Durante años nos han repetido que cuidar el planeta consiste en reciclar, reutilizar, usar menos plástico o ahorrar agua. Todo eso importa, y si lo haces -por favor sigue así- pero uno de los temas que no se tocan es el de los alimentos, y no es casualidad. El discurso ambiental dominante suele centrarse en soluciones tecnológicas o cambios graduales como los autos eléctricos y energías renovables. Todo eso es necesario, pero sigue estando incompleto. Ignorar el impacto del sistema alimentario, especialmente de la ganadería es como intentar apagar un incendio sin atacar la fuente del fuego.
Cada vez hay más evidencia científica de que la producción de alimentos de origen animal es uno de los principales catalizadores de la crisis ambiental. La ganadería ocupa enormes extensiones de tierra, impulsa la deforestación, contamina el agua, utiliza una gran cantidad de recursos y es responsable de gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Adoptar y promover una alimentación basada en plantas no es solo una cuestión ética hacia los animales, sino una estrategia ambiental urgente.
Cuestionar para cambiar
Hablar de reducir o eliminar productos de origen animal de nuestra dieta implica cuestionar costumbres culturales y familiares. Implica aceptar que lo que ponemos en el plato no es neutral y tiene un impacto. Como lo he dicho anteriormente en alguna de mis columnas de opinión, considero que, para la mayoría de las personas, comer animales no es una necesidad para sobrevivir; es un hábito que no se cuestiona, es un hábito que ha sido transmitido culturalmente, que se refuerza y normaliza gracias a la publicidad y a la falta de información.
La producción animal requiere más recursos que la producción vegetal: más tierra, más agua, más energía. Además, gran parte de los cultivos agrícolas no se destinan directamente a alimentar personas, sino a alimentar animales. Cada cambio cuenta. Sustituir algunos alimentos, explorar opciones vegetales, cuestionar hábitos: todo suma. Esta transición es individual, pero afecta de manera positiva en lo colectivo.

Una alimentación basada en plantas
El cambio climático suele percibirse como algo lejano o abstracto, pero en realidad está profundamente conectado con decisiones cotidianas y ya estamos viviendo las consecuencias.
Comer es una de las acciones que más impactan al planeta, y reconocerlo suele incomodar, porque nos confronta con nuestra propia responsabilidad. Tal vez por eso evitamos tanto esta conversación, ya que, a diferencia de otros problemas, no depende únicamente de gobiernos o grandes corporaciones, sino también de decisiones personales que repetimos todos los días.
Si quieres darle una oportunidad a la alimentación basada en plantas, únete al Semanario Vegano de Vegan Outreach. Este es un programa gratuito en línea en donde recibirás recetas deliciosas, recomendaciones de productos, información nutricional, acceso a un grupo de apoyo y muchos recursos más: 10weeks.org/mx




