Por un mundo donde las mujeres puedan sentirse libres de peligro para poder tomar las mejores decisiones para ellas mismas. Mujeres migrantes de nacionalidad haitiana en Tijuana. Foto: Omar Martínez, Cuartoscuro.

Por Montserrat Capilla, psicóloga

La violencia que viven las mujeres y las niñas es una de las violaciones de derechos humanos más extendida, persistente y devastadora del mundo; es sostenida por un orden estructural en donde se busca la subordinación de la mujer respecto al hombre; por lo cual, de la mujer en lo psicológico, físico, económico, sexual, patrimonial, cultural, laboral, con respecto al género masculino.

Se establece el 25 de noviembre para la conmemoración a la eliminación de la violencia hacia las mujeres por la necesidad de denunciar, visibilizar y sensibilizar a la población mundial sobre esta temática, sin embargo, la movilización de las mujeres es anterior a esta fecha. A finales de los años 50, se extendían luchas contra dictaduras de los gobiernos de algunos países latinoamericanos y en República Dominicana, tres mujeres a quienes les apodaron “Las Mariposas”, formaron un grupo revolucionario de izquierda; ellas se convirtieron en un referente de la lucha contra la violencia hacia las mujeres. Fueron torturadas y asesinadas por su participación política en manos del servicio militar por orden del Presidente Trujillo el 25 de noviembre de 1960. Su asesinato trajo indignación y protestas en su nombre, por lo cual, los grupos feministas, en el año 1981 propusieron reconocer este día como un día de lucha contra la violencia a la mujer. Fue hasta el año 2000 que la ONU lo proclamó oficial.

El Centro para el Liderazgo Global de Mujeres, en 1991, lanzó una campaña en dónde invitaba a unirse a poner fin a la violencia de la mujer; esta se realiza desde entonces, cada año, iniciando en el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia Contra la mujer y terminando el 10 de diciembre que se conmemora el Día de los Derechos Humanos; a esta campaña se le denomina “16 días de activismo contra la violencia de género”.

Las mujeres, adolescentes y niñas migrantes son atravesadas por las violencias en la cotidianidad, trayendo problemáticas en su vida privada, de pareja, familiar y comunitaria que las obligan a salir de sus lugares de origen para resguardar la integridad, sin embargo, en el trayecto a su destino, e incluso llegando a él, se encuentran vulneradas en cuerpo, mente y espíritu.

Actualmente, las mujeres migrantes representan más de la mitad de la población en movilidad, sin embargo, permanece vigente la brecha que dificulta su inserción en la sociedad mexicana, pues además de la condición migrante, está presente la condición de inequidad de género, dificultando su acceso a un trabajo digno por el cuidado de sus hijos e hijas, el cual sigue siendo un trabajo visto como femenino; el conflicto para el acceso a servicios de salud reproductiva para decidir sobre sus cuerpos, la dependencia económica, emocional y patrimonial hacia sus parejas, quienes son los principales agresores y de quienes depende en ocasiones su regular estancia en el país; por mencionar algunas problemáticas.

Es por esto que desde Sin Fronteras, con el permanente compromiso al cumplimiento de los Derechos Humanos, nos unimos al apoyo, trabajo y activismo constante para la eliminación de las violencias contra las mujeres, reiterando nuestra labor en acompañar estos procesos de fortalecimiento de las mujeres, adolescentes y niñas migrantes.

Por un mundo donde las mujeres puedan sentirse libres de peligro para poder tomar las mejores decisiones para ellas mismas.