Granos de maíz. Foto: Cuartoscuro

Por Maria Colin, Campañista legal de Greenpeace México

Cada 29 de septiembre, la Campaña “Sin Maíz No Hay País” conmemora al maíz mexicano. Este año es una fecha especial porque la celebración cumplió 10 años y la festividad contó con el apoyo de la Coordinación de Memoria Histórica y Cultural de la Presidencia de la República, así como de diversas secretarías de Estado, y este año abonó a la discusión la aprobación en el Senado, tanto de la Iniciativa que expide la Ley Federal para el Fomento y Protección del Maíz Nativo, como de la declaratoria de conmemoración anual del “Día Nacional del Maíz” cada 29 de septiembre.

Lo simbólico de esta fecha es que, por un lado, nuestros pueblos celebran el inicio de la cosecha de maíz, enfrentados por años a múltiples adversidades para seguir protegiendo y conservando esta maravillosa semilla; y, por otro, la reivindicación del derecho de los consumidores mexicanos a seguir alimentándose con variedades de maíces nativos, en vez de granos transgénicos procedentes de los Estados Unidos.

Por décadas, la población mexicana ha vivido afectada por la desnutrición y el hambre. Nuestras mesas están inundadas de alimentos caros, sin valor nutricional, conocidos como “comida chatarra”, que solo nos engordan, enferman y empobrecen; engrosando los bolsillos de unas cuantas empresas agroalimentarias, respaldadas y protegidas por funcionarios públicos, a costa de la salud de nuestra población. Por el lado del campo, nuestros campesinos fueron abandonados a su suerte en aras a la promoción y puesta en marcha de políticas neoliberales, corruptas y despiadadas.

El Día Nacional del Maíz es una oportunidad para recordar que México es el centro de origen, de domesticación y de diversificación del maíz; que individual y colectivamente debemos emprender una cruzada nacional para su recuperación como base de nuestra cultura y tradición alimentaria junto con el sistema milpa. Sembrar nuestro propio maíz nativo constituye un acto libertario porque implica el control de nuestro modelo de producción y consumo. La soberanía alimentaria nacional se traduce en la posibilidad de producir y adquirir alimentos sanos, nutritivos y sustentables, producidos libres de agrotóxicos y otras sustancias dañinas.

Como ciudadanos demandamos ya políticas públicas que permitan que el campo mexicano siga vivo: con disposición y accesibilidad a semillas nativas, con acceso a plaguicidas y fertilizantes biológicos, con apoyos a modelos agroproductivos ecológicos y campesinos. También es necesario prohibir, de manera definitiva, la introducción y liberación de maíz transgénico e impedir la apropiación del maíz por empresas trasnacionales. Esta es una promesa de campaña del Presidente López Obrador que buscamos traducir en legislación y presupuesto.

Las mexicanas y mexicanos, productores y consumidores, merecemos gozar del derecho a la alimentación, a la salud, al medio ambiente sano, a la biodiversidad; que al final suma, en términos de cuentas nacionales, a enfriar y enfrentar la crisis planetaria y civilizatoria.

“Sentimos que contaminar nuestro maíz, es herir el corazón de México”, Greenpeace quiere honrar al maestro Francisco Toledo retomando su palabra, en agradecimiento a su lucha y defensa del maíz.

Para ver la declaratoria y actividades en torno al Día Nacional del Maíz puede consultarse la siguiente página: http://sinmaiznohaypais.org/

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