Un edificio alto puede ser construido con los más grandes avances técnicos existentes y con los estudios del terreno donde se construirá. Y aún así, el riesgo aumentaría considerablemente al permitir mayor altura en las zonas del lago. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro

CARTA ABIERTA A LA ASAMBLEA LEGISLATIVA

Están por tomar una decisión que será fundamental en el aumento de riesgo de la Ciudad de México.

Están recibiendo presiones para aprobar, con menos tiempo del necesario para hacer los estudios mínimamente indispensables y objetivamente controlados, una Ley de Reconstrucción que incluye el permiso para aumentar la altura de los edificios en los predios derribados o por derribar.

Hay tres argumentos para aceptar esa medida suicida: 1. Que técnicamente es posible construir más alto con seguridad. 2. Que es necesario aumentar la densidad de la población en las zonas peligrosas. 3. Qué es el método ideal de financiamiento: la venta de los pisos suplementarios debería pagar el costo del resto.

A mí y a muchos otros ciudadanos esos argumentos nos parecen insuficientes. No es una cuestión de opiniones y debate sino de conflicto de intereses. Porque se que existe la posibilidad de que cada miembro de la Asamblea actúe y decida por sí mismos y deje de lado los intereses partidistas, y los otros intereses detrás, yo les pido, sin ningún interés sino el de un habitante de esta ciudad, que escuchen y consideren esto:

1. Sobre el tema de la solvencia técnica para construir:

Un edificio alto puede ser construido con los más grandes avances técnicos existentes y con los estudios del terreno donde se construirá. Y aún así, el riesgo aumentaría considerablemente al permitir mayor altura en las zonas del lago porque, de acuerdo con lo expresado por el gran geofísico Cinna Lomnitz desde hace mucho tiempo:

A. El riesgo de un terreno es amplio y profundo. El subsuelo no es solamente el terreno delimitado por la propiedad donde se construye. Estudiar sólo el terreno donde se planea construir, sin tomar en cuenta tanto las construcciones aledañas muchos metros o kilómetros a la redonda y muchos metros hacia abajo en toda esa zona, no es opcional sino indispensable. Actuar de otra manera, reducir cualquier dictamen al terreno de construcción es insuficiente y altamente irresponsable. Cada edificio no sólo se afecta a sí mismo y a sus habitantes, afecta el entorno y afecta el subsuelo. El daño al subsuleo que hace cada edificio es tan grave como el daño a la atmósfera de una fábrica contaminante.

B. Son muchos los factores que en el subsuelo aumentan el riesgo de lo que se edifique. Existen fenómenos muy variados que van desde el aumento relativo de la humedad en ciertos terrenos creando algo relativamente parecido a lagos y ríos subterráneos de temporal, las fracturas y su evolución, las áreas de mayor rebote de ondas sísmicas en zonas intermedias, la desecación de otras áreas, el hundimiento distinto en cada zona. La división entre suelos blandos, duros e intermedios es apenas el comienzo de un conocimiento detallado del subsuelo de la ciudad lacustre que debe emprenderse a fondo sin demora, llevado a cabo por instituciones de estudio serias y sin conflictos de intereses. Y ese conocimiento deberá ser considerado en todos los planes de reconstrucción que aspiren a tener un criterio de verdad ajeno a los enormes intereses económicos de las empresas constructoras y sus asociados públicos y privados.

C. Mientras no se tenga ese conocimiento indispensable, aumentar la altura en las zonas de riesgo es siempre aumentar el riesgo. Cada sismo es y será muy diferente y, como dijo Lomnitz, ninguna medida técnica de construcción basada en los efectos de los fenómenos anteriores es suficiente para asegurar la resistencia de los edificios mayores a los cinco pisos.

D. La medida más sana y responsable es únicamente evitar en la medida de lo posible el aumento de los riesgos. Y no sólo se debe negar la posibilidad de aumentar 35 por ciento la altura en los terrenos derruidos sino cancelar todas las legislaciones irresponsablemente permisivas que arrancaron con el acto de desmemoria sísmica que fue el Bando Dos en el año dos mil y sus transformaciones sucesivas desde entonces.

E. Una pésima decisión de esta Asamblea sería sin duda ceder la decisión última, que es su responsabilidad mayor, a las manos de inspectores ocasionales para cada obra. Saben muy bien lo que eso significa. Los permisos a modo, los dictámenes falseados, los intereses que todo lo doblan serán incentivados por una decisión tan irresponsable como esa.

