Ciudad de México, 8 de marzo (SinEmbargo).— María Dolores Palma Trujillo y Rosa María Velázquez Chiles tienen 84 y 82 años. Caminar ya no es fácil, y aun así, este 8 de marzo (8M) están en las calles. Desde sus sillas de ruedas marchan y levantan la voz para exigir lo mismo que miles de mujeres de todas las edades: una vida libre de violencia y un trato justo e igualitario.
Acompañadas por sus familiares, María Dolores y Rosa María participan, cada una por su cuenta, en la marcha del Día Internacional de la Mujer, rodeadas de miles de mujeres vestidas de morado, verde y blanco.
María ha visto mucho. Nació en Guanajuato, pero desde hace varios años vive en la Ciudad de México (CdMx). Su petición es simple y directa: respeto para las mujeres. No sólo en lo físico, también para sus ideas y pensamientos, dice frente a las cámaras de SinEmbargo.
“Que nos respeten. Que respeten todos nuestros pensamientos y no los echen a la basura”, comparte.


A Rosa María se le ve animosa. Viene desde el Estado de México (Edomex). Mientras sus familiares empujan su silla de ruedas, la mujer levanta la voz y grita con fuerza: “¡Alerta, alerta, alerta feminista!”.
“Que mis hijas sean libres, porque libres somos las mujeres. Nada nos detiene”, dice.
Como cada año, miles de mujeres salen a las calles y se concentran en distintos puntos de la capital para recordar al país y al Estado mexicano los pendientes que persisten para erradicar la violencia contra las mujeres, como la violencia de género, los malos tratos y la violencia institucional en las fiscalías, donde muchas víctimas aún enfrentan la incredulidad y el descrédito de sus denuncias, y la burocracia excesiva en los procesos de violencia de género, que en muchos casos terminan archivados. Este es otro de los grandes pendientes que hoy reclaman en las calles.
Por ejemplo, uno de los casos es el de Carla Senicté, víctima de feminicidio por parte de su pareja. Sus familiares están en la marcha.



Aníbal Sánchez es hermano de Carla. Respetuoso de que los contingentes son principalmente de mujeres, permanece a un costado de la calle. Desde ahí reparte volantes con la imagen ilustrada de su hermana, con los que exige justicia por el feminicidio de su familiar.
Carla Senicté era una joven de 35 años que fue asesinada el 13 de diciembre de 2019 por su pareja, Fernando. Luego de matarla, él mismo llamó a la Policía para reportar que en su departamento había un cuerpo. Esa llamada provocó que inicialmente no se tomara su testimonio como sospechoso y la orden de aprehensión se libró hasta seis meses después, lo que le dio tiempo de huir.
Han pasado siete años y el presunto feminicida sigue prófugo. Aunque existe una orden de aprehensión, los familiares aseguran que han recibido reportes de que se le ha visto trabajando como conductor de DiDi, sin que las autoridades lo detengan.
Aníbal, hermano de Carla, junto con su pareja en la marcha exige justicia para su hermana y para todas las mujeres asesinadas.



La CdMx se llena de consignas y se pinta de morado
A lo largo del recorrido se escuchan consignas y se levantan pancartas con mensajes que reflejan el reclamo colectivo: “No es radical querer vivir sin miedo”, “No quiero flores, exijo justicia”, “Somos el grito de las que ya no están”, “Lucha por el amor y la justicia: vivas y libres”, “Decidir sin miedo”.
Las calles de la capital también empiezan a teñirse de morado con el florecimiento de las jacarandas, que cada marzo acompañan las movilizaciones del 8M. Bajo esos árboles violetas, miles de jóvenes salen a las calles para recordar que la lucha contra la violencia de género sigue presente en todos los espacios.
Los contingentes comenzaron a reunirse en diversos puntos de la ciudad. Algunas marchas partieron desde el Ángel de la Independencia; otras se concentraron en la Glorieta de Insurgentes. La concentración principal se dio en la Glorieta de las Mujeres que Luchan, sobre Paseo de la Reforma.

En la Glorieta de Insurgentes, uno de los puntos de reunión, decenas de jóvenes se preparan antes de iniciar la marcha. Algunas terminan de pintar pancartas, otras se colocan pañuelos morados. También hay puestos donde se venden accesorios y se colocan tatuajes conmemorativos del 8M.
Talleristas del Centro Cultural Javier Villaurrutia se instalaron en la Glorieta para realizar estos tatuajes simbólicos para las jóvenes que participan en la movilización, como parte de las actividades que acompañan la jornada de protesta y memoria.
Mientras los primeros contingentes llegan al Zócalo capitalino, cerca de las 13:15 horas, sobre Paseo de la Reforma aún hay miles de mujeres en grupos que avanzan de manera pacífica.
Mujeres acompañan a mujeres



La diversidad se evidencia en la movilización. Son mujeres acompañando a mujeres.
Hay desde niñas pequeñitas hasta adolescentes y mujeres adultas. Madres, hijas y abuelas. Incluso entre los contingentes de la charrería acudieron con sus caballos para sumarse a la marcha.
La alegría de las batucadas acompañan a las marchantes. Los tambores van marcando el paso de los contingentes y animan a las miles de mujeres que avanzan por Paseo de la Reforma que, para las 13:00 horas, ya se convirtió en un río morado.
"Hay que abortar. Hay que abortar este sistema patriarcal", cantan.
Pañuelos, playeras, banderas y pancartas tiñen el paisaje que, en lo alto, se mezcla con las jacarandas que parecen acompañar la marcha, pues florecen justo en esta temporada.


Otras formas de apoyo en la marcha por el 8M
Por otra parte, hay quienes, por temor o porque no pueden ir marchando dentro de los contingentes, buscan otras formas de apoyar y hacerse presentes sobre Paseo de la Reforma. Es el caso de Nancy, quien junto con una amiga prefiere no integrarse a la movilización, pero acude cada año para respaldar a las participantes.
Desde hace dos años se reúnen y reparten botellas de agua entre las mujeres que marchan. Por ejemplo, para esta jornada trajeron ocho mil botellitas que regalan a lo largo del paso de los contingentes.
La mayoría de las mujeres que se encuentran aquí participa de manera pacífica: caminan juntas, levantan sus carteles, corean consignas, bailan y brincan al grito de “¡La que no brinque es macho!”.




