Trump estalla: la OTAN le dice NO y sus aliados en Oriente Medio cuestionan la guerra

17/03/2026 - 10:33 am

Ante el rechazo de la OTAN y otros países para apoyar a EU en la ofensiva contra Irán, Trump estalló en redes y afirmó no necesitar de nadie.

Ciudad de México, 17 de marzo (SinEmbargo).– Irak ya está en guerra. También están en guerra los vecinos de Irán que son aliados de Estados Unidos. Irán mismo está en el centro de la guerra. E Israel aprovecha la guerra extendida para atacar Líbano y concretar sus planes de expansión.

El fin de semana, Donald Trump recurrió a una lista de países para que le ayudaran. Todos le dijeron que no. Las naciones agrupadas en la OTAN respondieron que no enviarán buques de guerra para ayudarle a asegurar el Estrecho de Ormuz. Trump está enfurecido. La guerra, según él, iba a terminar en una semana. Muchos de sus países socios en Oriente Medio se cuestionan ahora de qué sirvió la “protección” que les vendió (y las bases militares que tiene en la región) si son arrastrados ellos mismos a procurar su defensa.

“La mayoría de nuestros aliados de la OTAN han informado a Estados Unidos que no desean involucrarse en nuestra operación militar contra el régimen terrorista de Irán en Oriente Medio, a pesar de que casi todos los países están firmemente de acuerdo con nuestras acciones y consideran que no se puede permitir, bajo ninguna circunstancia, que Irán posea armas nucleares. No me sorprende su postura, pues siempre he considerado que la OTAN, donde invertimos cientos de miles de millones de dólares anuales protegiendo a estos mismos países, es una relación unilateral: nosotros los protegemos, pero ellos no hacen nada por nosotros, especialmente en momentos de necesidad”, dijo Trump en un mensaje en su red social este martes por la mañana.

“Afortunadamente, hemos diezmado el ejército iraní: su armada, su fuerza aérea, su sistema antiaéreo y de radar han desaparecido y, quizás lo más importante, sus líderes, en prácticamente todos los niveles, han desaparecido, para que nunca más nos amenacen a nosotros, a nuestros aliados de Oriente Medio ni al mundo. Debido a nuestro éxito militar, ya no ‘necesitamos’ ni deseamos la ayuda de los países de la OTAN; ¡nunca la hemos necesitado! Lo mismo ocurre con Japón, Australia o Corea del Sur. De hecho, como Presidente de los Estados Unidos de América, el país más poderoso del mundo, ¡NO NECESITAMOS LA AYUDA DE NADIE!”.

Ahora Irak en guerra

El periodista Nabil Salih cuenta una historia en el sitio de noticias Drop Site. Dice que un grupo de hombres entró el viernes pasado al Parque Al-Ummah, en la plaza Al-Tahrir, en el centro de Bagdad, para conmemorar el Día de Al-Quds (Día de Jerusalén). Detrás del Monumento a la Libertad del artista Jewad Selim, una reliquia de una sociedad secular que parecía tan fuera de lugar y obsoleta, cientos de dolientes se congregaron bajo un mar de banderas paramilitares.

“Una sucesión de cánticos desafiantes resonó al unísono, condenando a Estados Unidos y jurando lealtad al Líder Supremo en Teherán. Ante ellos se proyectaban en una pantalla gigante los rostros sonrientes de Ruhollah Khomeini y su sucesor, el recientemente asesinado Ali Khamenei. La imagen pronto dio paso a otra, en la que aparecía el hijo de Ali, el nuevo Líder Supremo Mojtaba Khamenei, flanqueado por sus ancianos y coronado con las palabras ‘fa'azazna bi thalithin’, una alusión en cursiva a un versículo coránico de la Sura Yasin que dice: ‘Les enviamos dos mensajeros, pero los rechazaron a ambos. Entonces, reforzamos a los dos con un tercero’”.

Salih, quien se encuentra en Bagdad y desde allá escribe, dice que nada de esto impresionaría al Presidente Donald Trump, pero la guerra contra Irán ya arrastró a Irak.

“Hace tan sólo unos años, en 2019, cientos de miles de manifestantes marcharon hacia Al-Tahrir contra el régimen impuesto por Estados Unidos y sus políticas neoliberales. Cientos fueron masacrados con impunidad por milicianos y fuerzas de seguridad. En Al-Tahrir, sus lemas descoloridos y grafitis permanecen, huellas profanas de una generación derrotada. Ahora, 23 años después de que George W. Bush y su turba neoconservadora bombardearan Irak, sumiéndolo en un mundo de destrucción, los ataques estadounidenses e israelíes han regresado, cometiendo masacres contra la juventud desamparada que combatió el terror que la Guerra contra el Terrorismo había engendrado a imagen y semejanza del Estado Islámico”, dice el autor en su texto de Drop Site.

