Ciudad de México, 18 de mayo (SinEmbargo).- A simple vista parecen una parte más del paisaje: son pequeñas, silenciosas, veloces y casi imperceptibles entre la arena y la vegetación de las playas del sureste mexicano, se trata de la lagartija de Yucatán.
Para la comunidad científica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estas lagartijas costeras se han convertido en una especie de “termómetro natural” de la región, pero, una serie de investigaciones advierte que su supervivencia está bajo una seria amenaza debido a las alteraciones del cambio climático global.
De acuerdo con los monitoreos de la institución, el incremento en los termómetros ambientales podría desencadenar consecuencias devastadoras en el mediano y largo plazo, reduciendo drásticamente las poblaciones de estos reptiles que habitan en la primera línea de la costa.
Da de alta a SinEmbargo aquí como tu fuente favorita de noticias
El estudio de la UNAM en las costas de Mérida

La investigación,liderada por Aníbal Díaz, académico de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida de la UNAM, estudia de cerca a tres especies de lagartijas endémicas de la Península de Yucatán, con especial atención en la especie conocida científicamente como Sceloporus cozumelae.
El trabajo de campo de los investigadores consiste en capturar ejemplares en su entorno natural para realizar mediciones críticas. Con herramientas de precisión, el equipo toma la temperatura corporal exacta de cada lagartija e, inmediatamente después, registra la temperatura del microhábitat específico en el que se encontraba el reptil (ya sea sobre la arena caliente, bajo la sombra de un arbusto o entre las rocas de las dunas costeras).
A diferencia de los mamíferos, las lagartijas son organismos ectotermos, lo que significa que dependen por completo de las fuentes de calor externas para regular su propia temperatura corporal, explica el investigador a UNAM Global.
La delicada "ventana térmica" de los reptiles

Los datos recabados por la UNAM revelan que estos animales necesitan registrar temperaturas que se ubiquen generalmente por arriba de los 27 o 28 grados Celsius.
Ese rango térmico específico es su "zona óptima de vida". Dentro de esos parámetros, las lagartijas costeras pueden realizar todas sus funciones vitales básicas: alimentarse de forma eficiente, reproducirse para mantener la densidad de su población, termorregularse adecuadamente y metabolizar de manera correcta sus alimentos.
Sin embargo, Aníbal Díaz advierte un punto crítico: “El hecho de que sean animales adaptados a soportar el calor no significa que puedan sobrevivir en condiciones ambientales extremas o sin límites”.
Los modelos predictivos desarrollados por los académicos de la UNAM apuntan a que, si la temperatura ambiental del planeta continúa elevándose y sobrepasa de manera constante los límites térmicos tolerables por la especie, las consecuencias para sus poblaciones serán inevitables. En el escenario más leve, la densidad de población de estas lagartijas tenderá a decrecer de forma acelerada; en el peor de los casos, los modelos matemáticos advierten sobre el riesgo real de una extinción local.
El papel crucial de las dunas y el impacto en el ecosistema
La investigación difundida por la UNAM enfatiza que la supervivencia de estos reptiles está íntimamente ligada a la salud de las dunas costeras y su vegetación nativa. Las plantas de la duna no sólo fijan la arena, sino que proveen las zonas de sombra indispensables para que las lagartijas puedan enfriar su cuerpo cuando el sol del mediodía es abrasador. Sin esa cobertura vegetal, los animales se quedan sin refugios térmicos.
A su vez, la pérdida de estas especies generaría un efecto dominó en el ecosistema de la península. Las lagartijas cumplen una función vital como reguladoras ambientales al ser depredadoras naturales de una inmensa variedad de insectos. La UNAM subraya que, si estos reptiles disminuyen, se perdería el control biológico de insectos que, en altas concentraciones, podrían convertirse en plagas perjudiciales para la región.
Finalmente, los académicos universitarios explicaron que el objetivo de construir estos modelos matemáticos y escenarios futuros no es únicamente predecir el destino de una especie en particular. La meta real es aportar herramientas científicas sólidas a las autoridades y comunidades para diseñar estrategias eficaces de conservación que protejan, de manera integral, el delicado ecosistema de las dunas costeras de la Península de Yucatán ante la inminente crisis climática global.



