuevos santos, leyendas de milagros, y pone desafiantes retos a los peregrinos. Más que hablar del llamado “perdón de Dios”, este libro busca dilucidar las penitencias auto impuestas, explorar la necesidad de una absolución personal y la metafórica lección de cargar poco.

Por América Gutiérrez Espinosa

«Los peregrinos eran personas que con gusto se quitaban la ropa, que estaba en llamas»

Ciudad de México, 22 de agosto (LibreríasElSótano).- Leí Tipos de agua. El camino de Santiago de Anne Carson, por casualidad: fue la propuesta de una amiga estupenda para un singular triángulo de lectura nacido del aislamiento pandémico.

Hasta ese momento sólo conocía algo de su poesía contenida en La belleza del marido. Al poco tiempo, la poeta, profesora y traductora, ganó el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020. Cuando por fin conseguí el ejemplar hecho por Vaso Roto Ediciones, fui feliz con mi pequeño libro amarillo.

Sostenía un objeto realmente hermoso, de cuidado editorial impecable y materiales de calidad. Desde la mera bibliofilia empezó mi viaje; también quería obtener -sin saberlo- un documento que acreditara el tramo recorrido después de esta lectura.

Carson es impredecible, va de la lógica a la mística, y es ahí donde percibimos lo resplandeciente y lo sombrío en sus palabras. Este texto es un aparente registro, en el que a manera de diario o de ensayos líricos, la autora plantea que andar a pie es una poderosa conexión corporal con la tierra. Pero el recorrido que nos comparte no es una caminata cualquiera, es su experiencia de transitar por el legendario Camino de Santiago. Estas reflexiones nos sumergen en un trayecto de casi 800 kilómetros, que además de estar marcado por una labor evangelizadora desde el medioevo, exige a cualquiera que decida convertirse en peregrino, no sólo una preparación mental sino también física.

Además, si no eres creyente fervoroso en busca de tu “Compostela” (documento que acredita a todo aquel peregrino que haya hecho el Camino por motivos religiosos o espirituales) o deportista de alto rendimiento queriendo desafiar tus límites, ¿qué impulso puede ser tan poderoso para recorrer este camino? Carson se descalza, cuenta sus motivaciones iniciales y las que va recogiendo por cada vereda. Observa con ojo agudo detalles que para cualquiera pasarían desapercibidos o que no tendrían sentido.

La peregrinación que registra Carson es una experiencia dura, no romantiza sus pasos. En esta travesía no está sola, hay un ser amado al que ella llama «Mi Cid» y que recorre, al menos en apariencia, el mismo sendero a su lado. Llevar una historia compleja le suma peso al viandante, pero eso no evita que llegué hasta el final.

«Los peregrinos eran personas que resolvían las cosas mientras caminaban». Hacer el camino hasta Santiago de una sola tirada exige alrededor de tres meses, no es un desplazamiento que podría hacer cualquiera. Llega el momento en que los pies se cansan, pero en itinerarios como este, la cabeza no se detiene. Carson va retratando su ruta, con palabras y a veces con fotografías que no vemos pero imaginamos. «¿Cuándo es un peregrino como una fotografía? Cuando la combinación de ácidos y sentimiento es la correcta».

Cada epígrafe, que nos anuncia un nuevo cambio de dirección, proviene también de un peregrino. Son poetas caminantes como ella. En estos 39 registros, encontramos fragmentos de Tanizaki, Basho o Zeami en su mayoría. Cada cita o haiku nos introduce en una bitácora íntima que supera el registro autobiográfico.

La escritora nos presta sus sentidos, vemos con sus ojos, sentimos hambre, enojo y desesperación. Los Tipos de agua también nos ahogan y, superada la atmósfera acuática, muerdes polvo. La autora escribe desde el hambre del peregrino al reflexionar sobre el color del pan y su mimética semejanza a las piedras del camino.

El Camino crea nuevos santos y leyendas de milagros, el recorrido de los peregrinos pasa por varias catarsis como bañarse en la playa da Langosteira, quemar las ropas y ver la puesta de sol en Finisterre. Carson nos transmite el asombro de hacer algo tan exigente, sagrado o descabellado.

Carson crea un texto coherente y relacionado a partir de partes heterogéneas que, a primera vista, parecen aleatorias. Este libro no es sobre el llamado perdón de Dios; aunque suceda en una vía “santa”, cada pieza busca dilucidar aquellas penitencias auto impuestas, explorar la necesidad de una absolución personal y recordar cargar poco, aún cuando lo que te rodea sugiera la contrario.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LANat GeoA&E, IMER y Penguin Random House. Siempre se pregunta: ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.