La capital del país cumple poco a poco el resguardo recomendado a los ciudadanos por la emergencia del COVID-19, ya en la Fase 2. Pero no puede encerrarse del todo: la música no para y tampoco el trabajo que se genera en la calle: el dinero que brinda la calle.

–Con información de Dulce Olvera y Arturo Rojas

Ciudad de México, 28 de marzo (SinEmbargo).- Una veintena de mariachis se rehusan a irse de la Plaza de Garibaldi en la Ciudad de México. “Aún no pueden decir que los mariachis callaron”, dice uno de ellos que viste el típico traje negro con botones plateados.

Pero aunque están ahí, sin tomar en cuenta la “sana distancia”, y se carcajean de su puntada por la frase anterior, saben que un periodo complicado se acerca. Óscar dice que el fin de semana pasado fue un día pésimo, pues ya hubo muy poco trabajo. Y prevén que este será igual o peor. Y el que le sigue… y el que le sigue.

Garibaldi es uno de los puntos turísticos más importantes de la capital del país. Es el punto obligado para cualquier visitante que quiera irse de fiesta con tequila y mariachis. Sin importar la hora, Garibaldi siempre está ahí para recibir a todos. Pero hoy, el coronavirus lo tiene silencioso, con todos sus restaurantes cerrados y tan solo un puñado de mariachis a la espera de subirse a un auto para ir a alguna dirección o de dedicar una canción por 160 pesos.

La Plaza de Garibaldi, en la Ciudad de México, se silencia en estos días de coronavirus. Foto: Daniela Barragán, SinEmbargo

La calle donde están las estatuas de Javier Solís, Juan Gabriel, Pedro Infante, Lola Beltrán y tantos más, está vacía; los lugares están cerrados. No hay fiesta.

El silencio impuesto en esa zona del Centro Histórico es extraño y lo rompe un señor que vende canastas empolvadas y que carga un pequeño radio en el que suena “El Triste”, de José José. Vaya música de fondo en este tramo de la capital de la República Mexicana.

Estos días con Fase 2 del COVID-19, la ciudad ofrece varias postales: una, en el Paseo de la Reforma, con las jacarandas en su máximo esplendor. Otra, en la esquina de la calle de Niza, donde se reúnen un señor en su bici en la que vende tacos de canasta, un bolero sentado en su banquito y un niño de escasos siete años que vende mazapanes; no se alcanza a escuchar el diálogo, pero los rostros y el movimiento de sus cabezas dicen que se trata de un “nada”, nada de ventas.

Dos calles más adelante, un joven de unos 30 años que va con su carretilla vendiendo botanas por gramo espera que los oficinistas no terminen de irse, y que tampoco se acabe la confianza de comprarle dulces a granel.

En otro punto de la ciudad, en el Centro Histórico, Claudia, quien atiende un puesto de periódicos y de dulces, va por su segunda semana “sin ser lo mismo”. Dice que hay miedo porque la gente piensa que con tocar los impresos pueden contraer el coronavirus. Ni modo.

En la calle de Regina, también en el primer cuadro de la CdMx, ocurre lo mismo: es evidente que los establecimientos de cervezas cerraron, pero los restaurantes, en los que se bebe más de lo que se come, continúan abiertos, sin medidas de la sana distancia, pero brindando gel antibacterial a quien decide entrar. En los locales que se mantienen abiertos está también la aglomeración de los boleros esperando que algún cliente solicite sus servicios.

Negocios abiertos, clientes guardados. Así luce un mercado en Iztapalapa. Foto: Arturo Rojas, SinEmbargo

En la Arena México, en la colonia Doctores, no hay lucha próxima. Primero cancelaron las del viernes, sábado y domingo pasados, y luego fueron canceladas por tiempo indefinido. Las taquillas están cerradas y las cortinas metálicas abajo.

El país se debatirá en las próximas semanas entre los que pueden resguardarse y los que aunque quieran, no pueden y… no deben: tienen nada más y nada menos una o más bocas que alimentar.

La Ciudad de México se irá apagando en la medida de lo posible. El pasado domingo, Claudia Sheinbaum Pardo, Jefa de Gobierno capitalina, anunció el cierre de establecimientos públicos para frenar el contagio de COVID-19. Gimnasios, iglesias, Cendis y muy al final de su conferencia mencionó que también bares, pero no como una cuestión obligatoria.

La funcionaria mencionó que muchos ya han decidido cerrar, y otros ya tienen prácticas de sana distancia, pero en algún punto sí tendrán que cerrar.

Pocos lugares abiertos atienden a clientes que se rehusan a guardarse. Foto: Dulce Olvera, SinEmbargo

LOS BARRIOS SE VAN APAGANDO

En la Avenida Montevideo, una de las principales de la Alcaldía Gustavo A. Madero al norte de la Ciudad, la mayoría de los negocios permanecen abiertos durante la Fase 2 de esta pandemia mundial.

El dueño de un bar, cubierto con cubrebocas, explicó que su negocio sigue abierto pese al llamado del Gobierno capitalino porque su permiso es para restaurante. A pesar de que su especialidad son las cervezas “no comerciales”, también ofrecen, a los ahora escasos clientes, hamburguesas, paninis o nachos.

En la Alcaldía Iztapalapa los locales permanecen abiertos, en la calle se observa poca afluencia de gente. Sobre la avenida Zaragoza hay pocos carros y las obras en la Clínica 25 del IMSS continúan.

El tianguis de los miércoles en la calle Etén, en la colonia Lindavista, de la Alcaldía Gustavo A. MAdero, lució como cualquier otro miércoles. Tienen permiso de seguir comercializando siempre y cuando tomen medidas de prevención como el uso de guantes, cubrebocas y gel con alcohol. Otros pequeños negocios en calles aledañas, sin embargo, han decidido cerrar “por solidaridad”, como el consultorio de una dentista sobre la Avenida Ricarte, donde se ubica Parque Lindavista.

La calle de Regina, en el Centro Histórico de la CdMx, en una tarde de Fase 2. Foto: Daniela Barragán, SinEmbargo

Las calles de la avenida Paseo de la Reforma, una de las arterias más importantes y conocidas de la capital del país, están aún transitadas, las ocupan sobre todo gente de oficinas que aún van a trabajar y de servicios. Los restaurantes abiertos funcionan ya a la mitad de su capacidad o están abiertos únicamente para realizar pedidos para llevar.

Los repartidores, ya sea locales o de alguna de las empresas líderes en ese sector, miran sus celulares esperando a que caigan las solicitudes; otros circulan por esa avenida con sus pedidos.

MEXICANOS SIN DERECHOS LABORALES

En México, 46.4 millones de personas que trabajan sin derechos laborales –seguro social, aguinaldo, incapacidad, seguro de vida–  y serán las que, en los escenarios futuros para la contención del virus, estarán más expuestas a la enfermedad.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó que el coronavirus eliminaría hasta 25 millones de empleos, así como generar pérdidas por hasta 3.4 billones de dólares en los bolsillos de los asalariados.

Esos son los datos que retumban cuando la Secretaría de Salud se pregunta qué parte de quedarse en casa aún no se entiende.

“He estado en días recientes un tanto sorprendido de que este mensaje tan directo y claro, ‘Quédate en casa’, no se haya asimilado. Que no haya duda, la meta es que la mayoría de personas puedan estar fuera del espacio público”, dijo el pasado martes Hugo López Gatell, subsecretario de Salud.

La Ciudad se irá apagando. Este fin de semana será único para los que estén en casa, añorando estar afuera. Y para los que tengan que estar en la calle, como esos mariachis de Garibaldi que se niegan a decir que ya callaron.