Ciudad de México, 11 de marzo (SinEmbargo).– Una lluvia negra o lluvia ácida cae sobre Teherán y sobre otras ciudades de Irán. Viene de los ataques de Israel y Estados Unidos (EU) a la infraestructura civil, pero, sobre todo, a los depósitos de combustible.
El sitio de noticias Drop Site publica hoy una crónica del mundo apocalíptico que viven los iraníes. Firma Ariya Farahmand, seudónimo de un reportero radicado en Teherán que ha colaborado con Al Jazeera, The New Humanitarian y The New Arab. Narra cómo el pasado 9 de marzo, después de los bombardeos, los habitantes se Teherán encontraron una ciudad privada de luz natural.
“Cuando desperté, la casa estaba tan oscura que supuse que estaba muy nublada”, dijo Sina, un padre de 42 años con un niño de cinco, que vive en el barrio de Sattarkhan, en el centro de Teherán, lejos de los depósitos en llamas. “Me duché y me vestí para ir a trabajar. Pero en cuanto salí, entré en pánico. Una mezcla de humo y nubes, pero un humo abrumadoramente denso, había oscurecido todo el cielo”.
Sina le comentó que el aire olía fatal, “pero no era sólo el olor. Un breve chaparrón lo había vuelto todo grasiento y negro. Mi coche blanco estaba cubierto de manchas oscuras y aceitosas”.

Drop Site detalla que la Media Luna Roja Iraní emitió el domingo una advertencia para que los residentes de Teherán permanecieran en sus casas, indicando que las explosiones habían propagado compuestos tóxicos de hidrocarburos, y óxidos de azufre y nitrógeno en el aire. La organización advirtió que cualquier precipitación provocaría una lluvia ácida altamente peligrosa, capaz de causar quemaduras químicas en la piel y daños pulmonares. También animó a la población a proteger los alimentos expuestos.
“Las calles estaban desiertas. Tardé unos 15 minutos en llegar a mi oficina, y para cuando llegué, me ardía la garganta y me dolía la cabeza”, declaró Sina. “Llamé de inmediato a mi esposa. Ella se está quedando en casa estos días para cuidar a nuestro hijo. La desperté, le advertí sobre el humo tóxico y le pedí que cerrara todas las ventanas. Dijo que el bebé seguía durmiendo”. Dos días después del ataque, Sina compartió que aún sentía el pecho pesado y que le costaba respirar con normalidad.
Expertos advierten daños ambientales

Damien Gayle, un reportero de The Guardian, dice en un texto publicado hoy en Mother Jones que los expertos han advertido que el bombardeo israelí de la infraestructura petrolera de Irán tendrá importantes repercusiones ambientales a largo plazo. Los observadores admitieron que estaban teniendo dificultades para realizar un seguimiento de los desastres ambientales derivados de la creciente guerra.
“Mientras los iraníes llenaban las calles para celebrar el nombramiento de un nuevo líder supremo, el depósito de petróleo de Shahran, al noreste de Teherán, y el depósito de combustible de Shahr-e, al sur, seguían ardiendo este lunes, dos días después de que fueran bombardeados por aviones de guerra israelíes. Inmediatamente después de los ataques, la agencia ambiental de Irán y la Sociedad de la Media Luna Roja Iraní advirtieron a los residentes de Teherán que se quedaran en sus casas porque los productos químicos tóxicos esparcidos por los ataques aéreos en cinco instalaciones de combustibles fósiles alrededor de la ciudad podrían provocar lluvia ácida, y dañar la piel y los pulmones”, narra.
La historia fue publicada originalmente por The Guardian y se reprodujo en Mother Jones como parte de un acuerdo de medios.

El lunes, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, subrayó: “Los daños a las instalaciones petroleras en Irán corren el riesgo de contaminar los alimentos, el agua y el aire, peligros que pueden tener graves consecuencias para la salud, especialmente en niños, ancianos y personas con afecciones médicas preexistentes”. El Viceministro de Salud de Irán, Ali Jafarian, le dijo a Al Jazeera que el suelo y los suministros de agua alrededor de Teherán ya estaban comenzando a contaminarse por las consecuencias de las explosiones del fin de semana.
Akshay Deoras, un científico investigador de la Universidad de Reading, detalló a The Guardian que la lluvia negra que cayó sobre Teherán en las horas posteriores a los bombardeos era una mezcla de hollín y partículas finas de las explosiones con lluvia de una tormenta que ya se estaba moviendo por la región. “Los ataques aéreos contra los depósitos de petróleo liberaron hollín, humo, partículas de petróleo, compuestos de azufre y probablemente metales pesados y materiales inorgánicos de los edificios, mientras que un sistema meteorológico de baja presión, que suele arrasar Irán y el oeste de Asia en esta época del año, creó condiciones favorables para las lluvias”, agregó.
“En términos de química atmosférica, los incendios de petróleo producen compuestos de azufre y nitrógeno que podrían formar ácidos si se disuelven en el agua de lluvia”, explicó. “Los riesgos para la salud humana provienen de inhalar o tocar el humo y las partículas. Los efectos inmediatos pueden incluir dolores de cabeza, irritación ocular y cutánea, y dificultad para respirar, especialmente en personas con asma, enfermedades pulmonares, adultos mayores, niños pequeños y personas con discapacidad”.

Emily Baumgaertner Nunn y Parin Behrooz denunciaron en The New York Times, desde el lunes en la tarde, que “poco después de que oscuras columnas de humo comenzaran a asentarse sobre Teherán la madrugada del domingo, los residentes notaron un fenómeno extraño: lluvia negra. Algunos también informaron de una película espesa y aceitosa que cubría sus coches y techos como si fuera pintura. Luego empezaron las migrañas, los mareos y la tos”.
Los expertos en salud no se sorprendieron, dicen las periodistas: “Los depósitos de combustible iraníes acababan de ser atacados mientras las fuerzas estadounidenses e israelíes intensificaban su campaña contra el gobierno iraní”.
Tan sólo un día después de los ataques en Teherán, dijeron, los efectos sobre la salud se sentían a kilómetros de los depósitos. Una residente les dijo que se despertó con un cielo completamente negro y salió. Al regresar a casa, tenía la cara con picazón y llena de “puntos negros”. Y tras sólo 15 minutos en coche, “otra residente de Teherán sufrió ardor en los ojos y congestión respiratoria”.
“Se siente casi como gas lacrimógeno en el aire”, precisó. “La guerra se nos ha metido en la garganta”.

Las periodistas del Times dicen que la quema de petróleo libera enormes cantidades de dióxido de carbono. Citan a Marsha Wills-Karp, investigadora de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, especializada en los determinantes ambientales de las enfermedades. “Este gas desplaza rápidamente el oxígeno, por lo que las personas que se encuentran cerca de una quemadura suelen mostrar síntomas tempranos de asfixia. La frecuencia cardíaca aumenta, la respiración se acelera y las personas pueden experimentar dolores de cabeza, mareos y una fuerte sensación de falta de aire”.



