Votaré para que un día mires atrás con orgullo, porque elegí el amor por encima del miedo.

Seis años después, me preocupa que el mundo en el que vivirás, no pinta muy bien a pesar de los esfuerzos de muchos de nosotros por mejorarlo. Foto: Mario Jasso/Cuartoscuro.

Querido hijo, son días importantes en tu país y pensé en escribirte esta carta para contártelos. Como es normal, no muestras mucho interés en ello y has estado dándome mucha lata mientras la escribo. Me miras intrigado y tu hermosa sonrisa me distrae. Supongo pensarás que soy muy aburrido porque en la pantalla sólo hay símbolos en blanco y negro, hasta ahora intelegibles. Nada de caricaturas de Peppa, ni videos de cumbia que tanto disfrutas. Aburrido te alejas y al tiempo regresas para volverte a ir. Qué maravilloso mundo el tuyo sin partidos, ni Gobierno. (bueno, a excepción de mamá). Me apuro que se hace noche y debo terminar.

Hace seis años, cuando aún no estabas por aquí, escribí un texto para razonar mi voto (aquí lo puedes leer). Su párrafo final decía “No tengo aún hijos, pero quiero tenerlos algún día. Por ellos también votaré. Por si deciden elegir los pasos de su madre o su padre, puedan defender los derechos humanos sin temor a ser perseguidos o a perder la vida. Para que ellos y las/os mexicanas/os de futuras generaciones, miren hacia atrás con orgullo, porque elegimos el cambio por encima del miedo”.

Puedes ver en esas líneas que aún sin conocerte, ya pensaba en ti. Esta vez con mayor razón. El domingo serán las elecciones, que son momentos tan importantes, que sus efectos duran por lo menos seis años. Con el tiempo entenderás que, en esencia, se tratan de escoger colectivamente a las personas que dirigirán nuestro Gobierno.

No entiendo quién popularizó la idea que para votar deberíamos encontrar un/a candidata/o que cumpla al cien nuestras expectativas. Esa aproximación genera muchos problemas hijo. Me explico. Casi todo lo que elegirás en tu vida será de entre opciones limitadas y características imperfectas con relación a tus expectativas.

Si lo anterior aplica para cosas tan sencillas como la ropa o la comida, con mayor razón para las más complejas, como elegir carrera o comprar una casa. De hecho, a lo largo de mi vida querido hijo, muy pocas veces elegí de manera que se cumplieron plenamente mis expectativas. Una sucedió cuando tu madre y yo nos elegimos para el viaje de la vida y después, cuando decidimos invitarte a ella. Pero en democracia todo complica aún mas ya que no decides solo por ti, sino junto a millones de personas, incluso decides por quienes no quieren decidir. En un sentido profundo, deberás tomar esa decisión no solo pensando en ti, sino en tus seres queridos como ahora yo lo intento al pensar en ti.

Si aceptas mi invitación y dejas de lado la idea que tus expectativas deben corresponder simétricamente con tu decisión, estarás listo para, en democracia, por ejemplo, decidirte por quien más se acerque a ellas. Prepárate observando periódicamente a la clase política. Cuando llegue su momento observa bien a los candidatos, reúne la información necesaria y charla con otros para contrastar lo que piensas.

Un sencillo método de tres pasos para elegir candidato me ha ayudado hijo mío, si te sirve quizá en el futuro podrías usarlo.

1. Primero, da muy poco valor a sus promesas y a su propaganda. Normalmente dicen cosas muy exageradas con tal de convencerte, aunque toma nota de lo que proponen

2. Segundo, no des tanta importancia a lo que otros digan de él. En una campaña, nadie hablará mal o regular de sí mismo, siempre se presentarán como los mejores. Quienes los rodean, llevarán esta actitud al extremo y sus oponentes se encargarán de hacerlo en sentido inverso. Mejor busca la opinión de quienes se toman el tiempo de, con lo negativo y positivo, hacer un balance.

3. Finalmente, otorga la mayor importancia a cómo ha actuado en los años previos y verifica que sus actos guarden relación con sus propuestas. En resumen, no elijas tanto por lo que dicen que harán, sino por lo que han hecho.

Te decía que mañana saldré a votar y tengo que decidir de entre Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade. (Uno que se dice llamar “El Bronco” lo descarto por tramposo).

Seis años después, contigo entre nosotros, todo cobra una dimensión diferente, más profunda y personal. Estas elecciones serán diferentes. Como en aquel texto, me preocupa que el mundo en el que vivirás, no pinta muy bien a pesar de los esfuerzos de muchos de nosotros por mejorarlo.

