Ratones: el cuento de hadas convertido en un laberinto de deseo y oscuridad ¬ RESEÑA

15/06/2026 - 10:00 am

En Ratones, Majo Delgadillo transforma los cuentos de hadas en una historia de deseo y oscuridad, construida como un laberinto del que es imposible escapar.

Ciudad de México, 15 de junio (SinEmbargo).– La imagen llegó antes que la historia. Eso platica Majo Delgadillo. Llegó, incluso, antes que la trama e incluso que los personajes. Fue entonces que aparecieron unos animales diminutos moviéndose en la penumbra. A partir de ellos, Delgadillo comenzó a construir Ratones (Lumen), una novela sobre una mujer/bruja que nace a semejanza de una hada ante el deseo de su madre y conoce a un hombre sin miedo. El relato, de hecho, se extiende en tan solo unas horas.

“Lo primero que llegó fue la imagen de estos ratones y el sonido. La primera imagen que apareció fue la de alguien viviendo en este cuarto oscuro y solitario y que sabe que está rodeada por miles de ratones. A partir de ahí fui jalando ese hilito para ver qué más podía haber ahí y qué más podía contar a través de esta figura”, explica la autora.

Aunque reconoce que la reescritura de los cuentos de hadas tiene una larga tradición, Delgadillo encontró en esos animales una entrada particular para cuestionar las estructuras clásicas. “Los ratones o los animales mágicos son muy comunes en los cuentos de hadas como compañeros o aliados. Entonces empecé a estudiar qué es lo que hace que un cuento de hadas sea un cuento de hadas y jugando con eso fue que pensé qué pasa cuando la chica, la doncella, la princesa, es quien narra la historia. Tener la voz narradora y la agencia narradora ya es desfasar o cuestionar el cuento de hadas”.

Ratones, la novela de Majo Delgadillo.

La autora también se preguntó qué sucedería si figuras tradicionalmente opuestas, como la princesa y la bruja, dejaran de ser antagonistas.“¿Qué pasa cuando la figura de la princesa y la figura de la bruja no son figuras en contraste, sino que son casi la misma figura? También pensaba en el hambre y en el deseo como una fuerza que lleva al cuento. En Blancanieves la madre desea una hija; en Cenicienta el príncipe desea una esposa. La idea del deseo como herramienta transformadora fue uno de los ejes para replantear qué pasa si lo empujamos más, si lo llevamos a algo más oscuro y más violento”.

La escritura de Ratones fue un proceso largo. Desde aquella primera imagen hasta la versión publicada transcurrieron cerca de ocho años y decenas de borradores. “Fue un trabajo muy largo de picar piedra. Yo quería que se sintiera casi como un laberinto, como que sientes que vas a salir y que vas a tener las respuestas, pero una vez más vuelves a entrar. Das la vuelta equivocada y regresas a donde estabas antes. El trabajo con la repetición y con la estructura tiene que ver con esta idea de perderte en un laberinto”.

Ese efecto de extravío se complementa con una voz que nunca se detiene.

“Quería que esta narradora estuviera hablando sin parar todo el tiempo. Quería que se sintiera muy abrumador, casi como un proceso de tortura donde no hay ni siquiera un momento de respiro. Todo el tiempo hay una voz que le está contando algo a alguien y que no te deja escapar, pero que tampoco te da las respuestas que necesitas. La estructura del laberinto y la sensación de no poder escapar eran los dos ejes con los que intenté construir el texto”.

En versiones anteriores, confesó la autora, la historia era más extensa y ofrecía más información sobre la vida de la protagonista. Sin embargo, Delgadillo descubrió que aquello diluía la sensación de asfixia que buscaba. “Hubo un momento en que decidí que esto tenía que ocurrir como con un reloj, casi como una bomba. Solo tienes diez horas y se va a acabar. Eso me dio una sensación de presión y de tropiezo. Quería configurar este laberinto y, cuando uno habla, se tropieza mucho más. Si además hay un tiempo delimitado, cabe mucho más la posibilidad de volver a empezar, de olvidar y de preguntar”.

Reducir la acción a un único espacio y a un lapso breve terminó por darle a la novela el ritmo que buscaba. “Cuando limpié su historia de vida y comprimí todo, dejando solo este momento y este espacio, fue cuando la historia amarró y me permitió tener la estructura y el ritmo que yo quería”.

“Si esta historia solo ocurre durante estas horas y solo se puede contar mientras estamos en esta cama y en esta oscuridad, entonces no tenemos que saber qué va a pasar cuando haya luz. Eso permite jugar mucho con lo impensable, con lo imposible y con lo fantástico”.

Para Delgadillo, Ratones no está interesada en las consecuencias, sino en el instante mismo en que el deseo y el miedo comienzan a emerger. “La historia no está interesada en las consecuencias reales, sino en ese espacio donde empiezan a burbujear el temor, el deseo y las ganas. Y eso solo es posible en el espacio comprimido, pequeño, violento y extraño de su madriguera, de su ratonera y de la noche”.

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Obed Rosas

Obed Rosas

Obed Rosas es editor de la Unidad de Investigación y encargado de la sección de Libros de SinEmbargo, en donde también se ha desempeñado como Jefe de Mesa y Editor de Redes. Es Co-conductor de Poderos@s junto con Muna Dora, y de Siete Días, junto a Álvaro Delgado, programas de SinEmbargo Al Aire. Ha trabajado en otros medios como Expansión, Newsweek en Español y Revista Zócalo. Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM y estudió, además, Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios.

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