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María Rivera

27/07/2022 - 12:02 am

Políticas

Como parece que esto tomará años, es mejor que nos preparemos para no contagiarnos o hacerlo las menos veces posibles para evitar el empeoramiento y las secuelas de la enfermedad o si usted es persona vulnerable, evitar un cuadro grave.

Una persona sostiene un cubrebocas.
“Entre todos podemos evitar que el virus se lleve la salud y la vida de muchísimas personas, entre ellas las de nuestros seres queridos”. Foto: Crisanta Espinosa, Cuartoscuro

Pues ya vamos de bajada, por lo menos ya llegamos al pico de la quinta ola. Tomará semanas descender al nivel que teníamos antes. Los especialistas calculan que será a finales de agosto. No cante victoria todavía, querido lector, y siga protegiéndose, porque en este momento aún hay millones de personas contagiadas. 

Pues sí, así parece que viviremos, está visto y tendremos que adecuarnos a este sube y baja, en lo que vencemos a la COVID. Como parece que esto tomará años, es mejor que nos preparemos para no contagiarnos o hacerlo las menos veces posibles para evitar el empeoramiento y las secuelas de la enfermedad o si usted es persona vulnerable, evitar un cuadro grave. Como escribía en mis últimas columnas, no tiene caso que neguemos la realidad cabal de lo que significa contagiarse y contagiar a otros de COVID, es decir, no era y no es una gripa. Es mejor tratar de sistematizar las medidas protección en función del riesgo, esto es, adaptar nuestra vida y nuestras conductas a periodos restrictivos y periodos relajados. Digamos, tendríamos que establecer políticas personales de salud, ya que las autoridades no piensan hacerlo. 

Seguramente, la mayoría de las personas ya lo está haciendo basándose en la información que tienen. Algunas personas, mal informadas, por ejemplo, creen que la COVID es una gripa benigna y pasajera que se puede adquirir múltiples veces, como un resfriado anual, sin problema y por ello han decidido dejar de cuidarse. Viven bajo la fantasía de que la COVID se gripalizó porque las propias autoridades, y algunos médicos irresponsables, han difundido este mensaje. Así, se han contagiado ya varias veces, y las que vendrán. A algunos les ha ido bien (aparentemente), a otros no. Lo descubrirán demasiado tarde cuando desarrollen los efectos que está produciendo la enfermedad y que aún no han sido explicados completamente. Por ejemplo, el desarrollo de diabetes en personas que no tenían riesgos de esta enfermedad, o daños vasculares que aparecen meses después. Por esto, es imprescindible que las personas estén bien informadas, para que tomen riesgos de manera consciente. 

Estoy convencida de que si las personas tuvieran información veraz y oportuna se podrían evitar mucho dolor y muchas muertes. Y sí, es increíble que a dos años de la pandemia aún muchas personas no puedan conceptualizar la manera en que se están contagiando. El otro día leía en las redes, por ejemplo, que una mujer decía que no entendía cómo se había contagiado si se había cuidado “todo el tiempo”, pero había esto conviviendo con una persona contagiada, sin usar cubrebocas. Y es aquí donde habría que explicitar las políticas de cuidado que usted tiene, saber exactamente qué entiende la gente por “cuidarse”.  Si uno pregunta a las personas sobre el asunto, resulta que “cuidarse” admite un rango enorme de conductas, adecuadas e inadecuadas. Veamos algunos otros ejemplos: un familiar que tenía mucha información, asistió a una junta de trabajo durante muchas horas, varios días, con personas que usaban cubrebocas inadecuados y se los retiraban para comer en la misma sala de juntas, sin ventilación, resultó contagiado. Ninguno llevaba una mascarilla N95 bien ajustada, ni tomó sus alimentos en un lugar ventilado. Prácticamente todos se contagiaron.  Otro caso, una mujer enferma que no salía de su casa, terminó contagiada por un empleado que la atendía con un cubrebocas inadecuado; ella estuvo sin usarlo. Otro, una familia que se juntó a comer… O sea, querido lector, no hay absolutamente ningún misterio. Las personas tienen que entender que el virus se inhala porque está suspendido en el aire y que el virus es esparcido, principalmente, por personas asintomáticas, esto es: no se les ve enfermas y no tienen ninguna consciencia de estar contagiadas. 

Es por esto, que “cuidarse” debe significar que todo el aire que usted respira en interiores, donde haya personas o hayan estado (las partículas virales pueden estar suspendidas horas en un espacio mal ventilado aunque las personas ya no estén en el lugar), debe estar filtrado a través de una mascarilla de alta eficiencia, como las N95, que selle perfectamente bien a su cara. Obviamente, “cuidarse” pasa por no retirarse esa mascarilla en ningún momento, mucho menos para comer, porque usted respirará ese aire sin filtrar y si hubiera partículas virales en el aire, las inhalaría. 

Si usted cree, por ejemplo, que con usar cualquier mascarilla está protegido, tiene que saber que las mascarillas tienen que ser de un filtro especial, no de tela, ni quirúrgicas, y no deben tener ningún hueco por donde se cuele el aire; si usa una KN95 que va a las orejas y se le resbala como si fuera mascada y tiene que estársela subiendo; si se le cae, si la trae como cubre papada o debajo de la nariz (recientemente vi un guardia en un hospital así) no, no funciona y usted no se está “cuidando” adecuadamente, ni cuidando a otros, porque no está filtrando el aire que respira, obviamente: lo que sucederá es que tarde o temprano se contagiará y si está contagiado, contagiará a otros que, como usted, tampoco se cuidan adecuadamente. Así es como están ocurriendo los contagios que la gente dice no entender.

Naturalmente, la política de cuidado que usted implemente tendría que estar en función de su riesgo, y del contexto. La clave es la mascarilla y la ventilación de los espacios: piense, sencillamente, que el virus está en el aire, y que por ello, su preocupación debe ser no respirar ese aire sin filtrar y al mismo tiempo, generar las condiciones para que ese aire estancado circule naturalmente o se filtre.

En un contexto de alta transmisión, usted debería aplicar estándares más estrictos, y en uno de baja transmisión menos estrictos, par tratar de mitigar los riesgos. Implementar su propia política, como seguramente ya ha hecho, pero revisando si sus estrategias son útiles o son una mera simulación.

Esto le garantizará entender si se contagió porqué ocurrió y si no se contagió, también y, sobre todo, proteger su salud.

Ni modo, querido lector, esto nos tocó vivir. Seamos conscientes, responsables y cuidémonos entre todos los años por venir, aprendamos a sortear con fortuna esas olas que seguro seguirán viniendo. Entre todos podemos evitar que el virus se lleve la salud y la vida de muchísimas personas, entre ellas las de nuestros seres queridos; sólo evite respirar el virus y evite exhalarlo libremente, use una mascarilla bien ajustada, ventile, no se confíe.

María Rivera
María Rivera es poeta, ensayista, cocinera, polemista. Nació en la ciudad de México, en los años setenta, todavía bajo la dictadura perfecta. Defiende la causa feminista, la pacificación, y la libertad. También es promotora y maestra de poesía. Es autora de los libros de poesía Traslación de dominio (FETA 2000) Hay batallas (Joaquín Mortiz, 2005), Los muertos (Calygramma, 2011) Casa de los Heridos (Parentalia, 2017). Obtuvo en 2005 el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.

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