Hijo, buscaré contribuir con mi voto a una verdadera lucha contra la corrupción, votaré por una aproximación diferente a la violencia generalizada y votaré para crear condiciones para una mayor justicia social. Con el destinatario de mi voto tengo diferencias, por ejemplo, sobre la Fiscalía de Justicia, pero me propondré con mis colegas convencerle a favor de una independencia real, en caso que gane. Hay más cosas que no comparto, pero el balance es positivo. Cuando firmas un contrato no persigues perfección en tu contraparte. Buscas que sea factible que cumpla con lo pactado.

Además es claro que el domingo solo será el inicio de un largo y complicado camino.

Votaré también para que ese candidato tenga apoyo legislativo y puede implementar sus propuestas. No me da miedo la falta de control que aducen algunos que para eso estaremos nosotros, aunque si en donde vivimos hubieran competido Manuel Clouthier, Carlos Brito, Roberto Castillo y Pedro Kumamoto, seguro les hubiera apoyado ya que construyen alternativas dignas a los partidos.

Estos últimos seis años sumaron más razones para reforzar mi voto. Ya te contaré que en 2012, tras haber votado con millones más por un cambio, enfrentamos a un sistema que mediante el control de las instituciones, impuso a Enrique Peña Nieto. Tan pronto como el 1 de diciembre de aquel año la persecución inició. Cientos de jóvenes que protestaron en su contra fueron golpeados, detenidos y encarcelados. Ahí estuvo tu padre por semanas tratando de ayudarles. Con el apoyo de tu madre y tus abuelos, me dediqué con otras abogadas y abogados a buscar su libertad. Ahí nació la gloriosa Liga de Abogados 1 de Diciembre. Algunos de quienes ahora son familia, tus tíos.

Los años antes de tu nacimiento fueron muy difíciles hijo querido. Conocerás que durante el gobierno del señor Peña Nieto murieron decenas de miles de personas por la violencia social y de Estado, muchos niños de tu edad más grandes y pequeños, estaban entre ellos, dolorosamente. Las fuerzas del Estado pusieron su cuota de sangre y perversidad del lado del crimen. Cuando entres a la secundaria seguro estudiarás sobre Ayotzinapa, Nochixtlan, Tlatlaya y muchas tragedias más. Muchos policías y soldados también murieron en manos de criminales cumpliendo con honor su deber, traicionados acaso por sus mandos que colaboraron en la estrategia que sembró más violencia y que cosechó muerte.

Por si no fuera poco hijo, Peña Nieto entregó con el apoyo de partidos como el PAN, bienes nacionales como los hidrocarburos que generaciones pasadas habían ganado para nosotros y para ti. También impuso una reforma educativa, que siendo necesaria, centró únicamente sus baterías en las y los profesores, que junto con los alumnos nunca consultaron. El enriquecimiento del propio Peña Nieto, como el de sus socios Javier Duarte o Roberto Borge, sin duda serán casos que estudies como ejemplos de lo que no debe volver a pasar.

Nací en 1973. Pronto cumpliré 46 años. Toda mi vida ha transcurrido bajo gobiernos corruptos y autoritarios. He recorrido este hermoso país y he visto lo que la pobreza causa. Muchas veces he sentido miedo y estoy cansado de eso. Quiero ver que México tenga la oportunidad de cambiar.

Ya casi termino pero no quisiera omitir la impresión que tuve al repasar la última frase de mi texto de 2012. En ella pensaba en un mundo, en el que si tú deseabas seguir mis pasos, no tuvieras temor a ser perseguido. Ahora no quisiera que en el futuro hicieras lo que hoy hago. Sin pensarlo y mucho menos desearlo, fui perseguido por este Gobierno. Tu madre y yo vivimos meses de obscuridad cuando intervinieron nuestras comunicaciones y buscaron ir más allá. Conocía los riesgos de mi trabajo y traté de cuidarme y defenderme, pero nunca pensé que llevarían su interés más allá de mi persona. Los efectos de esos meses los pagaré toda mi vida.

Pero estoy de pie, primero porque es mi obligación contigo y con mi país. Segundo porque lo que yo viví no es nada con relación a quienes les han desaparecido un familiar y todos los días luchan, ni alcanza tampoco los niveles de acoso y violencia, a quienes como tu tío Fray Tomás, le da sentido a la dignidad para personas migrantes. Si quienes han perdido más siguen luchando, porqué no he de seguirles yo.

Ya es muy tarde y te veo dormir. Solo faltan unos días hijo y como podrás algún día leer, para mi es algo muy personal. Espero que este domingo me acompañes a la casilla, como cuando tu abuela me llevaba hace 40 años. Cuando camine hacia la urna, quiero que lo hagas a mi lado. Quiero darte mi voto y que sea tu mano que deje expresada tu voluntad, que espero sumada a millones sirva para terminar por la vía democrática, con la época de quienes tanto daño le han hecho a nuestro país. Quiero que un día mires atrás con orgullo, porque elegí el amor por encima del miedo. Llegó el momento.