El narcotraficante Joaquín "El Chapo" Guzmán.

“¿Cuál es la raíz de esa disculpa pública presidencial al todavía narcotraficante más emblemático de México? A la luz de los hechos, sólo hay dos motivos”. Foto: Pedro Valtierra, Cuartoscuro

+ Saludo a la madre

+ Liberación del junior

Nunca -en la historia de la política no sólo nacional sino internacional-, un Presidente le había ofrecido disculpas públicas a un narcotraficante. Ni siquiera Virgilio Barco o César Gaviria con el todopoderoso Pablo Escobar durante los años dorados de “El Patrón” en Colombia. Hubiera sido aberrante e inaceptable. Una ofensa a las víctimas del crimen organizado, a su memoria, a sus familias. Habría significado un agravio histórico.

Pero Andrés Manuel López Obrador sí lo hizo públicamente, desde Palacio Nacional, a la vista y oídos de todos, con Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”: le ofreció disculpas.

La estampa es la siguiente: el Presidente de México ofreciéndole disculpas al narcotraficante más poderoso que haya habido en nuestro país. Ese es el hecho consumado. El dato duro.

“Se llegó a decir de que ‘El Chapo’ estaba… No me gusta decirle así… Guzmán Loera, ofrezco disculpa… que estaba entre los hombres más ricos del mundo. Yo dije en su momento que no. Hablando en términos de beisbol, cuando mucho jugaba en triple AAA, pero no en grandes ligas…”, dijo López Obrador el pasado 20 de octubre en su conferencia mañanera. Perturba y extraña esa defensa presidencial a la innegable fortuna financiera de “El Chapo” Guzmán.

¿Por qué es grave que bajo cualquier razón o circunstancia, el Presidente de México le haya ofrecido una disculpa al Chapo Guzmán? Por dos razones de fondo:

Primero: porque perfila, nada menos, la rendición del Estado mexicano ante la todavía innegable influencia que “El Chapo” Guzmán conserva tanto en México, a través de sus hijos y de su compadre de grado, Ismael “El Mayo” Zambada, como en Estados Unidos, en su filosa calidad de testigo protegido estrella del Gobierno americano.

Segundo: porque en los hechos, López Obrador estaría cumpliendo aquella alarmante frase pronunciada al inicio de su Gobierno y que marcó, a querer o no, lo que sería el sello de su administración frente a los poderosos cárteles de la droga: la impunidad. “No es nuestra función detener a los capos”, dijo. Y vaya que lo ha cumplido. Su defensa al narco es un patrón de conducta. (A mayor detalle, ver columna “Los narcos están de fiesta”. Martín Moreno – Durán. SinEmbargoMX. 28/Agosto/2019). Bajo el sofisma de terminar con “la guerra de Calderón”, AMLO se ha ido a extremos peligrosos: renunciar a su obligación de garantizar la seguridad de los mexicanos y utilizar la fuerza del Estado para someter a quienes amenacen esa seguridad. No ha sido así. Hoy por hoy, de diciembre de 2018 a la fecha, hay más muertos que durante los gobiernos de Calderón y de Peña en dos años de administración. Dejar hacer, dejar pasar, ha sido el lema obradorista ante el crimen organizado y su brazo más poderoso: el narcotráfico.

Cerrar los ojos ante el narco.

Acusarlos con sus mamás.

Liberarlos. Ofrecerles disculpas.

Así los han combatido.

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¿Por qué AMLO le ofreció disculpas a “El Chapo” Guzmán? ¿Cuál es la raíz de esa disculpa pública presidencial al todavía narcotraficante más emblemático de México? A la luz de los hechos, sólo hay dos motivos: por protección al Cártel de Sinaloa, o por miedo a lo que “El Chapo” pueda decir en EU.

PROTECCIÓN. “La relación de López Obrador con ‘El Chapo’ Guzmán es más profunda de lo que nos imaginamos”, comenta a esta columna una fuente bien informada. Oscuro ha sido el origen del financiamiento de la tercera campaña presidencial del tabasqueño. ¿Por qué tantas deferencias hacia Guzmán Loera y su familia? Basta ver el saludo cariñoso que AMLO le brindó a la madre de “El Chapo” el pasado 29 de marzo, acudiendo afable a su camioneta. “No te bajes, yo voy…”, soltó el Presidente. Una atención que ningún mandatario del mundo ha tenido para con la madre de narcotraficante cualquiera.

MIEDO. Es indudable la influencia que aún mantiene “El Chapo” Guzmán en territorio mexicano. Si bien el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) está considerado el más poderoso en la actualidad, es Guzmán Loera quien continúa siendo el emblema del poderío narco en México. Emblema y jefe: en el norte del país, la estructura de poder del Cártel de Sinaloa ha sido intocable en el actual régimen. Nadie los molesta ni con el pétalo de un citatorio. La prueba mayor se dio el 17 de octubre del año pasado, cuando tras ser aprehendido por militares, Ovidio Guzmán fue liberado. Después de algunas versiones cruzadas, fue el propio López Obrador quien confesó en Palacio Nacional: “Yo ordené que se dejara en libertad (a Ovidio)”. Bajo la figura de “testigo protegido”, “El Chapo” se ha convertido en una fuente de información valiosa para EU y peligrosa para el Gobierno mexicano. ¿Qué podría revelar Guzmán Loera que dañara a López Obrador? ¿Cuál es el miedo a hacer enojar a “El Chapo”? ¿Qué tanto le sabe “El Chapo” a AMLO? Son preguntas cuyas respuestas llegarán, seguramente, con el paso del tiempo.

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Política y narcotráfico han sido dos elementos que en no pocas ocasiones se han aliado, con resultados funestos para el país. Al actual régimen, por ejemplo, le siguen pesando las versiones sobre Manuel Bartlett y su imposibilidad de viajar a EU por temor a ser detenido.

Y esas relaciones peligrosas, AMLO se ha encargado de alimentarlas sin pudor.

Primero, saludó cariñoso a la mamá de “El Chapo”.

Luego, ordenó la liberación del junior.

Finalmente, le ofreció disculpas al narco.

¿Qué sigue? ¿Colocar la efigie de “El Chapo” en lugar del Monumento a Colón removido por los prejuicios históricos de la esposa de AMLO?

TW @_martinmoreno

FB / Martín Moreno

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