“Tras el ‘cambio de régimen’ de George W. Bush, los cuerpos iraquíes se volvieron superfluos. Llenaron las morgues, perecieron en peligrosas rutas migratorias hacia Europa o se unieron al extenso aparato estatal y sus grupos paramilitares. Algunos aún se atreven a morir luchando en el ejército de Vladimir Putin para ganarse la vida. Muchos condenan los bombardeos estadounidenses, así como los ataques de los paramilitares contra los campos petrolíferos y los cohetes que, al fallar, impactan en las casas de la gente. El resurgimiento de la violencia evoca imágenes familiares, de cuando décadas de guerra forjaron el futuro deforme que habitan hoy”, escribe Nabil Salih.

La ineficiente protección

Desde Riad, Arabia Saudita, Vivian Nereim dice hoy que bastó con unos pocos días de ataques iraníes para que los estados del Golfo Pérsico, que durante mucho tiempo han dependido de las garantías de seguridad estadounidenses, decidieran que necesitaban más ayuda.

“A pesar de la presencia de importantes bases estadounidenses, o quizás precisamente por ello, Irán lanzó una andanada de misiles y drones contra el Golfo Pérsico. Y los costosos interceptores de fabricación estadounidense en los que confiaban estas naciones escaseaban a nivel mundial. Así pues, Arabia Saudí contactó con Ucrania, un país con experiencia en la lucha contra drones rusos inspirados en los iraníes. Los Emiratos Árabes Unidos recibieron ayuda de Francia y Australia. Y varios gobiernos del Golfo solicitaron a Italia el suministro de sistemas antidrones y antiaéreos”, dice la periodista en The New York Times.

Los líderes autoritarios del Golfo, agrega Vivian Nereim, estrechos aliados de Estados Unidos, “llevan mucho tiempo cuestionando la validez de las garantías de seguridad estadounidenses. Ahora, se encuentran en el punto de mira de una guerra regional que su aliado, Estados Unidos, inició. Y las quejas sobre la escasa eficacia de la protección estadounidense son cada vez más fuertes”.

El Ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, le dijo la semana pasada a su congreso que los países del Golfo “están expresando una gran preocupación por la evolución de la crisis y han manifestado la necesidad de reforzar urgentemente sus capacidades de defensa”. Y el Ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr al-Busaidi, declaró la semana pasada a periodistas locales que era hora de que los países del Golfo reconsideraran sus estrategias de defensa, en referencia al creciente debate en la región.

Todos los países del Golfo mantienen alianzas de seguridad con Estados Unidos. Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y Bahréin están designados como “aliados principales no pertenecientes a la OTAN”, mientras que los Emiratos Árabes Unidos están designados como “socios principales de defensa”. Bahréin y Qatar también han recibido compromisos adicionales de defensa por parte de Estados Unidos, dice la periodista del Times.

Arrastrados a la guerra

Shervin Malekzadeh, profesor adjunto visitante de ciencias políticas en Pitzer College, escribe en The American Prospect, dice que, a diferencia de Irak en 2003, “la guerra actual comenzó sin la habitual manipulación del consenso. Bastó con que el gobierno estadounidense y su oposición consideraran a los ayatolás una amenaza existencial para Estados Unidos, si no para el mundo entero, sin importar las formalidades constitucionales. Trump, claramente embriagado por la aventura venezolana de enero que derrocó al Presidente Nicolás Maduro, estaba ansioso por dar otra demostración de lo que él llamó el poderío ‘impresionante, eficaz y poderoso’ del ejército estadounidense”.

La Operación Furia Épica “iba a ser una rápida operación militar especial, un término que la administración tomó prestado del régimen de Putin. Al igual que las fuerzas rusas que marcharon hacia Kiev a principios de 2022, en Washington se creía que la misión se podía llevar a cabo rápidamente y con relativamente pocos problemas. Estados Unidos se preparó en consecuencia, es decir, prácticamente nada. Preparar el desfile de la victoria, olvidarse de la logística. Hombres de verdad van a Teherán, y solo les tomaría tres días llegar allí”, agrega el profesor en su texto.

“Llevamos 16 días de operaciones de combate y seguimos sumando, sin que se vislumbre el final ni una posible victoria. La guerra no es un buen ejemplo, y es improbable que la administración Trump, con su afán por exhibir una supuesta dureza de macho alfa, contribuya a su éxito. Los primeros intentos de Israel y Estados Unidos por presentar la campaña como una guerra justa y preventiva se desvanecieron rápidamente bajo los escombros de los primeros objetivos, incluyendo una escuela en Minab, Irán, donde casi 200 niños murieron tras un ataque con misiles Tomahawk (en el que los rescatadores son atacados deliberadamente después del primer ataque). El régimen de Trump, en cambio, se dirige directamente hacia la calamidad, y las cambiantes justificaciones ofrecidas por el presidente y sus secuaces para el conflicto sugieren que no existe una estrategia de salida (aparte de la que ofrece Irán). Una vez más, Estados Unidos se encuentra inmerso en una guerra interminable en Oriente Medio, con comienzos sin final”, dice en The American Prospect.

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Redacción/SinEmbargo

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