2. Sobre la necesidad de densificar la ciudad.

A. Primero habría que reexaminar ese dogma detenidamente. Desde el año dos mil los efectos de densificación deseados se han convertido en lo contrario. Los beneficiados han sido los carteles de la construcción, ese nuevo corporativismo del sistema político mexicano. Y las mafias del ambulantaje. Otra faceta del mismo corporativismo. La despoblación del Centro Histórico en manos de las mafias de vendedores ambulantes, clientes políticos de varios partidos y facciones, que han convertido algunas de las casas más interesantes en bodegas mal mantenidas y en peligro ahora de ser derruidas debería ser entonces el primer punto de atención de esta asamblea. Cualquier propósito de densificación que no pase por quitar poderes y potestades a esa mafias clienterales será hipócrita y conducirá a lo contrario.

B: Después de eso se deberá considerar que la densificación de la ciudad, si es deseable en ciertas zonas y si es posible, no necesariamente tiene que consistir en aumentar la altura de los edificios. Hay muchas otras maneras de hacerlo. Pero claro, un edificio alto es la manera más rápida de hacer dinero aunque no sea la más segura ni la más responsable, ni la que se preocupe por el bien común, que debería ser la prioridad de una Asamblea Legislativa de la ciudad.

C. Si se pone el tema de la densificación urbana sobre la mesa y se le quiere solucionar con edificios altos, nunca deben dejar de tomarse en cuenta los fenómenos urbanos desastrosos ya conocidos como Nuevo Polanco, Santa Fé, y los edificos hiperaltos del Paseo de la Reforma, responsables en gran parte del desatre de la Zona Rosa y sus alrededores. Densificar masivamente sin infraestructura de aguas y vías es un acto que debería ser considerado un crímen urbano, y tal vez en el futuro lo sea, así como hoy existen los crímenes ecológicos que eran impensables hace unas cuantas décadas. Si esto ha sucedido en nuestra ciudad en zonas de tierra dura, imaginemos lo que sucedería con este fenómeno que ya se planea hacer en zonas lacustres y que la legislación actual, desde el años dos mil, permite e incentiva.

3. Sobre la absoluta necesidad financiera de construir alto.

A. Antes que nada, por favor consideren que nunca un interés económico debe estar por encima de la seguridad de los ciudadanos. Ni siquiera la urgencia de un financiamiento debe abrir la puerta para dictámenes con comités científicos o técnicos hechos a modo y con claro conflicto de intereses.

B. Existe una enorme opacidad en todas las operaciones de construcción que se han hecho en la ciudad en los últimos lustros, con el uso de instituciones financieras intermediarias que supuestamemnte cuidan el bien común y han hecho lo contrario. La terrible experiencia del falsamente llamado Corredor Cultural que se pretendía hacer sobre Chapultepec nos enseñó que, a través de esos fideicomisos y similares el gobierno prácticamente “regala” a los constructores e inversionistas los terrenos públicos cediéndolos en porcentajes ridículos.

C. La presión sobre la Asamblea para encontrar una solución financiera no debe obligarlos a sacrificar la seguridad a corto, largo y mediano plazo como la mejor y única opción. Se ha hecho público que los recursos de reconstrucción ya han sido puestos en las manos de cuatro consorcios constructores que son los mismos que se han beneficiado mayormente con el boom inmobiliario. ¿No deberían esos mismos negociantes adelantar un pago de impuestos de estos negocios para financiar la reconstrucción? Por otro lado, una fiscalización acuciosa de estas operaciones, en el sector privado, en el público y en el de instituciones intermediarias seguramente permitirá obtener grandes recursos inesperados.

Por eso yo pido y reto a la Asamblea Legislativa de mi ciudad, a que tome esta decisión con un sentido de responsabilidad urbana exaltada. Que hoy se superen a ustedes mismos en lo mejor que hayan hecho en la vida. Que ninguna de las reales y muy poderosas presiones políticas y económicas los ciegue y que por una vez excepcional sean más ciudadanos que miembros de sus partidos. Sienten por favor precedente histórico de responsabilidad y conciencia y no pasen a los anales de esta Ciudad como la Asamblea que abrió más ampliamente aún la puerta para la próxima catástrofe aumentando el riesgo urbano. Aumentándolo a ciegas, oyendo y repitiendo irreflexivamente argumentos insuficientes. Emprendan por el contrario las Reformas del Conocimiento de la Ciudad en su conjunto y de su subsuelo en particular que se necesitan para que ésta siga creciendo, aunque no se conozcan los resultados durante su legislatura.

Los reto porque se que entre ustedes hay muchos que son capaces de renunciar a eso que Hanna Arendt llamaba la banalidad del mal: decidir sin reflexionar a fondo, obedecer órdenes e intereses, sacrificar a las personas y al bien común escuchando argumentos que justifiquen ese sacrificio. Los reto a que no sean unos cuantos dentro de la Asamblea sino que se atrevan a ser mayoría. Y que defiendan a la Ciudad porque hoy, si aprueban lo más álgido de la reforma que tienen en sus manos estarán poniendo su futuro seriamente en peligro.