Gustavo de Hoyos Walther
Confianza y desconfianza ciudadana
"En México no hemos llegado a niveles de desconfianza desastrosos, pero sí es preocupante que, en los últimos años, varias instituciones públicas han perdido credibilidad".

La democracia no puede consolidarse sin la confianza de los ciudadanos en sus instituciones. Cuando esto sucede, hay una crisis de credibilidad que puede llevar a la sustitución de la democracia por otro sistema de Gobierno. La estabilidad de cualquier régimen político se basa en niveles de confianza altos por parte de la población.
En México no hemos llegado a niveles de desconfianza desastrosos, pero sí es preocupante que, en los últimos años, varias instituciones públicas han perdido credibilidad. Tradicionalmente, instituciones como el ejército, la iglesia y el magisterio han mantenido niveles de confianza muy altos.
Desafortunadamente, en este sexenio, varias instituciones esenciales para el futuro de país, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el Fondo de Cultura Económica (FCE) o el Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (CONACYT) fueron transformadas de una manera tan negativa que han perdido su credibilidad.
A su vez, instituciones como el Banco de México (BM) han sido capaces de mantener su autonomía y no fue capturada por el régimen como fue el caso de las arriba mencionadas. Pero indudablemente fueron la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y el Instituto Nacional Electoral (INE) las que se han ganado el aprecio de la ciudadanía.
A la SCJN se le ve como un dique contra decisiones arbitrarias y potencialmente dañinas tomadas por los poderes Ejecutivo y Legislativo. Sus decisiones son tan bien informadas y sustentadas que convocan el acuerdo de la mayoría. Por su parte, el INE se ha ganado la confianza ciudadana por haber llevado a cabo elecciones bien organizadas e imparciales desde hace varios lustros. Su buena prensa, entre los mexicanos, se debe también a que millones de ciudadanos participan en la organización de elecciones. Decir que el INE somos todos es exacto, en más de un sentido.
Tanto el INE como la SCJN han mantenido su aprobación a pesar de los ataques sistemáticos desde el poder. Ninguna de estas acometidas han prosperado porque el alto nivel de aprobación de estas dos instituciones se funda en su gran legitimidad. El apoyo ciudadano a estos dos pilares de nuestra democracia se hizo manifiesto durante las marchas de noviembre y febrero pasados. Se trató de una gran expresión ciudadana que dió la vuelta al mundo y que fue recibida con entusiasmo por organizaciones civiles en todo el orbe.
Es una gran coincidencia de orden histórico, que el empoderamiento de las dos manifestaciones más grandes del México contemporáneo hayan ocurrido para respaldar al SCJN y el INE y que las resoluciones recientes de la SCJN para invalidar la primera y, luego segunda parte del plan B, hayan tenido como objeto al INE.
La consolidación de las instituciones democráticas y republicanas en la estima ciudadana sigue siendo un gran desafío hacia el futuro.
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