Para este punto, ya debiste haber escuchado sobre el megaproyecto “Perfect Day” en Mahahual y las razones por las cuales tantas personas se opusieron y alzaron la voz. La decisión de Semarnat de rechazar el megaproyecto representa mucho más que una disputa ambiental. Es un recordatorio urgente de algo que se sigue ignorando: la salud humana, animal y ambiental no son temas separados.
La actividad humana destructiva
Entre 1970 y 2018, las poblaciones de vida silvestre en el mundo disminuyeron casi un 70 por ciento, mientras que las especies que habitan lagos, ríos y humedales registraron una caída promedio del 83 por ciento.
La era geológica actual ha sido nombrada “el antropoceno” una etapa en la que la actividad humana se convirtió en la fuerza más dominante y destructiva sobre el clima, los ecosistemas y el equilibrio natural del planeta. Dentro de esas actividades, la explotación de los animales, sus ecosistemas y la destrucción de los mismos están vinculados a múltiples crisis que están ocurriendo a la par, como el evidente cambio climático, las pandemias, la pérdida acelerada de biodiversidad y extinción masiva de especies.
Las grandes empresas nos han tratado de convencer de que destruir ecosistemas es un costo necesario, que es parte del progreso. Que siempre habrá que sacrificar algo, arrecifes, áreas verdes, manglares, especies, comunidades para impulsar el turismo, la economía o el crecimiento. Pero cada vez es más evidente que ese modelo no solo es insostenible, es irresponsable.
"Una sola salud"
Mahahual no es un terreno vacío en medio de la nada esperando ser explotado o "mejorado", es parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, uno de los ecosistemas marinos más importantes del planeta. Ahí viven cientos de especies que sostienen el equilibrio ecológico de toda la región y comunidades humanas.
Ante el avance simultáneo de la crisis climática, la pérdida de biodiversidad, las pandemias y el deterioro ambiental, cada vez más especialistas en salud pública, epidemiología y ciencias ambientales han comenzado a reconocer algo fundamental: la salud humana no puede separarse de la salud de los animales no humanos y de los ecosistemas.
A partir de este enfoque nació One Health “Una Sola Salud”, respaldado por organizaciones como la OMS, que plantea que todas las formas de vida están profundamente interconectadas. Bajo esta visión, destruir hábitats, explotar animales y degradar ecosistemas no son problemas aislados ni exclusivamente “ambientales”; son acciones que terminan repercutiendo directamente en nuestra propia salud, estabilidad y supervivencia.
Ecosistemas como mercancía
Mahahual no es un caso aislado. Desde los canales de Xochimilco hasta Loreto, pasando por Bahía de Topolobampo, Playa Las Cocinas o los desiertos amenazados de Sonora, el mismo patrón se repite una y otra vez: ecosistemas convertidos en mercancía bajo la promesa del “desarrollo”.
La pregunta ya no es si estas decisiones tendrán consecuencias, sino cuántos territorios más estamos dispuestos a desaparecer antes de entender que destruir la naturaleza también es destruir las condiciones que sostienen nuestra propia vida.



